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A B C SÁBADO i. DE DICIEMBRE DE J 9 O 6 PAG. 5. EDICIÓN i. LOS MINISTROS NUEVOS 1) PEDRO RODRÍGUEZ DE LA BORBOLLA, MINISTRO DE INSTRUCCIÓN PUBLICA D. ANTONIO BARROSO, MINISTRO DE GRACIA Y JUSTICIA D. ELEUTER 1O DELGADO M I N I S T R O DE H A C I E N D A Casoria, Casadova y Manuna Duquesa, que- idejaron buenos discípulos. No me he detenido en Rimini, ni en San Benedetto, ni en Falconara, Fano, Riccione y otros pueblecillos donde hay Hospicios marinos, porque están cerrados y no ofrecen nada nuevo. Tengo de ellos descripciones y fptografías muy instructivas. Vamos á Venecia y pasamos leguas y leguas de tierra cultivada, verde y fecunda de la provincia Emilia, una de las más ricas de Italia. Bueyes blancos, de cornamentas de antílope, que recuerdan la form de las liras idílicas perpetuadas por la escultura antigua, cruzan lentamente la campiña. Los árboles sirven de tutores á las vides, bien llamadas pomposas por los poetas, las cuales se unen unas á otras formando largas y bellas guirnaldas naturales. Diríase que con arreglo á una mitología campestre, coro de ninfas danzarinas se transformaron en robustas y útiles plantas al morir los falsos dioses. A medida que nos acercamos al Véneto, la hojas de los árboles amarillean. Son los albores del invierno, y al llegar á Maraño observamos que el sol se va debilitando, como cuando amenaza lluvia. No se nota viento de tempestad; se siente, sí, frío sutil Cuando pasamos por las lagunas nos damos exacta cuenta de lo que ocurre. Es la niebla; una niebla espesa; mejor dicho, nubes húmedas que dejan ver retales de camino, pero que descienden con irritante insistencia, borrando las lejanías. ¡Qué triste nuestra entrada en Venecial En pleno día la luz era de lúgubre anochecer. Aquellas góndolas negras, aquellos canales de ¿ua negruzca y sucia; las voces quejumbrosas de los gondoleros que conducían con suma precaución sus barcas; los palacios y casas cerradas y silenciosas... La falta de vida, y sobre todo, el no ver ninguna de las maravillas que la fotografía y la pintura nos habían mostrado tantas veces, haciéndonos soñar con Venecia, produjeron en nuestro ánimo angustiosa depresión. Al desembarcar no hallamos noticias de España, ni siquiera periódicos. Hace siglos, muchos siglos, en la plaza de San Marcos hubié- CARTAS A MJM 1 XV II CÓMO HE VISTO Á ÑAPÓLES. LOS CAMPOS DE EMILIA. VENEC 1 A. HACIA EL ADRIÁTICO. ENTRADA EN EL INVIERNO. ¡POST NUBII. A FHEBUSl y cruel entre Qué contraste tan extrañolujo tan estos gran los refinamientos del en des hoteles, ocupados por millonarios que se visten de etiqueta para comer y viajan con espléndido boato, y la existencia indolente, viciosa y famélica de la clase popular de Ñapóles. Los extremos se tocan, con grandes ascos de la miss altiva y perfumada que contempla con sus dorados impertinentes al lazzaróne, que sonríe al verla, cínico y desdeñoso, pidiéndola un soldó que gasta en macarrones ó en la lotería. Los sedimentos de grandeza y de miseria de tiempos pasados se perpetúan en esta tierra. Al entrar en el interesante Museo Nacional, contemplamos las hermosas figuras de la antigua estatuaria; las facies serenas, idealizadas, de Emperadores y Dioses; las incomparables formas de Apolos, Venus y amorcillos; los rudos torsos de Hércules y atletas; las atormentadas y rugosas facciones de los filósofos, y cuando estudiamos los restos semivivientes de! a desventurada Pompeya y examinamos el refinamiento artístico en los menores detalles de objetos vulgares, y adivinamos, por no querer verlo todo, el repugnante relajamiento de costumbres en que vivían aquellas gentes, sentimos el anhelo de que la humanidad futura sea más sana, más noble, más pura. Para comprender la psicología del viejo Reino, basta detenerse ante las estatuas que adornan el Palacio Real. Allí están los duques y reyes de Ñapóles, desde Roberto el Normando, cubierto de acero, dominador y severísimo, hasta Víctor Manuel, on la espada en alto y la mano izquierda sobre el pecho en actitud épica. Carlos V, ceñudo, señala, con el índice de la mano derecha el suelo, mientras oprime con la sirfiestra el cetro. Carlos vestido de gala, con fisonomía plácida, encasquetado el tricornio enorme, parecido al que llevan aún algunos clérigos, ocupa otra hornacina, y cerca se halla, en actitud -t f D. SANTIAGO ALBA, M I N I S T R O DE M A R I N A Fotografías Compañy. de tenor de ópera, squel desequilibrado y funesto Murat, de quien tan mal recuerdo tenemos los españoles. Tantos accidentes históricos han contribuido acaso á que la rapiña sea en este golfo una forma de vida; ratería astuta, constante, pertinaz. Para combatirla, funciona una Sociedad que trata de defender al forastero, por el buen nombre de la ciudad. Pero yo he visto el vicio disfrazado de beatitud y altivez, falsas ambas. Un carretero blasfemo se descubría ante un altarillo que en el fondo de una calleja lucía misticas luminarias; el cochero, que trató de explotarme, bajó la cabeza ante la viril amenaza; la Prensa me refirió brutales atentados. La culpa está en lo viejo, en lo malsano. La regeneración moral vendrá con la física, gracias á los