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PRUÉBENSE LOS CHOCOLATES DE LOS RR. PP. CTINOS ÚNICO DEPOSITO EN MADRID LHARDY, Carrera de San Jerónimo, 6 ÚNICOS DEPOSITARIOS EN BUENOS AIRES Sres. 0- a. rcía. líerrrL nos y Ca. rba. llo Almacén EL IMPARCIAL, Victoria, 1.001 296 BIBLIOTECA DÉ A B C tOS SECRETOS DEL DOCTOR SÍNTESIS 2 3 IV Escenas de los tiempos primitivos. -Autopsia de un cocodrilo. -El doctor Síntesis suspende los experimentos. -Espantosa perturbación submarina. -Pérdida del Ganga. -Encerrados en el Ana. La clase de los anfibios, impacientemente esperada, hizo, porfin, su aparición, y el químico fue el primero tn advertirla. Una mañana que estaba paseando alrededor de la cúpula, observó que se movían en el agua animalitos que no podía distinguir. Volvió al buque, recogió unos gemelos, y así pudo examinarlos. Juzgúese de la alegría que le produjo ver que eran tortugas pequeñas, que jugaban con salamandras y tritones: ¡los primeros habitantes de la tierra virgen improvisada por el Dr. Síntesis! Contemplábalos el químico atentamente cuando vio surgir en la otra orilla otros cuerpos con patas cortas y largo rabo formado de escamas. Eran cocodrilos pequeSos, de unos 3o centímetros de longitud. Apenas vieron á sus inofensivos congéneres, los atacaron furiosamente y devoraron no pocos. En menos de tinco minutos quedaron dueños del campo. -He aquí- -exclamó el químico- -una eseena de destrucción como en los tiempos primitivos. Verdad que los vencedores tienen más perfecta organización que los ven sidos; pero de todos modos es lástima que el Dr. Síntesis no haya podido ver estos últimos. -Hay un medio de que los vea- -dijo alguien á su espalda. ¿Eh? ¿Qué dice usted? -He oído su monólogo y puedo proponerle á usted ¡Son verdaderas ventosas! -añadió. -Voy á llevarme algunos ejemplares; al maestro le agradará Verlos. Cogió otro, y nunca lo hubiera hecho, pues el bichejo, abandonando la foca y revolviéndose hizo presa en la mano, produciendo un vacío tan enérgico, que Pharmaque no pudo contener un grito de dolor. El animal, prestamente sujeto, rasgó la piel y aspiró glotonamente la sangre. Para librarse de él no tuvo el químico más remedio que frotar enérgicamente el dorso de su mano con las asperezas coralinas y destrozar al vampiro. ¡Vamonos de aquí! -pensó. -Ellos son muchos millares, y si me atacan no podré salvarme. No pudo huir oportunamente. Los animalillos, como si obedecieran á una consigna, abandonaron su punto de apoyo y se lanzaron sobre él, adhiriéndose á la escafandra, y especialmente á las manos, Huyó todo lo de prisa que podía, y ya iba á llegar á la puerta cuando le heló de espanto una terrible aparición: un monstruo de muchos metros de largo, de vigor extraordinario y con una boca inmensa, armada de dientes formidables. ¡Un tiburón! -dijo al reconocerle. El bandido de los mares intentó atacar al químico, pero éste se esquivó agachándose, pues sabía que pojr la especial conformación de sus mandíbulas, no podía el monstruo hacer presa si su víctima no está por encima de él. Pharmaque continuó huyendo, y ya estaba sólo á dos ó tres metros de la puerta, cuando vio venir hacia él al tiburón rasando el suelo, para alcanzarle seguramente. Cayóse entonces el químico, por haberse escurrido, y sus manos tropezaron con un cable cuyo extremo, terminado por una bola, estaba al descubierto. Púsose en pie inmediatamente, como si el hallazgo del cable le hubiera devuelto toda su energía; cogiólo por la parte aislada y esperó á pie firme, en la actitud del bombero que maneja