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A B C MIÉRCOLES 5 DE DICIEMBRE DE too 6. PAG. 7. EDICIÓN 1 UNA REVOLUCIÓN FRUSTRADA T e cuantos sucesos han ocurrido en estos días- -y no han sido pocos, -el que más mpres ¡ón ha dejado en mi memoria es aquel remato de motín que hubo anteayer, día de la crisis. Acaso la fuerza de esta impresión provenga del miedo que sentí cuando en mitad de la calle oyeron mis oídos un toque vivísimo, repentino y agudo de corneta; un toque de alarma que hizo temblar al más lejano y oculto de mis nervios. Aquel sonido de corneta me trajo á la mente, no los bellos y sublimes campos de batalla, sino la turba arremolinada, los caballos al galope, los sables golpeando, la botica, la cabeza abierta... Temblé, me llené de susto v más de una vez, habrá observado que en un principio la masa turbulenta es insignificante, sin fuerza alguna; pero este sedimento de motín, que apenas si se compone de un montón de jovenzuelos, que tienen la fuerza de su elasticidad y de su fácil disgregamiento, opera en la calle una especie de acción sugestiva sobre el resto de las cosas, una especie de abultamiento y de extensión activa, como la de un líquido oleaginoso. Los jovenzuelos gritan y andan en montón; atraen la curiosidad de los transeúntes; promueven la discusión; despiertan el miedo, ó el entusiasmo, ó la expectación en los que todavía son meros curiosos; empiezan, pues, unos sencillos muchachuelos á ejercer violencia y sugestión sobre la masa universal. Después, cuando el tiempo va pasando y aquella sugestión del grupo inicial llega hasta las esferas de la autoridad; cuando la atmósfera pes, dolor por la injuria, dolor, terrible dolot por la humillación inferida á su vanidad: I? turba se veía dueña de la calle, dueña del mundo, con influencia enérgica sobre el resto de los hombres, y de repente se siente golpeada y humillada. La turba se encrespa y enciende, y trata de devolver la ofensa con mayores gritos, cor escándalo: vuelven los guardias y golpean otra vez, ahora con más irritación que antes; los turbulentos ya no huyen ahora tan presto, sino que vociferan, injurian y hasta arrojan piedras á los guardias; los guardias, que se ven injuriados y golpeados, arremeter con doble furia, golpean duramente, se ciegan, despierta en ellos la obscura rabia del soldado... Y el motín llega á su máximo. Aquí pueden ocurrir dos cosas: que la autoridad se imponga firmemente, por un movimiento disci EL ESTRENO DE AYER K i w -f Í. v -i iV, i ÍÍ v f MADRID. UNA ESCENA DEL ULTIMO ACTO DE MARÍA ESTUARDO ESTRENADA AYER EN EL TEATRO ESPAÑOL Fot. A B C plinado y enérgico, ó que intervenga un nuevo corrí gallardamente; pero mientras corría, flo- está ya caldeada y ilena de sugestión, viene la taba en mi cerebro una idea temerosa y horri- fuerza armada. Entonces el proceso del motín elemento fortuito que dé al motín orientación marcha ya rápidamente; en la atmósfera, que determinada, sobreviniendo la revolución. ble, y me pregunté espantado: ¿Es esto una revolución que empieza... estaba llena de inquietud, entra un nuevo eleAsí, pues, las feroces y mortales revolucioDespués he visto que fue el miedo quien me mento mucho más vivo, que es el miedo, y nes que tanto nos pasman y que nos figuramos hizo abultar las cosas; aquello no era una re- ante la fuerza armada la turba se deshace y dis- como nacidas por un estallido tremendo de la volución, sino una algarada de chicos Y des- grega, presa del pánico. Pero la turba estaba furia universal, no son, realmente, á veces, sino demasiado enardecida; un sentimiento de amor efectos de un principio pueril, de un origen ocupados. propio la hace reaccionar contra el miedo; por inocente, de la voluntad de cuatro muchachos Pero las revoluciones, ¿no tendrán acaso un principio tan pueril y despreciable como todas otra parte, la vanidad de la turjja, que se veía andariegos. dueña de la calle y de la masa pacífica, no quieesas algaradas del arroyo que se desvanecen al Todas las grandes cosas, en fin, todos los primer toque de corneta? ¿Cómo empiezan las re perder tan prontamente su dominio y su sucesos tremendos nacen de nada. Todo es revoluciones, cuál es su proceso? Lo horrendo acción sugestionadora, y entonces la turba vanidad y pequenez. Sólo es grande el tiempo, que desbarita las miserias de los hombres, ¿no y desolador de las revoluciones ¿nacerá tal vuelve, grita, provoca á la fuerza armada, y los cataclismos humanos como los cataclismos vez de una simple tema de muchachos, ó del entonces los guardias desenvainan los sables y feroz instinto de unos pocos hombres perver- pegan al azar, todavía sin rabia ni ensañamien- geológicos, y da á las cosas su verdadero vato, meros sablazos de fórmula. lor, á las sociedades su equilibrio, á los ríos sos, crueles, vengativos? Al sentirse herida, la turba padece un dolor su antiguo y lógico cauce... Es muy curioso el desarrollo de estos tu 1. M. SALAVERR 1 A mu fos callejeros. Quien, haya asistido á ellos vivísimo en toda ella: dolor físico por los gol-