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ABC- V I E R N E S 7 D E D I C I E M B R E D E IQO 6. PAG. 7. E D I C I Ó N i. menos que una fortuna, se podría escribir otro- -y brindo el tema á los buscadores extraordinarios de riquezas á poco coste- -en que se indicara otro camino más rápido, otra profesión más sencilla, y para la cual no hacen falta conocimientos científicos especiales, que lleve al logro del bello ideal acariciado por los amantes de la holganza. Este libro podría titularse Vademécum del perfecto mendigo y Arte máximo de obtener pingües beneficios por intermedio de la limosna. de se desarrollan lentas y minuciosas las intrigas de la sucesión de César; pero no seremos nosotros ciertamente osados á sostener que con su supresión quedaría la obra más gallarda... Así lo pensó Shakespeare, así lo hizo y así está bien. Seguramente el mayor de los aciertos, con ser muchos, de Luis de Grammont, traductor de la obra, consiste en el escrupuloso respeto con que ha sabido trasladar el original entero á la escena francesa sin cometer los aten tados consuetudinarios entre arregladores. La interpretación de. Julio César ha sido excelente, sobíesaliendo entre todos M r Max (Marco Antonio) grande y poderoso trágico; M r Desjardins (Bruto) y las Sras. Barjac y La idea- -progresiva como se ve, y al par con el moderno y vibrante volar del adelantamiento de las naciones- -no me pertenece; es traducida del inglés. DUJC (Calpurnia y Porcia) Déla gran urbelondinensellega nada menos. Allí donde todo es correcto, preciso, mateEn resumen, la representación del Julio César, no sólo no ha defraudado la enorme ex- mático, pudiera decirse, y hecho como para pectación del público, sino que seguramente servir de modelo á las naciones extrañas, está será uno de los grandes éxitos de la temporada implantada ya la materia que podría servir de texto en el libro á que yo aludía. teatral. ¡Shakespeare excelsior! Léase: ¿Cuando gozarán ustedes de espectáculos análogos? Un acaudalado comerciante de la City tenía por costumbre favorecer todos los sábados con X. Y. Z. una moneda de seis pence á un pobre hombre que se estacionaba en la esquina de una calle. No hace mucho se equivocó, y en vez de darle la moneda acostumbrada, le entregó equisí como anuncian los periódicos la venta de vocadamente una moneda de oro de diez cheliun libro didáctico y cuyas excelencias de- nes. Advertido su error, volvió al pobre y le talla el anunciante enderezándolas á la demos- rogó que se la devolviera. tración de que mediante el pago de unas pese- -Con mucho gusto, caballero; mas no sin tas que cuesta ese libro puede obtenerse poco que yo haya hecho el balance de mi caja. LIBRE Y SIN GASTOS A EL NUEVO SUBSECRETARIO DE GOBERNACIÓN, EXCMO. SR. D. ÁNGEL PULIDO Fot. Compañy. Y le suplicó que fuese á determinado sitie y hora para recoger su moneda. Fue el comerciante adonde le indicaban y vio una oficina, en la cual trabajaban varios empleados. El mendigo, completamente transformado en hombre elegante y correcto, salió y le dijo: -Tenía usted razón, caballero. Los ingresos de la Compañía acusan hoy un sobrante de diez chelines y... tengo el placer de devolverle á usted su medio soberano. Para que el asombro del comerciante fuese aún mayor, concluyó diciendo el respetable y acaudalado mendigo: -Y so. bre todo, caballero, no olvide usted el sábado próximo que hoy no me ha dado usted los seis peniques de costumbre. No hay duda que aquí vivimos en el mayor de los atrasos en punto al ejercicio de la nunca bastante bien ponderada industria de la mendicidad, á pesar de lo que de nosotros dicen los escritores y turistas extranjeros. Aquí se conforman nuesttos más populare golfos é insignificantes pordioseros con lucir sus andrajos, exhibir entre ellos las carnes y forzar la nota, martirizándose, para excitar U conmiseración de las buenas almas. Señorito, por la salud de la señorita, quí es muy guapita dicen esos filósofos guripas, independientes andariegos, jóvenes de cárcel y cuartel, adulando al público oor un miserable perro chico. Caballero, que no he comido nada hoy balbucean los pordioseros mayores de edad, rebajando su amor propio y también por un suma insignificante. Y hacen esto en vez de reunirse y fundar una razón social, una entidad mercantil para explotar en grande 1 a postulación por todos los sistemas conocidos, con exhibición de todo género de lacerías, miserias, lástimas y mixtificaciones. Una gran Sociedad por acciones, que hasta lograrían ser cotizadas en los mercados públicos de contratación de valores. Y entonces la caridad podría tener su remuneración. Ya no habría la tradicional cantata del mendigo: -Una limosnita, caballero, que Dios se lo pagará. Sino esta otra: -Caballero ¿quiere usted subscribir acciones de la empresa Mendiant, Golfo and Company? v v f 4 v -i M i r r SOLEMNE BOTADURA DEL NUEVO TRANSATLÁNTICO ALEMÁN U K K O N P R I N Z E S S I N CECÍL 1 E Fot. Berliner UJustrations.