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ABC. JUEVES 22 D NOVIEMBRE DE 1906. PAG. 5. EDICIÓN 1. tación. Las figuras de los tapices, á fuerza de mirarlas, parece que adquieren leve movimiento. El que tenemos enfrente representa á Jesucristo en casa de Simón, le unge los pies María con costosos perfumes. ¡Qué hermoso es el cuadro! ¡Qué beatitud amorosa en la figura del Salvador! ¡Qué expresión de sorpresa indignada en los que contemplan la escena! En vano deseo adivinar en qué punto del edificio me hallo, para una vez fuera reconocer la ventana del salón donde estuve; estoy desorientado. Otros señores y señoras, vestidos de etiqueta como nosotros, están sentados en sos á través de la mansión donde reside el Vicario de Cristo. Salió el soi, y cuando entrábamos en el patio XIV de San Dámaso daban las once en el reloj de I A ROMA ANTIGUA. ENTRADA EN EL V 5 TICANO. LA San Pedro; la vibración ronca é intensa del VISITA AL PAPA. EN EL MUNDO DE ÍA FE. UN REbronce diríase que es el eco difuso de la voz TRATO DE PÍO X, HECHO POR UN ESPAÑOL uando se transpone el puente de S- Ange! o de un gigante, cuyas palabras se difuman por y se da frente al famoso castillo, la vetusta el espacio. Hallamos los soldados, cuyos pinmole Adriana, y se sigue por el Bosgo Yecchio, torescos uniformes, demasiado pintorescos quicamino del Vaticano, parece que entramos en zá, ya conoces por cuadros y fotografías; cruun mundo distinto. Roma pagana, con sus im- zamos por el cuerpo de guardia que precede á las antecámaras, y nos entendemos ya con los ponentes ruinas, es una inmensa osamenta carcomida por la caries. Su coloreo de mues- eamareros de traje rojo y los ujieres de frac. tra que todos los poderes en decaden- CARTAS A MI MI C ci d Y tu cv te at 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 i Ci 1 I. y i 1 I i 1! ffiS... AUGUSTAS VIAJERAS MADRID. LLEGADA DE LA CONDESA DE PARÍS (i) Y DE SU HIJA LA PRINCESA LUISA DE ORLEANS 4 SS. MM. LAS REINAS DOÑA V I C T O R I A (2) Y DOÑA MARÍA CRISTINA (3) Y S. A. R. LA I N F A N T A DONA TERESA (5) QUE ACUDIERON A ESPERARLAS A LA ESTACIÓN DEL NORTE Fot. A B C. galerías interminables, naves y capillas inmensas, donde se hallan profusamente acumulados sepulcros, estatuas, cuadros, maravillas arquitectónicas y decorativas. Allí están todos los santos, todos los mártires, todos los Papas. Junto á las advocaciones diversas de la Virgen, yacen los restos de Príncipes y magnates, pero casi siempre en altares y criptas, se halla la Ptetá, el grupo doloroso de la Madonna afligida, sosteniendo el cuerpo de su divino Hijo, La piedad, sí, queridísima niña; la inmensa piedad nos acompaña. Ella guía nuestros paPrimero nos hacen sentat en un vasto salón ta- derredor de la estancia. Todos experimentan pizado de damasco rojo; un gran crucifijo se singular emoción, á juzgar por los rostros ruborosos y las miradas brillantes y húmedas. halla sobre una consola, escabeles de madera El silencio es completo. Mi mujer tiene los circundan la sala adosados á los muros. Un poco más tarde, lo mismo que en las interminables ojos medio cerrados. Reza. La espera es breve. En otro salón, de pie audiencias de los palacios Reales, pasamos á otro salón menor, modestos todos relativamen- ante un trono vacío, están erguidos y gallardos te si se les compara con la opulenta riqueza de los guardias nobles; permanecemos pocos momentos allí, y nos invitan á pasar á otra estanlas demás partes del Vaticano. Estamos en el piso segundo, que resultaría quinto en una de cia más pequeña, donde hay otro trono, tamnuestras calles. Grandes cortinas blancas tami- bién vacío. Según los relatos de personas que estuvieron zan la luz que se diluye por las estancias con tibia placidez que invita al silencio, á la medi- á ver á León XI 11, éste recibía sentado, y ante