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A B C D O M I N G O 2 D E DICIEMBRE D E 1906. PAG. 4. EDICIÓN i. esa alianza tiene ya quince años, que hemos pasado en paz y tranquilamente. Gracias á su presión comprendió AJemania, i tiempo, que había llegado el momento de intervenir. Hoy, como hace quince años, seguimos pensando igual. A pesar de la convención militar, inteligencia, acuerdo, ó como quiera bautizarse la aproximación franco- inglesa, podemos contemplar el porvenir de nuestra raza y nuestro poderío con mirada tan tranquila como fija en ios acontecimientos, cuyo curso nadie podrá variar sin nuestro consentimiento. En lo que concierne á M r Clemenceau y Mr. Pichón, no creemos que sean capaces de intentar la política de aventuras para convertir (a en un instrumento que ellos mismos han desacreditado. De las anteriores citas resulta que el Gobierno alemán contempla con amenazadora desconfianza los acontecimientos, sin que hasta la fecha haya encontrado pretexto para quejarse de un modo formal. De todos modos el lenguaje de su Prensa oficiosa es muy significativo, y merece aue se tome en cuenta para augurar de la futura marcha de los sucesos. han entrado diciendo: jPateo en el Senado! Pateo en el Senado! La noticia ha cundido rápidamente; crece la ansiedad; todo el munde pregunta: ¿Qué? ¿Es cierto? ¿Qué ha pasado en el Senado? Yo me marcho á mi tribuna; el momento crítico, solemne, se acerca. Toda las tribunas están llenas; muchos diputados ocupan los escaños. Son ya las cuatro; no cesan de entrar diputados en el salón. E! señor conde de Romanones cruza el hemiciclo y hace señas al Sr. Requejo de que se vaya con él; luego sube por las escalerillas y se sienta en el centro de aj Cámara, debajo del Sr. Nocedal. Detrás del banco azul se han sentado los seño res Celleruelo y Rivas. Hay en la sala un aspecto de ansiedad, de VÍVJ expectación. El eñor Moróte lanza de ¡uando en cuando un grito; el Sr. Soriano da golpes con el puño de su bastón sobre un pupitre. Los minutos van pasando; aparece el Sr. Maura y se sienta en su escaño habitual; poco después entran el Sr, García Prieto, que se aposenta al lado del Sr. Merino, y el Sr. Canalejas, que tom asiento debajo del reloj. Los escaños se hallan completamente llenos; no se ve ni un sitio vacante. De pronto suenan los timbres y corre un prolongado murmullo por la concurrencia. NOCHES Aparecen los dos maceros y detrás el Sr. De DEL REAL Federico. Son las cuatro y dos minutos. El izo anoche su aparición el tradicional Tro- Presidente ocupa su sitial y el Sr. Garnica va vador para debut de las Srtas. Petrel I a leyendo en voz baja el acta de la sesión antey Dahlander y del barítono Pacini. El teatro rior. La concurrencia espera charlando; pasan como día de moda, brillante. dos ó tres minutos; hay un instante de impaDe las debutantes, la soprano Srta. Petrella ciencia; no hace su entrada el Gobierno; cada cantó bajo la impresión del miedo. Sin embar- segundo nos parece una hora. Por fin, á las go, dejó ver que tiene una hermosa voz, de cuatro y seis minutos aparece en la puerta de pastosidad, de volumen y de extensión. Es la derecha el S r Moret; sobre su pecho lleva joven y con la práctica de la escena podrá al- una banda azul. Suenan largos siseos y se hace canzar grandes triunfos. El aria del acto cuar- un profundo silencio. Detrás del Sr. Moret to la dijo muy bien y fue aplaudida. entran los demás ministros; todos suben á la La Srta. Dahlander, ya conocida y estimada presidencia y van estrechando la mano del sede nuestro público, triunfó en toda línea. Está ñor De Federico. Y luego descienden lentamejor, si cabe, de voz, y como artista, sus pro- mente y se dirigen hacia el banco ministerial. gresos son visibles. Hizo una Azucena inmejo- El Sr. Moret se detiene un momento y ante rable, siendo aplaudida con entusiasmo y lla- él pasa el Sr. Caballero; todos los demás se mada á escena diferentes veces. Nuestra en- van sentando á continuación. Su orden es el siguiente: el Sr. Moret, el Sr. Pérez Caballehorabuena á tan notable y simpática artista. El Sr. Pacini cantó como él sabe hacerlo, y ro, el Sr. Barroso, el Sr. Luque, el Sr. Delen una ocasión, tras de unánimes aplausos, una gado, el Sr. Alba, el Sr. Quiroga, el Sr. Gasvoz del paraíso le dijo con general asenti- set, el Sr. Borbolla. Llevan severo frac los señores Delgado, Alba y Borbolla; los demá? miento: visten bordados uniformes. Muy bien cantado! El tenor Gillon enloqueció al público con Todos se han acomodado ya en ei banco la canción de la pira y con sus dos de pecho. azul y el Sr. Moret se ha puesto en pie. ¿Cómc Huelga decir que hubo repetición, llamadas á expresar este silencio tan intenso tan profunescena, bravos y cuanto prodiga la galería do, tan sólido, diríamos, que se ha producido cuando un tenor dispone de las notas agudas al levantarse el presidente del Consejo? Seque Gillion posee. ñores diputados- -ha comenzado diciendo el Al terminar la obra, todos los artistas y el Sr. Moret- -habiendo presentado la dimisión maestro Mascheron! fueron llamados á escena. el señor general López Domínguez, S. M el Rey me ha encargado de la formación de Gabinete. Muchos de los miembros de este GoIMPRESIONES bierno han pasado ya por los Ministerios; en las PARLAMENTARIAS otros son muy conocidos aquí elprovincias que representan... Al llegar orador se han M U B E S I N R A Y O He llegado al Con- oído las primeras protestas. ¡Ya lo creo! ¡Y greso á la una y me- lo creo! ¡Muy conocidos! se gritaba en aldia de la tarde; mi número en el guardarropa gunos escaños. El Sr. Moret prosigue hablanha sido el i todavía no había nadie en los pa- do; el Gobierno tiene en su programa prosillos y en el salón de Conferencias. Momen- yectos económicos y proyectos de otro orden. tos después ha llegado el Sr. Armiñán y Ante todo se discutirán los presupuestos; esto hemos comenzado á charlar. Yo creo- -le he es de necesidad urgente; luego vendrán otros dicho al ex subsecretario de Gobernación- -proyectos complementarios. El Sr. Canalejas que no pasará nada. ¿Cree usted lo mismo? escucha al orador atentamente, con el cuerpo Indudablemente- -ha contestado el Sr. Armi- erguido, separado del respaldo del asiento, ñán; -yo no haré nada; D José ha mandado puestasamba smanos sobre el puño de su bastón. apagar los fuegos En el banco azul, el Sr. Alba tiene los brazos Poco á poco han ido llegando diputados y cruzados sobre el pecho y la cabeza inclinada; periodistas; el Gobierno tenía que ir primero el Sr. Gasset se retuerce nerviosamente el bial Senado; luego vendría á esta Cámara. Te- gote; el Sr. Barroso, con una inmensa banda, níamos aún un largo rato por delante. La con- echa la cabeza ora á un lado, ora á otro. El currencia iba creciendo por momentos; á las Gobierno- -prosigue el Sr. Moret- -piensa tres y media no se podía ya caminar por el también ocuparse de la ley Municipal. ¿Y la pasillo central; se veían en la Cámara caras de ley de Difamación? interrumpe en este punlas que se ven en raras ocasiones. A las cuatro to el Sr. Soriano. El Sr. Moret, viejo y exmenos cuarto, personas aue venían del Senado perto oarlamentarjo. va- en estas oalafaras una en determinados y solemnes momentos la elocuencia del mutismo y la virtud de la sinceridad. E! silencio de Canalejas en la sesión del Congreso y la sencillez del general López Domínguez en la del Senado, pudieron tanto como el discurso más deslumbrador que concebir pueda la imaginación humana. Pero esa conclusión evidente no compensa los desastrosos efectos de la segunda. Lo ocurrido en las Cámaras por obra y gracia del señor Moretes testimonio de un mal sin remedio, es la esquela de defunción de algo que en la historia contemporánea tenía su lugar. Ei Gobierno está muerto. Nadie lo duda. Pero no es lo triste y grave que muera el Gobierno, porque los Gobiernos se rehacen, se suceden, se substituyen. Lo triste y grave- -y hay que decir la verdad ante todo y sobre todo, porque lo evidente se sobrepone á lo convencional y momentáneo- -lo triste y grave para la Patria y para la Monarquía es que ayer ha muerto el partido liberal. MADRID AL DÍA H Jspera de mucho, día de nada. ¡Apenas iban á ocurrir cosas en el Congreso, según se anunciaba anteayer! Con este aliciente, los que necesitan emociones para ir sobrellevando esta picara vida, encaminaron sus pasos hacia el Congreso. Hubo momento en que podía uno figurarse que, realmente, lo que pasase dentro podía interesar á alguien. Los curiosos que rodearon el Congreso merecen doble admiración por crédulos y por valientes, porque desafiar las iras de gris que corría, es un heroísmo. En efecto, no ocurrió nada. Dentro menos que futra, por lo mismo que se había anunciado para dentro más que para fuera. Y cuando los honorables padres de la Patria desfilaron Carrera de San Jerónimo arriba hablando de país y de opinión, no faltó seguramente quien con maliciosa sonrisa dijese: ¿Pero qué, es que de veras queda opinión y queda país? Otros incidentes desagradables ocurrieron en la misma vía citada, pero todas esas cosas no tienen más ¡importancia que la que inconscientemente muchas veces las dan las autoridades. La nota política más ruidosa la dio ayer el generalmente apacible Senado. Allí hubo más cosas que en el Congreso. Y luego se murmurará de los agüelos. Por si los sucesos parlamentarios no hubieran dado bastante animación á las calles de la villa, los estudiantes se encargaron de poner lo suyo. Unos en huelga, por la ley discutida en el Senado, y otros por despedir al insigne Caja! que marcha á recoger su premio, ello es que se manifestaron también bullangueros y liberales por esas plazas de Dios. Por la noche hubo en Novedades estreno ae Los corrigendos, una obra de las de aquel teatro y de las de aquel público; Trovador, con do de pecho y todas sus consecuencias en el Real; vientos de fronda para el Gobierno y fresquito como la nieve de Guadarrama para los madrileños. TRISTEJORNADA TT os conclusiones se deducen de la jornada de ayer: una consoladora, pero transitoría y por lo mismo ineficaz; otra triste y trascendental. Consiste aquélla en haberse demostrado por vez primera que en este país de la riqueza de la retórica, de la opulencia de la oratoria, triunfa