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A B C VIERNES 7 DE DICIEMBRE DE 1906. PAG. 8. EDICIÓN 1. Y entonces se podría escrioír ei librito para uso de ios agentes activos de la Sociedad. A ello, á ello, que es un excelente negocio V está por explotar en España. ROBERTO DE PALACIO. LOS NUEVOS OBISPOS EN JUSTA DEFENSA Q a r a completar el pensamiento que informa á nuestros artículos Da vida ó muerte y de Mal en peor saldremos en justa defensa de Cataluña, que es la que marcha hoy sin vacilaciones, sin temores ni flaquezas al frente del saludable movimiento regional de España; único, como hemos probado, que puede salvar i la nación. El regionalismo vive hoy mas potente que nunca, gracias á los desaciertos de nuestros políticos; tiene hondas raíces en las provincias vascas y Navarra, y comienza á fermentar en Asturias y Galicia. Los hombres de buena voluntad, los patriotas, lo verdaderos amigos de la integridad nacional, se han percatado deque Cataluña ha dado la voz de adelante y que las demás regiones, desconfiando de todos los partidos políticos, no quieren sucumbir bajo el despotismo de sus tutores, los Gobiernos centralistas. Hasta las provincias castellanas, las más españolas, las más patriotas, las más sufridas y oprimidas por el caciquismo, sienten vehementes anhelos por desatar sus ligaduras y romper para siempre el cerco de hierro con que las oprime y ahoga el poder central. Los políticos madri eños, que siempre van á su negocio, deben convencerse de que el regionalismo sostenido en el Principado con tanto tesón y constancia, y consagrado ya por la inquebrantable Solidaridad catalana, es ¡destructible y no puede morir. Mientras la nación- (y óiganlo bien nuestros actuales gobernantes) -no siga y marche por el camino señalado por la aspiración regionalista de las que hoy son regiones y ayer fueron potentes nacionalidades, no se levantará de su estado de atonía y postración moral: irá al suicidio perdiendo toda esperanza de salvación. Los debates políticos, que casi siempre revisten el carácter de estériles luchas bizantinas, como sucede ahora, absorben toda la atención de nuestros legisladores; en cambio, los asuntos de vital interés quedan relegados á la indiferencia ó al olvido. Precisamente en estos días acaba de dar el Parlamento español el más funesto de los ejemplos y el más triste de los espectáculos. Aquí no queda en pie mas que una tesis y tina afirmación: el regionalismo, completo del centralismo político y divorciado por gubernamental. ILMO. SR. D. FRANCJSCO JARRIN, PRELADO DE PLASENCIA Fot. García. Después de la pérdida de nuestro imperio colonial y de la ruina de nuestras regiones, ¿qué han hecho nuestros gobernantes y nuestros políticos... De los labios de todos brotó entonces la palabra regeneración, ¿uyos ecos repercutieron todavía en el fondo de los honrados corazones españoles; pero ya se ha visto que la decantada regeneración se ha reducido á destrozarse unos á otros. Cuatro Ministerios y cuatro jefes de Gobierno que nos recuerdan el tiempo de ¡os Gabinetes relámpagos; desmoronamiento completo del partido liberal; hondas divisiones en los demócratas del nuevo cuño francés; imposibilidad ó ineficaz deseo de que venga inmediatamente el partido conservador; guerra á muerte entre! os güelfos y gibelinos del republicanismo; profundo disgusto entre los jefes y oficiales del Ejército por las reformas militares del general Luque; completo desconcierto en el ministerio de Marina, en los arsenales y en los departamentos navales; las contribuciones en alza y en baja la producción; despoblados los montes y arruinada la agricultura; los presupuestos, eje fundamental sobre ei que debe girar toda economía política y administrativa, sin discutir y sin ILMO. SR. D. JUAN BENLLOCH Y VIVO, OBISPO DE LA SEO DE URGEL Fot. Compañy, aprobar; abandonados los más importantes servicios del Estado; huyendo á la desbandada del patrio suelo poblaciones de la importancia de Béjar, para no morir de hambre y de miseria; la Prensa de gran circulación desbocada y procaz atizando el fuego de todas las malas pasiones, sin abordar nunca los verdaderos problemas económicos y sociológicos del país, y perturbando siempre la conciencia nacional; el desaliento ó la torpeza en los de arriba, el disgusto y la desesperación en los de abafo... ¡tal es el cuadro desconsolador que ofrece España en estos momentos... Por esto, los pueblos y las regiones buscarán ¡a resurrección y ia vida, no en los Gobiernos, sino en otra parte; el impulso les vendrá de sí mismos y por sí mismos comenzarán á regenerarse. ¿Comprenderá en ¿oda su intensidad y extensión e! problema regional, y especialmente el problema catalanista, el actual Gobierno? ¿Tendrá alientos para resolver d radice esta cuestión de vida ó muerte para ¡a paz de la nación y la seguridad del Trono... Este debe ser el punto de partida de su gestión gubernamental. Dejando aparte las rencillas personales, los disgustos y dimes y diretes en que andan hoy afanosos y enredados los políticos liberales, una cosa habremos de consignar de una manera solemne, á saber: que ¡os pueblos ya no creen en promesas y palabras vanas, y antes da levantar nuevos ídolos sobre el pavés déla opinión pública, exigirán hechos, pero hechos bien concretos y determinados. Pedirán que se responda á los compromisos contraídos un día y otro día, un año y otro año, con Municipios, Cámaras de Comercio, Asambleas nacionales, Sociedades agrícolas y fabriles y representantes de todas las fuerzas vivas y productoras de la nación; hechos, en fin, que se ajusten á los requerimientos de las clases proletarias y obreras; de la desdichada clase productora, oprimida por el capital judío y anticristiano, sin corazón y sin entrañas. Pongan aquí el dedo nuestros Gobiernos y lo pondrán en la llaga nacional. Y déjense de cuestiones religiosas, perturbadoras de la paz pública y de las conciencias. Y no se crea que el movimiento regionalisía catalán sea un movimiento de carácter local, como sostenía muy equivocadamente en una célebre discusión parlamentaria el Sr. Maura. No; el movimiento catalanista arranca de la misma entraña del pueblo, es el alma catalana que se agita y palpita para salvar á España, digan lo que quieran los políticos madrileños. En las ciudades, en los pueblos, en el último rincón de las montañas catalanas; en la Escuela, en el Círculo, en el Ateneo, en la tertulia, en el café y hasta en el fondo del santuario y del hogar y de la fábrica; en todas partes no se habla más que del regionalismo y en contra del caciquismo y del Poder central. Y este movimiento hay que dirigirlo, hay que encauzarlo (si no llega ya tarde el Gobierno) en sentido español, esencialmente español. Nosotros sentamos como principio inconcuso que las justas demandas délas regiones son las demandas y la salvación déla Patria común. La política causa ya náuseas al pueblo y cada vez la aborrece más ei país. Para terminar, diremos: que si el Gabinete actual, por endeble quesea, resuelve el problema magno del regionalismo español, se afianzará por mucho tiempo en el Poder, dará un golpe de muerte á la revolución antidinástica que asoma la cabeza, hará la prosperidad de España, y los españoles olvidarán todos los pasados yerros administrativos y políticos. Si no lo resuelve, si no sale del laberinto de las cuestiones clericales y religiosas, si no legisla ni gobierna más que para las minorías sectarias, para las democracias turbulentas y para los enemigos de la religión y de la Patria, fracasará por comp etoen su gestión gubernativa, provocará la guerra religiosa, comprometerá á las Instituciones y pondrá á esta pobre nación española en trance de destrucción y de muerte. No olvide el marqués de la Vega de Armijo lo que con tanta claridad y ruda insistencia dice el Dr. Ovilo de Marruecos. Francia é Inglaterra, nuestras naturales é históricas enemigas, aprovechándose de la agitación anticlerical que, en el seno de la Patria española han provocado, tal vez ell ¿mismas, nos pueden arruinar y destruirnos por completo. ¡Quiera Dios que Marruecos no sea pronto para nosotros un nuevo Cavíte ó un Santiago de Cuba. Este Gobierno puede salvarnos, si le ayudan, ó puede perdernos si lo envenenan los odios reconcentrados y ¡as pasiones intestinas de los que debieran ser sus aliados y amigos. FR a. w noi FONT