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C. MÍERCGLES 21 DE NOVIEMBRE D E 1006. PAG. 8. BD 1 C 3O N LO QUE DICEN LOS TELEGRAMAS dad. Y estos telegramas, que aparecen como aislados y sin sentido de unidad, que reflejan íiechos sucedidos en diversas partes del mundo, tienen, sin embargo, como los versos de I as dos secciones más sugestivas, más carac- un poema, ¡a rítmica relación de un canto, un terísticas y que más cosas dicen á la ima- canto casi siempre doloroso. ginación, son, indudablemente, la sección de Tres telegramas han corrido en estos días telegramas y! a sección de anuncios. Los anun- las columnas de los periódicos, intensos y sucios nos dan la vida interior de la sociedad, gestivos los tres. Uño hablaba de un túnel de exenta de adornos y disimulos; los anuncios Norte América, que cuando lo es tán horadannos revelan que la mitad de los hombres civili- do los obreros, se hundió y dejó muertos á cenzados padece de dispepsia, y que ¡a otra mitad no tenares de hombres... Otro de fos telegramas tienequécomei: enfermedades del estómago contaba que en Méjico, al hacerse unas exea- dando tras el brillo del oro; abren túneles que servirán para comunicarse á las ciudades, para llevar ideas, cifras y mercaderías, para labrar piezas de oro, para darle desarrollo al progreso; pero los túneles, los puentes, las minas, se hunden, y la humanidad tiene muchas veces que preguntarse: ¿No nos está costando muy caro el progreso, sobre todo el progreso á base de oro? América está relumbrando continuamente Jo mismo que una admirable joya de oro. La ambición europea mira desde lejos aquel brillo dorado, y salta por todos los peligros, cruza el EN LA CASA DE MATERNIDAD 1 i X. f. I, i 1 íV -1. l l w v -f iW Fot. A B C MADRID. VISITA DE S. M. LA REINA VJCTOR 1 A A LA INCLUSA EN LA TARDE DE AYER dicen por una parte los anuncios, delatando la gula; se ofrece un hombre para cualquier empleo dicen por otra parte los anuncios, delatando el hambre. Los telegramas son asimismo interesantes, reveladores de mi! cosas ocultas. El telegrama del periódico es una síntesis filosófico- social del mundo, es la pulsación de la humanidad. Yo suelo á veces leer los telegramas como en un estado de alucinación; se me figura que son vibraciones ó ecos de una epopeya descomunal, no epopeya rimada artificiosamente, sino epopeya vivida en realidad, la epopeya febril, caliente, hermosa ahora y sangrienta después; la profunda é inquietante epopeya de la humanivaciones, apareció un tesoro formidable por valor de i5 millones de francos y compuesto de monedas, vasos é idolillos, todo ello de oro, y herencia, sin duda, de la dominación española... Y el otro telegrama, que chorreaba lágrimas, decía que medio pueblo de Béjar se disponía á emigrar á América, huyendo del hambreó buscando, acaso, el vellocino de oro... Estos tres telegramas eran muy fáciles de hilvanarse; los tres tenían un origen, América; los tres hablaban de lo mismo, ambición, y los tres sugerían una imagen, el progreso, este famoso progreso que tantos sacrificios le cuesta á la humanidad. Los hombres buscan el oro, ponen su mira en e ¡oro, van rodando y su- mar y marcha á la conquista de la joya de oro Pueblos enteros se despueblan; dicen que es t hambre quien les arrastra, pero acaso ser principal y ocultamente el brillo seductor át aquel oro americano. Y América es siempre grande, pasmosa, llena de misterios, y para España es siempre América como un arca de secretos sorprendentes; nuestro pasado dominio en aquellas felices tierras es un continuo motivo de revelaciones. Cuando el terremoto arrasó á San Francisco quedó en pie la torre de una iglesia espa- ñola, y aquella torre pareció engreírse y demostrar á los nuevos señores, los yanquis, Qu. z España era allí mucho más vieia, más legaS