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A B C MIÉRCOLES n DE NOVIEMBRE DE 190 PAQ. J I EDICIÓN 3 LO DE BÉJAR POR TFLEGRAPO 21, m, En el salón del Béjar, sexos, 9 para estudiarmitinmanera Progreso se ha celebrado un de obreros de imbos la de llegar á una tnteligencia inmediata con el Gobierno de Paraguay. La proyectada emigración se anunció á todas las Repúblicas americanas; pero únicamente el Paraguay contestó, ofreciendo paternal protección á cuantos obreros üejaranos quieran trasladarse á aquella nación. El secretario de la Federación textil, señor Valle, tuvo pendientes de su voz á más de 2.000 obreros, acordándose que si el Estado americano les concede el viaje completo, emigrarán todos. Producía un efecto dolorosísimo ver aquella multitud que adoptaba decisiones tan aventuradas orno si se tratase de una fiesta ó de un viaje pintoresco; no menos dolor causaban las palabras de los obreros, quienes repetían; Pa- a morir de hambre en nuestro pueblo, remos á morir donde Dios quiera. Bendita sea la emigración... El Godierno del Paraguay, según documentos que tengo á la vista, les ha hecho á los bejaranos inmejorables proposiciones. Les ofrece hasta 40 hectáreas de terreno por cada cabeza de familia, y un quinquenio de exención de tributos, siempre que demuestren honradez y laboriosidad, virtudes que les sobran á los bejaranos. Cúlpase de todo esto á los industriales de Béjar, y yo niego que sean culpables estos industriales, que son los primeros en lamentar el estado actual de cosas, y que se muestran tan abatidos como los obreros, palpando las consecuencias de la última huelga y del conflicto industrial que acarreó á Esoaña la guerra última. Los Fabricantes de Béjar luchan hoy con la carencia de mercados, pudiéndoseles calificar de heroicos, pues que resisten los perjuicios tremendos de la cuestión social; si respetables son los derechos del obrero, tan respetables son los del industrial, y son muchos los patronos que, aun perjudicándose en sus intereses, procuran mantener muchas familias de operarios, dándoles faena. Es tan aflictiva la situación de los obreros, que hay familias que se sostienen con dos libras de castañas cocidas, y continuamente se les oye decir: Valiera más que nuestros gobernantes se ocuparan dentro del santuario de las leyes en estos asuntos tan trascendentales, como son la industria y la agricultura, fuente de riqueza de la nación, y se dejasen del matrimonio, sea civil ó canónico, y otros discursos por el estilo que el pueblo está harto de oír. Reina orden completo en la población. -C. ¿UN NAUFRAGIO? POR TELEFONO chichaco, pidió auxilio. Par prestírselo salieron varios vapores que llegaren hasta 29 millas mar adentro sin encontrarle, y no puditttdo continuar sus pesquisas por I violencia del temporal regresaron a puerto. Se ha telegrafiado á lo, de la costil cantábrica sin que en ninguno de ellos hay noticias del Mures, por lo cual se le considera perdido. Hacía el buque de referencia el servicio de cabotaje por esta costa. Cuatro de los marineros que lo tripulaban f que habían sido destacados en botes para pedir auxilio, entraron en B rmeo, p r no pudieron hacerse de nuevo a 1 m. par haberse desencadenado una galerna espantosa. A esta deben su salvación. Los que se suponen aíiogados, ten: e! capí tan José Sánchez, de veintiséis años, casado, de Ortigueira, cuya esposa, que se encuentra en cinta, vive en GÍJÓJI; JW- muel Suaces, de catorce años, sobrino del anterior, cocinero, también de Ortigueira; el maquinista Víctor, de treinta años, de Gijón, y un fogonero cuyo nombre se desconoce y hact su segundo vi ají en el Mieres. Se ha calmado el temuor -Craz. TJilbao, 20, i ra. Se tienen temores acerca del destino áe vapor Mieres, que salió de Bilbao con rumbo á Bermeo. Desde Bermeo cuentan que el domingo se le vio á la altura de aquel puerto, con la hélice rota y sin gobierno, aguantando penosamente el temporal; por ser éste muy. fuerte, no pudo socorrerse al buque, cuyo paradero se ignora. Corresoonsat. Sebastián, i 3 m. San ciéndose el aparadero Continúa desconodel vapor Mieres, que salió el sábado para Gijón, á cuya matrícula pertenecía, y que ayer, á la altura de Ma- LA BOMBA DEL VATICANO OR TRt- PGRAI D o m a 21, lo m. A pesar del premio ofre cido y de las activas pesquisas policíacas, continúan ignorados los autores de los sientados del café Aragno y de la Basílica de San Pedro. El Messageto publica una cartn del sei disttni criminal, que ha impresionado fuertemente, por lo mismo que fue este periódico el que Dredijo- el atentado á h BJS! ica. Es probable que las calles de Roma queden desiertas á la 1 egada del Rey de Grecia, po temerse una sorpresa al pa de la comitiva. 276 BIBLIOTECA DE A B C tOS SECRETOS DEL DOCTOR SÍNTESIS i usted pueden comprometer indirectamente el resultado final de tantos esfuerzos. -A ver. Dígalo usted en seguida. -Pues bien; la gente murmura. ¿Eh? -Están descontentos y no tratan de ocultarlo. -Lo comprendo hasta cierto punto. Están aquí nmovilizados hace más de siete meses entre el agua y el cielo, sin distracción alguna, y no es extraño que estén descontentos; pero es preciso imponer la disciplina y castigar á los que se resistan. -Ya tengo 10 hombres en el calabozo, los mejores marineros. ¿Y los contramaestres? -Son cómplices. ¿Cómplices de qtié? -De una conspiración urdida para apoderarse de nosotros, encerrarnos, abandonar el laboratorio y escapar á Australia. Los tripulantes del Ganges están comprometidos también, y, si mis noticias son exactas, la conspiración estallará antes de ocho días. Al oir esto, el Dr. Síntesis, por primera vez desde hacía veinticinco años, soltó la carcajada, con lo cual el capitán, que no le había visto nunca ni- sonreír siquiera, quedó desconcertado. ¿Conoce usted el motivo de la conspiración? -Sí, conozco los motivos. El primer síntoma data de) día en que faltó el carbón. -Y eso ¿qué les importa? Supongo que no se queja, rán de frío. -Claro que no; pero al ver que oespués de quemar las cajas, los barriles vacíos y las vergas para calentar las máquinas, empieza usted á destrozar la arboladura... ¿Qué? Mis buques son míos y me propongo arra sarlos, sin consultar á nadie, para procurarme combustí- dos de Christian se confundían con los rumores de la Naturaleza. Sin embargo, como al amanecer la selva queda silenciosa unos momentos, la persistencia de aquellas inconscientes lamentaciones acabó por despertarla. Jnquieta, atormentada cruelmente puf el ñamare, extrañando no ver á su amigo en pie ya, dirigió á stt alrededor un, mirada impaciente y vio á Chnstian tendida en e! suelo y oyó su nombre prununciaao entre do 1 suspiros. En aauel momento salió el sol, con la rapidez prop de las regiones equinocciales y desapareció la niebla, como en una decoración de teatro. Ana se levanto asustada, y al ver al capitán inerte y con las señales de un espantoso sufrimiento, dejó escapar un grito de angustia. ¡Se muere... 1 ¡Dios mío! Y este pensamiento la protluio más horror que la soledad que la rodeaba. Sin darse cuenta de lo que hacía y tal vez creyendo ó esperando que ella iba a morir también, sentóse cerca ds él. colocóle la cabeza cariñosamente en su regazo, enjugó el sudor que cqrría por el rostro de Christun y le llamó esperando advertir un movimiento, un gesto, un nitrada que indicara la vuelta del enfermo á la vida, ¡Nadal -Así pasaron horas y horas sin que ella tuviera noción del tiempo transcurrido, cuando comenzó á producirse en Christian una ligera reacción; secó el sudty, y desapareció la rigidez de los miembros; la respiración siempre agitada, era más regular sin embargo Indudablemente dormía, y aquella era la ocasión opotr. tuna para una medicación enérgica que e iura la repetición del acceso de ñebre. Un ligero ruido le hizo levantar la cabez En otro momento cualquiera el espectáculo que se ofrecí á so vista la hubiera aterrorizado; pero cu U de ánimo