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Estoy dispuesto á todo. -Ya sabes que el doctor pretende crear artificialmente, en cierto modo, un hombre en el laboratorio del atoll. -Lo sé; me lo ha explicado mi compañero. ¡Hola! ¿Tienes un cómplice? -Es un europeo, un policía. -Necesitamos conocerlo. Bren, pues ya sabrás también que ese hombre que debe surgir en el atoll, está destinado á casarse con la joven. ¡Le mataré! -No le matarás, porque ese hombre has de ser tú. No me interrumpas. Como el experimento está próximo á sufin, en el momento preciso yo te avisaré; tú te introducirás bajo la cúpula de cristal y te ocultarás tras un montón de plantas marinas- -ya arreglaré yo mismo todo eso- -para aparecer en el momento oportuno. T u serás, pues, para el D r Síntesis el hombre ideal que él ha soñado y así podrás casarte con Ana. ¿Qué te parece? Muy bien. Eso es muy fácil. Pero veamos las condidiones. porque algunas me impondrás. expondré á usted la situación. El más notable de los personajes de este drama es mi colega, el falso pañolero. Es un príncipe auténtico, venido á menos, tan á menos, que ha caído desde su alta jerarquía á la condición de paria. Con razón ó sin ella, cree que el D r Síntesis es eJ culpable de su ruina y siente hacia él un odio del cual no nos es posible á los europeos formarnos idea exacta. Paciente y astuto como el tigre de la selva no renuncia á vengarse aun sabiendo que no es posible acercarse al Dr. Síntesis, siempre protegido por hombres incorruptibles. Modificando su plan, ha sabido el indio introducirse hábilmente en la plaza, es decir, en e! mismo buque en que se encuentra el anciano, y permanecer ignorado y más temible por tanto. Persiguiendo su venganza, ha visto á la nieta del doctor y se ha enamorado de ella perdidamente. Digo perdidamente, porque no conozco otra palabra que exprese mayor intensidad. Su enamoramiento excita odio y viceversa. Además, sabiendo que el hombre cuyos precursores vemos aparecer en el laboratorio, el ser ideal, único, cuya evolución prepara el Dr. Síntesis está destinado á ser esposo de la joven pretendida por el indio, puede comprenderse que para éste no hava más esperanza que la violencia, Por eso no piensa más que en suprimir al viejo, sin preocuparse de si ella le querrá después. Hace tiempo, y en ocasión en que el doctor realizaba una expSoración submarina en aparato ingeniosísimo, estuvo á punte de quedar sepultado en el mar, en compañía de su preparador zoólogo. Cuando el aparato, llamado Topo marino, se encontraba á yo no sé cuántos miles de brazas de profundidad, el indio logró cortar el cable que lo sostenía. Yo le vi sumergirse muchas veces y salir, por último, sangrando por nariz y oídos á causa de lo prolongado de las inmersiones. El doctor y ju- acompañante se sal-