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A B C. DOMINGO i DE DICIEMBRE DE 7555. PAG. 7i7 EDICIÓN r E 1 tspectaculo que entonces se vio ha sido mico en la historia de la alta Cámara. Aquellas galerías claustrales, en donde de tontinuo imperan la calma y la soledad, fueron lugar por donde el entusiasmo se propagó, agitando los corazones y prestando á las manos fuerza para traducir en aplausos lo que en lodos los cerebros anidaba. lina ovación entusiasta, ardiente, estallante, iccgió la presencia del general López Domínguez. No fue el aplauso de cuatro amigos, de raedía docena de allegados; no fue la ungida ovación con que algunas veces se quiere lisonjear t un personaje del que se aguarda la recompensa. Fue una muestra de cariñoso respeto al Hombre sincero, al político honrado, al caballero sjn tacha. Una, y otra, y otra salva de aplausos estala ron; todos los que llenaban el gran pasillo se descubrieron y cien voces, doscientas voces daOan ¡vivas! ¡Viva el general López Domínguez! ¡Viva el jefe indiscutible de la mayoría! Esto oímos gritar. Y el general, emocionadísimo, con el sombrero en la mano, se abrió paso trabajosamente por entre los compactos grupos, y fue á ocultarse modestamente en el despacho de la Presidencia. En la puerta del salón esperaba al general rl Sr. Canalejas, y al aparecer aquél, se abrat a r o n ambos estrechamente, afectuosísimanente. p L CONTRASTE Mientras esta escena -de entusiasmo se destrrollaba en el pasillo centra) en uno de los laterales, en aquel que conduce al despacho de ministros, observamos el contraste. Un contraste triste y que puede servir para vscai miento de algunos y reflexión de otros. Por aquel pasillo estrecho y mal alumbrado jesfilaban los ministros. Su aspecto era tragicómico, porque la desesperación que en sus Semblantes se reflejaba movía á lástima y á risa. Todos ellos estaban convencidos de que la flora de su muerte, como ministros, había solado. Todos lo sabían, aunque no lo confesasen. Solamente uno de ellos, el mas ingenuo, el más Espontáneo, exteriorizó lo que sentía. Fue el general Luque. Detuvimos al ministro de la Guerra, y antes í e que le preguntásemos, habló él, diciendo: ¿Han visto ustedes... ¡Y ahora otra cri 5 ÍS... 1 Y siguió su camino. El despacho de ministros tenía la puerta íbierla. D; n: o de la habitación había dos consejeros, dos nuevos, dos flamantes consejeros, los Sres. A Ib i y Borbolla. El aspecto de uno y otro era de abatimiento, de cansancio. Como oímos decir, en frase gráfica, estaban chafados Algunos amigos de los dos ministros ios abrazaban dirigiéndoles frases de consuelo. El Sr. Alba, apoyado contra la pared, algo pálido, no contestaba. Y de allá, de lejos, llegaban los ecos de las Ovaciones que insistentemente eran prodigadas ll general López Domínguez. la proposición sea retirada; y respecto de su programa, recordó que en la nota oficiosa del Consejo celebrado anteayer se declaró que el (gobierno cumplirá el pacto de 1903 ONSK 11 Vl- O Los ministros se retrnie ron en Consejillo, que duró media hora. Entretanto, se extendió por completo la creencia de aue de aquella reunión saldría la crisis. No se veía otra solución, porque el Gobierno había quedado muerto. Los periodistas y algunos diputarlos y senadores recogieron sus gabanes y se dispusieron á seguir al Presidente hasta Palacio. Terminó el Consejillo y salió el Sr. Moret. Al ver que era esperado por muchas persosonas dio a la cara un aspecto risueño. ¡Caray, cuánta expectación, dijo. jQué. esperaban ustedes aue de aquí saliera alguna determinación? -Efecti va mente, lo esperábamos. -Pues nada, no hay nada. El lunes veremos Jo que sucede en eta votación. Y añadió, siendo ratificadas sus manifestaciones por algunos ministros, que el Gobierno está dispuesto á seguir discutiendo hasta que se vea derrotado por una votación. -Es que esa votación se ha hecho ya en los pasillos- -dijo un periodista. -Esos votos no se computan- -contestó el Sr. Alba; -donde deben ser emitidos es en et s Ion de sesiones. El último ministro que salió fue el de Gobernación, al cual dijo un periodista: -Nosotros queremos una contestación concreta á esta pregunta: ¿El Gobierno dimite esta noche? -Pues concretamente contesto: Doy mi palabra de honor de que no. Y añadió: -El lunes habrá sesión y verenfbs lo que sucede. Desae las tres de la árdelos alrededores del Congreso se hallaban verdaderamente intransitables. La aglomeración de curiosos era inmensa, y entre aquéllos, se encontraban los que se disponían á silbar á los ministros y gran número de agentes de policía, varios de uniforme y otros muchos vistiendo de paisano. Como los ministros tardaban en llegar, el público, situado en la Carrera de San Jerónimo y calle de Fioridablanca, comentaba aninua. mente el retraso y daba señales de impaciencia. Poco después de las tres y media pasaron ju ito á los grupos los coches que conducían al Congreso al Sr. Moret y sus compañerrs de Gabinete, y de entre aquéllos salieron algunos subidos y ¡vivas! á la libertad. Promovióse, can tal motivo, gran revuelo; hubo momentos de alarma, originados por algunas cargas y por el toque de atención que ordenó dar el jefe de Seguridad, coronel Elias; y, en tales instantes, pasó por el sitio en que se desarrollaban esas escenas S. M el Rey y séquito que le había acompañado á la Salve. El Sr. Aguilera y varias personas más se acercaron al carruaje regio y dieron ¡vivas! al Rey, que fueron contestados, á la vez que se escuchaban algunos vítores á la libertad y de otra índole análoga. Poco después ia tranquilidad quedó restablecida. LAS El público protesto rniaooiaeote, ciéndose con este motivo nuevas algaradas Los detenidos fueron conducidos á la Comí san a del distrito del Congreso, y quedaron ert libertad dos horas después. 1 A DIMISIÓN DFJ El texto defacomu CANALEJAS ció, dirigida por el Sr. Carralejas a los secretarios del Congreso, dimitiendo Ja presidencia de la Cámara, dice asi: Excelentísimos señores: El Congreso se dignó otorgarme, sin merecerlo, el mas alto honor á que pude aspirat en mi vida púb ica, y los señores diputados de todos los partidos, con benevolencias inolvidables, acrecentaron mis gratitudes, Circunstancias harto notorias para que sea 1 menester encarecerlas, obliganme á dirigir desde la tribuna mi voz al país, interviniendo en as tareas parlamentarias de un modo activo, incompatible con aquellos altos deberes de neutralidad y cuidadoso apartamiento de los debates que estimo haber escrupulosamente cumplido. Ruego á VV. E E que al notificar 1 Con greso la renuncia del honrosísimo cargo de presidente del mismo, la acompañen con la expresión fervorosa del homenaje de mi profundo respeto. Dios guarde á VV. EE. muchos años. T Madrid, 29 de NovicniUtc de 1 96, -José Canalejas y Méndez. Excelentísimos señores secretarlos del Congreso délos diputados. T OOMS A SNID O P E ÓN M ANIFESTAC 1O N hN CALLhS Ayer tomaron posesión d 4 nales los Sres. Alba, Barroso y Gasset, dándoles posesión los ministros salientes Sres. Alvaratío, conde de Romillones y García Prieto. Verificáronse dichos actos dentro de la más afectuosa cordialidad y, con arreglo ios preceptos de rúbrica en tales casos. sus LA CARTA FAMOSA L f ot rta dirigida á S. M. I OS DOS PRESI- Los Sres. Moret y Montero. cencerraron en el despacho de éste. El presidente del Senado dijo al del Consejo: Si el Gobierno puede lograr que la proposión incidental sea retirada, yo presidiré la sesión del lunes. Sí no es retirada, yo no presidiré, porque no quiero presenciar la división del partido liberal. En el primer caso, y si e! Gobierno puede continuar viviendo, tendrá mi apoyo, siempre que su programa esté basado en el pacto lieclio por los ex ministros liberales en jo. o3. El Sr. Moret contesto que procurará que DENTES Los guardias de Caballería números 36 y 53, auxiliados de otros agentes de la autoridad, detuvieron á las siguientes personas: José Romero, Nicasio Soier, Jesús Iglesias, Claudio López, Enrique García, Severo Rico, L OS DETENIDOS- Emilio López Puigcervcr y Eusebia Aharez Espinosa. por el Sr. Moret y de que éste dio lectura ien la sesión de ayer del Senado, es la siguiente: Señor: Los incidentes ocurridos en la sesión di ayer, me obligan á dmgnmea Rey, exponiéndole, antes que sea inevitable, la gravedad de la crisis que amenaza al partido libera En previsión de ella acudí al presidente del Consejo y á evitarla se dirigieron i is etfuer. zos en el Congreso. Las seguridades dadas por el primero haciendo suya la iniciativa y la dirección de los debates alejaron el peligro. Pero cuando éste parecía terminado, una proposición emanada de la mayoría y redactada en términos que envolvían una censura de mis actos y palabras pronunciadas en representación de una parte de ellas estuvo á punto de producir su división y ruptura. Tuve, sin embargo, la fortuna de evitarla acudiendo al presidente del Conseja, quien, comprendiendo la trascendencia de la votación que se provocaba, modificó el carácter de la proposición, co virtiéndola en vota de confianza al Gobierno, gracias á lo cual pude votaila y hacer que la votaran muchus de los que se sentían por ella lastimados. Pero si el peligro quedó ayer conjurado, todo hace creer reaparecerá á cada momento y provocará al fin la división de la mayoría y con ella la caíia del piítido liberal en condiciones fatales para la Patria y la Monarquía. Y como desde el día en que el Rey llamó al partido liberal he hecho cuantos esfuerzos me ha sido posible para evitar ese grao daño, al presentir que no me sería posible lograrlo n adelante, acudo ante el Poder esterado;