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j AÑO CUATRO. NUM. 691. CRÓNICA UNIVERSAL ILUSTRADA. SE MADRID, 4 DE DICBRE. DE 1906. NUMERO EXTRA. JO C É N T I M O S JÉ desembarco los españoles conservasen el orden dentro de las murallas de la ciudad y los franceses en las afueras. Las circunstancias que atravesamos no noi dejan más espacio; mañana proseguiremos este estudio, anticipando que lo anterior más se asemeja al cuento de la lechera aue á un plan meditado. Porque si no hay nada, todo ese aparato di fuerzas y esos i,5oo hombres es mucho, y si hay algo, nos parece misérrimo. FELIPE MADRID ALD 1 A jornada de agitación política. Sitio Otraautos: el Senado. La entrada, buena; de la de semejante cosa, ni se autoriza á nadie para ello. En cambio, quien tiene en Marruecos numerosos subditos puede y debe, cuando pelipresidencia, acertada. Para que todo sea irre- gren sus vidas y haciendas, adoptar todas las gular é üógico en esta crisis, el público privi- medidas necesarias para su seguridad, incluso legiado fue ayer el más aburrido, y el que más llevando sus fuerzas al lugar del peligro, si nase divirtió el de la calle. En efecto, los que te- die acude á su socorro y defensa. Para esto no nían tribana para presenciar una sesión emo- necesita consultar con ninguno. Naturalmente que eso no se puede hacer cionante, salieron renegando y casi pidiendo que se les devolviese el dinero, porque el es- sino cuando esas vidas é intereses se vean seriamente amenazados, cuando las autoridades pectáculo no duró más de cinco minutos. En cambio ¡os que estaban en la calle se entrega- del país sean incapaces para protegerlos y ron ora al dulce pitorreo, ora al confortante cuando por alguien no haya habido intención himno de Riego, según los personajes que des- evidente de provocar acontecimientos que justifiquen una acción militar, en cuyo caso el filaban por la plazi de la Encarnaciónc provocador sería el único responsable ante las Claro es, que sucedió lo que es naturalísimo Potencias del daño que resultase. y lógieo que sucediese, porque lo inesperado, Debe, pues, andarse con pies de plomo anlo imprevisto es en España y, sobre todo, en la política, es lo natural y lo lógico: no hubo tes de que un soldado extranjero, armado, pise sesión, no hubo votación, no hubo discursos. las calles de Tánger, y para evitarlo agotar La última impresión, la que dominaba, era la antes todos los recursos disponibles, y tanto más para nosotros, cuánto que, una vez el orde que e! Gobierno se sostendría hasta con el den restablecido, España no habría de obtener Suplo de un voto. Y, efectivamente, cayó el otra ventaja que el honor de haberío realizado. YGobierno si duplo y sin voto. Francia, como ya dijimos y ampliaremos, Debía ereerse que la cuestión más grave de puede esperar otras ventajas más prácticas; a política sería la del conflicto creado al ministro de Marina en su departamento; pero pero antes de hacer consideraciones de lo que jcal esto quedó relegado á último término, y pueden ser las operaciones militares á que nos lo esencial, lo que subyugó, fue la crisis- deri- exponemos, veamos lo que sucede fuera de España y de Marruecos. vada del debate del Senado. De Alemania tiene conocimiento el lector por Vino la crisis y todo el mundo dio por bien los telegramas que publicamos oportunamente. empleada la jornada. Esto y las manifestaciones, algunas degene- Después ha cesado desertan agresiva la Prenradas en motín censma le, constituyen las sa germánica, como si hubiese recibido orden para ello del Gobierno, que al parecer ha teninotas dignas de registrarse en este resumen do la seguridad del de Francia, del respeto á del día. lo acordado en Algeciras, no en el espíritu de la Conferencia, sino en la letra del acta. En Inglaterra, sir Edward Grey, contestando á una interpelación de M r Ashiey, declaró que i Gran Bretaña no enviaría ningún buque á Tánger, porque Francia y España se preparaban para en caso de urgencia adoptar las meI a nota oficiosa del Gabinete Moret, que didas necesarias para proteger á los extranje publicó ayer A B C, no habrá sorprendi- ros hasta que la policía regular marroquí estudo á nuestros lectores, que de eso y de algo más viese en disposición de hacerlo. estaban ya enterados horas antes de que jurase No son menos significativas las explicaciones el Ministerio que había de convenir más tarde dadas por M r Pichón á Jaurés en la Cámara con el Gobierno francés lo que dice la nota fa- francesa y la réplica del diputado socialista; el cilitada á toda la Prensa. ministro de Negocios Extranjeros dijo emboSabían nuestros lectores el compromiso fran- zadamente lo que con toda claridad declaró en co- español, que en caso de un desembarco lo Londres el secretario del Foreing Office; pero harían fuerzas iguales de ambos pueblos y has- negándose á discutir. Jaurés replico que no esta el nombre del jefe que había de estar al fren- taba satisfecho con el aplazamiento de la diste de ellas, el almirante Touchard. cusión, porque bien pudiera suceder que enParece como si hubiéramos adivinado lo tretanto sobrevinieran acontecimientos, que al que fatalmente hubiera de suceder, y sentiría- llevarse al Parlamento, fueran un hecho conmos con toda el alma seguir siendo adivinos sumado é indiscutible. de cuanto hemos profetizado, aunque desde el Clemenceau hubo de pensarlo mejor y conotro día á la fecha las cosas deben haber cam- fidencialmente se dio cuenta del convenio franbiado mucho. co- español á muchas personas. Según parece, Después de esa nota del Gobierno, y ante la nota, muy corta, se refería al caso probable los cambios políticos que se suceden con tanta de una intervención, convenida entre M r Jurapidez, creemos que es hasta uivdeber hablar lio Cambon y el Sr. Gulíón, y en ella se acorcon la mayor claridad posible; nada nuevo di- daban: envío de fuerzas navales á Tánger; enremos aJ discreto lector que haya seguido paso vío de compañías de desembarco- -1.5oo homfi paso estos artículos, leyendo entre líneas lo bres de cada país, que después se han reducique A B C no estimaba conveniente decir con do á i.25o, en total 2.5oo, -y compromiso mayor elaridad. de no desplegar banderas, atendiendo á que Habrá podido ser el espíritu de la Conferen- la intervención debía hacerse en nombre del cia de Algeciras el que España y Francia res- Sultán; es decir, cnanto hace ya muchos días íablezcan el orden mana militari, si se alterase habíamos consignado en estas columnas. tn los ocho puertos marroquíes abiertos al coSe ha pensado en si el grueso de las tropas mercio; pero el hecho es que en ninguno de había de estar á bordo de los barcos ó en Cá os 1 a 3 artículos del Acta general de la Con- diz y en Oran; que Jas fuerzas fuesen mandaferencia ni en las de las Comisiones, se habla das por un almirante francés, y que en caso de IMPRESIONES PARLAMENTARIAS p N EL SENADO Me he dirigido hacia l a Cámara de los Pares á las dos y veinte. Habíaya en los alrededores una gran concurrencia. Yo he avanzado hacia la puerta resueltamente; todos me miraban. Este- -decían con seguridad- -va á tener la dicha de penetrar esta tarde en la Cámara En la puerta un ujier me ha detenido. ¿Dónde va usted? me ha preguntado. A ver la sesión he dicho yo. ¿Es usted del Cuerpo diplomático? ha tornado á decirme. No, no he contestado yo. De la Prensa ha afirmado otro ujier. Yo estaba un poco perplejo; tenía mi pase de la tribuna; pero carecía del indispensable para circular por los pasillos. ¿Hay algún secretario en la casa? he preguntado al fin. Está el Sr. Moral ha dicho el primer ujier. Está bien- -he replicado yo; -pásele usted esta tarjeta Se ha marchado el ujier con mi tarjeta y en esto se ha acercado á mí un señor alto, recio, con una laiga y fina barba. Pase usted, Sr. Azorín- -me ha dicho. ¿No es usted el Sr. Azorín? Servidor he contestado inclinándome. Yo soy Fajarnés ha dicho él. Yo ya conocía á este amable señor por haberlo visto muchas veces en el Congreso y en el Senado; juntos hemos penetrado en la alta Cámara. Ya dentro de ella, el señor secretario primero, D Jerónimo del Mora! ha tenido la bondad de ordenar que me facilitaran un pase. Yo le doy las gracias á este querido amigo. Ya estaba yo en el ancha pasillo del Senado. No había en él aún más que dos ó tres senadores. Eran las dos y veintitrés minutos. De pronto ha aparecido un viejecito con el pelo y la barba blancos, brillantes, argentinos; venía envuelto en un gabán de pieles un poco ajado. Era D. Eugenio Montero Ríos. Este viejecito ha saludado ligeramente y se ha colado de prisa por una puerta. El tiempo iba pasando y la Cámara se llenaba de senadores y diputados. Todo el Congreso en masa está aquí; aquí veo al Sr. Cierva, cauto y perseverante, al Sr. Domínguez Pascual, irónico y desdeñoso, al Sr. Dato, aristocrático y elegante, al Sr. Sánchez Guerra, nervioso é impetuoso, al señor marqués de Portago, dúctil y fino... Yo saludo á todos estos buenos amigos y después me marcho á la tribuna. Sin embargo, en la puerta de ella me espera una ligera sorpresa. ¿Dónde va usted? me pregunta otra vez un ujier. Me quedo un poco asombrado ante esta interrogación. Voy á ver la sesión le digo á este ujier. ¿Tendrá usted pase? me vuelve á preguntar el ujier. Yo saco mi pase y se lo entrego; entonces él sonríe con cierta ironía y me dice: No; necesita usted también el carnet de periodista. EL CONFLICTO MARROQUÍ Usted puede no ser periodista. Yo no sé lo