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A S C MIÉRCOLES DF, DICIEMBRE DE intes ae que aitague su golpe mortal; en un laido irregular, en un aliento anheloso la percioímos, de igual modo que la maldad y la trai: ión se adivirian en la mirada ó en el gesto del rostro impasible y bello. Por estas razonas, en esos niños hermosos, 3 e dulce expresión, fino y perlino cutis, leemos de corrido cosas hondas y graves que ocasionan á la larga su muerte, y en las infelices iríaturas, hijas de madres desalmadas y padres íiciosos, descubrimos, sin grandes esfuerzos, los elementos innatos de donde puede esperarse una completa regeneración. Enfermo estoy, pero es lógico y fácil que sane por la propia disciplina y los cuidados necesarios; pero los desgraciados que en estos días fríos y crueles padecen más que yo, sin obtener una cama en los hospitales, repletos de dolientes, es casi seguro que morirán. Sobre todo, no tendrán el consuelo de conva ecer con sosiego; ese reposo indispensable para recuperar las energías no lo obtendrán. Han de trabajar sin fuerzas, vivirán de nuevo sin ganas de vivir. ¡Pobres hermanos míos De los niños no hablemos. No hay hospitales para los contagiosos. Los llamados de pecho irán por esas calles cobijados en el mantón de la madre, asomando, entre deshilacliadas toquillas, el hociquito de mono, contraído por el pucheriio del dolor, con los ojitos cerrados, sin que á primera vista pueda decirse si viven ó si mueren... Luego, el cuarto mezquino, el traidor brasero, la falta de cuidados ó de recursos, y, por fin, la cajita blanca, con vivos azules ó rosa, que emprende su último viaje... No hay que compadecer demasiado á los niños huérfanos recogidos por la caridad; hay que pensar en los pobrecitos que tienen padres, sin gozar de ellos, los que no pueden ser niños nunca, los eternamente maltratados, con culpas ó sin ellas, esos centenares de criaturas que llamamos de la calle, que nos molestan y PAG. 8. EDICIÓN s bajo unas greñas sucias hay un cerebro huma no educable. Reimos, benévolos, al recibir un pelotazo con un balón de goma, lanzado por un niño elegante. ¡Está jugando! decimos. En cambio, si nos alcanza una piedra arrojada por un chicuelo, sin intención de dañar, apve tamos los dientes y pedimos el castigo inmediato del muchacho que, ¡ay de él! tambiéu jugaba. ¡Cuánto nos agrada ver á los mocitos entretenidos en el crochel, y cuánto nos molesta que ¡os chiquillos escarben la tierra de los paseos y se diviertan en jugar á las bolas! Nos entusiasmamos al presenciar los ejercicios gimnásticos ó acrobáticos en los colegios, y nos exnsñamos que centenares de infelices trepen á Jos arbole; á los faroles, á los andamios, á ¡os coches y tranvías, animosos de la emoción suprema del peligro, esclavos di la necesidad imperiosa de! ejercicio muscular del niño sano. Porque la forzada inmovilidad, la quietud reglamentada es un suplicio intolerable para los pequeñuelos, que cuando están buenos son bulliciosos, alegres, burlones. El niño triste, indiferente, aquietado, cazurro, como se dice vulgarmente, ó no está bueno ó es malo. Si se añade á esto la gravedad suprema del problema alimenticio, fácilmente se comprenderá ¡a influencia que puede ejercer sobre el niño una mala comida ó el hambre canina. A los niños (no hay término medio) ó se les ceba, con pretexto de fortalecerles, ó io que es más frecuente, por desgracia, no se les tía de comer. La indigestión ó el hambre haceu malas tiipas, y como dice muy bien Caja! Malas tripas no llevan ni corazón ni cerebro A evitar que cerebros y corazones no mar chen bien, va encaminada la idetca que expondré, Dios medíante, en otro articulito, oue me falta hoy espacio. EL DR. FAUSTO l o Diciembre, íCfO S i EL A L C A L D E DE GUAD 1 X D. JOSÉ CAÑAS CASTILLO Fot. A. Rocíala. encocoran, solamente por ser niños, y ante los cuales, cuando pedimos para ellos, la caridad oficial ó la privada se encoge de hombros. Los solemos obsequiar con un vocabulario muy variado y expresivo: pílleles, granujas, guajas, pirantes, golfos... pero solamente cuando andan desnudos ó desharrapados. No advertimos que también los bien vestidos suelen hacer picardías, y no queremos entender que LA ASAMBLEA DE PROPIETARIOS MADRID. JUNTA DIRECTIVA DE LA ASAMBLEA, PRESIDIDA POR EL SR. CÁRDENAS Fot. A B C