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A B C DOMINGO 25 DE NOVIEMBRE DE t 9o6. PAG. 4. EDICIÓN i. den no es precisamente conservador. Se acusaba á la mayoría de indisciplina, y hasta se pedía para ella la pena de muerte como para una soldadesca amotinada. Y en el primer combate se la ha visto ordenada y unida alrededor iel Gobierno. Hay en ella caudillos poderosos, oradores insignes que habrían podido con su palabra, y tal vez con un mal ceño, abrir la fosa al Ministerio. Acaso los fieles lo temían y los enemigos lo esperaban. Y de esos caudillos ha venido el ejemplo de cohesión y de fraternidad que faltaron en ocasiones señaladas á los mismos que acusan de dolo á los liberales. Fray Ejemplo ha debido de remorder, más que cien sermones, la conciencia de aquellos conservadores que lanzaron la bomba de su palabra á la cabeza de Gobiernos correligionarios. Las altas inteligencias directoras ven claramente que, habiendo predicado la unión cuando presidieron Gabinetes, no tendrían derecho para desertar cuando otros hombres representan en el Poder á su partido. Prediquen hoy con el ejemplo, y así mañana les sobrará autoridad para exigir el apoyo recíproco. Los días presentes son de amenazas y riesgos por todas partes. Si sólo peligrara el Ministerio, verían con indiferencia su ruina los muchos españoles á quienes no interesan ya los nombres ni los hombres. Pero peligra el cuerpo de doctrina liberal, que no es cuestión de hombres, ni aun programa de partido, es cuestión nacional y programa de vida moderna. La reacción, á la que van saliendo mal las cuentas, lucha ya á la desesperada y á cuerpo descubierto. No fía el éxito á la propaganda ni pública ni subterránea. Lo fia al hecho de la obstrucción, y para ella se juramenta y conjura. Tomen los liberales nota de ello y tengan fe en que la democracia salvará á la patria. EUGENIO SELLES menos benévola con la presidencia, no perdería el tiempo en estos ruegos Y estos ruegos prosiguen, y al cabo, el Sr. Lerroux, que espera silencioso, erguido, inmóvil, á que finalice este pequeño diluvio presidencial, puede volver á usar de la palabra. -Señor presidente y señores diputados- -dice el Sr. Lerroux- -cuando se ocupa ese banco ministerial, ó esos escaños de la mayoría liberal y de la minoría conservadora, yo comprendo que no se puedan hacer ciertas manifestaciones; pero cuando se ocupa este escaño en que yo me siento, se tiene el deber de recoger los estados de la opinión pública y decir la verdad. Otra vez interrumpe al orador el señor presidente. -Su señoría Sr. Lerroux- -dice- -es un diputado de la nación española, y S. S. como representante de la nación, no debe querer que se creen inconvenientes á España. Pero el Sr. Lerroux no atiende estos sabios consejos del Sr. Canalejas, y, ya un poco exaltado, con voz vibrante, habla de los sucesos de Rusia, que se han desarrollado durante el interregno parlamentario, que no han merecido que aquí se levantara una voz de protesta y que son el oprobio, la deshonra y la vergüenza de... No se oyen las últimas palabras del orador; el Sr. Canalejas le interrumpe y golpea ruidosamente con la campanilla sobre la mesa; muchos diputados gritan y protestan; por las puertas de la sala penetran precipitadamente los que se hallaban en los pasillos. Y el señor presidente, gritando, dice que allí, en Rusia, se trataba tan solo de altos personajes) que hacían no sabemos qué, pero no de otros poderes. Y cuando termina el presidente, el señor Lerroux, con voz enérgica, exclama: ¡Yo ciuiero cumplir con mi deber! ¡Yo Impresiones parJ amentarías Eran las t r e s de ja tarde. El Sr. Lerroux después de formular varias preguntas, se ha vuelto hacia el presidente de la Cámara y ha dicho: -Y ahora, señor presidente, voy á hacer una manifestación. Se ha detenido el orador en una brevísima pausa y á continuado: -En la Cámara o tuguesa se ha desarrollado un acontecimiento que no puede ser indiferente... -Sr. Lerrux- -le ha atajado el presidente de la Cámara- -Su Señoría sabe que no es práctica que se discuta en el Parlamento la conducta de una Cámara extranjera, y mucho menos cuando se trata de sucesos que afectan á altos Poderes. Las breves palabras del Sr. Letioux y la interrupción del señor Canalejas hacen que se produzca en el salón un profundo silencio. Todos sospechamos qué es lo que va á decir el diputado republicano; todos nos disponemos á presenciar un ruidoso incidente. El sresidente de la Cámara continúa lablando; él dice que conoce cuáes son las intenciones y los propósitos del Sr. Lerroux; él trata de disuadir de su intento al representante de Barcelona. Yo- -dice el Sr. Canalejas- -si se tratara de una persona menos atenta. quiero rendir el nomenaje de mi protesta y nu cariño á aquellos compañeros que en Portugal protestan contra el poder Real... lina explosión de gritos y protestas interrumpen al orador. Y éste, con voz más fuerte, entre el estruendo de la Cámara, prosigue: ¡Ellos encarnan una aspiración de la patria española! Ya no es posible oir claramente al Sr. Lerroux; el escándalo y el tumulto se reproducen; gritan los diputados monárquicos; el señor Nocedal, dirigiéndose á ellos, vocea: ¿Y la libertad de la tribuna española? El Presidente logra imponer silencio y dice que ésta es una opinión personal del Sr. Lerroux Después, el Sr. Gullón, seráfico y beatífico, se levanta y dice que el Sr. Lerroux quiere apartarnos á nosotros del concierto europeo Claro está que el Sr. Lerroux no quiere tal cosa. -Ei concierto europeo, señor ministro de Estado- -grita el Sr. Lerroux- -consiste en allanar las fronteras que separan los pueblos, en hacer á todos los pueblos hermanos, en destruir todo lo que se oponga al libre paso de la justicia y del progreso, en no volver la vista hacia el pasado, en no vincular los intereses de una nación en dinastías y familias... Otra vez el escándalo se produce en la sala Gritos, protestas, golpazos sobre los pupitres, resuenan en los escaños monárquicos. Y el orador levantando los brazos á lo alto, exclama: ¡Y es una aspiración, y es un deseo santo, sacratísimo que sobre el solar de la patria ibérica se extienda un pueblo único! Se ha adherido el Sr. Junoy á lo manifestar do por el Sr. Lerroux y con esto ha terminado el incidente. Como yo relato lo más saliente de la sesión de cada tarde, he creído un deber el recoger, con fidelidad, sin poner nada por mi parte, este episodio. Añadiré qu en los bancos de la minoría republicana sólo se hallaban sentac os en estos momentos los Sres. Isabal, Junoy, Jesús García, Nougués, Mayner y Lamana. AZOR 1 N UN INCIDENTE PARAGUAY Y LOS OBREROS D E BEJ AR Nuestro corresponsal en Béjat nos informó oportunamente poi t e l é g r a f o de las negociaciones cambiadas entre los obrercs bejaranos y la República del Paraguay, dándonos un extracto de la contestación del presidente de dicho Estado. Pero como este documento es tan elocuente y sugiere muchas y tristes consideraciones, creemos conveniente darlo íntegro á nuestros lectores. Dice asi: Asunción, Octubre, i 3 1906. Sr. D Eduardo Alísente, presidente de la Junta central de la Confederación obrera de Béjar. Su excelencia el señor presidente de la República ha recibido la nota firmada por usted y los demás presidentes de Sociedades obreras en Béjar, y me ha encargado contestarles que en el Paraguay serán recibidos cariñosamente todos los hombres de trabajo y de bien. El Gobierno está dispuesto á pagar el pasaje desde Montevideo ó Buenos Aires hasta ¡a Asunción, y alojarlos gratuitamente á su llegada. Los obreros todos ganan aquí salarios como no los ganan en otras partes del mundo, siendo EL OBSTÁCULO ETERNO Eli -jQUÉ ES ESO? ¿UNA BARRICADA? Eu- -NO. EL BLOQUE DE- 1. AS- -DERECHAS. (De Gedeón.