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SUPLEMENTO DE cA B C VIERNES 9 DE NOVIEMBRE DE i9o6. i í i I íl i I S í i! I, h fl CUENTO DE ANDERSEN Dues señor... En China, como todos sabéis, el Emperadores un chino, y su acompañamiento, chino también. Hace muchos años que ocurrió lo que voy á contar (y ésta es una razón más para contarlo, para que no se olvide) el Emperador tenía por palacio la más hermosa maravilla del mundo. Era todo él de porcelana tan sumamente delicada, que hacían falta grandes precauciones para tocarla. En el jardín se veían las flores más magníficas. De las más preciosas se habían colgado campanillitas de plata para atraer la atención de los paseantes. Todo estaba ordenado minuciosamente en eí jardín del Emperador, el cual jardín era tan grande, que ni el jardinero había tenido tiempo de recorierlo todo. Extendíase hasta una selva llena de grandes árboles y lagos profundos. Descendía la selva hacia un mar del más precioso azul, y los grandes barcos podían bogar bajo sus ramas. Vivía allí un ruiseñor que cantaba maravillosamente. Hasta el pobre pescador que tenía tantos desvelos, se deíenía de noche á escuchar al pájaro cuando cantaba. De todas las partes del mundo acudían extranjeros á ver la ciudad imperial; el palacio y el jardín les admiraban, pero cuando oían al ruiseñor, exclamaban todos: Esto es lo más hermoso de todo. Lo contaban luego en su tierra y los literatos escribían libros sobre el palacio y el jardín, pero lo que más elogiaban era el ruiseñor; los poetas dedicaban preciosos versos al cantor de la selva, junto al mar. Estos libros, recorriendo el mundo, llegaron al Emperador, que al ver lo que decían preguntó: ¿Y qué es eso? ¡El ruiseñor! ¡No lo conozco! Llamó á su gran chambelán y e. dijo: -Debe de existir aquí un pájaro que se llama ruiseñor, y dicen que nada hay más bello en todos mis dominios. ¿Por qué nunca me han hablado de él? -En mi vida he oído su nombre- -dijo el gran chambelán; jamás ha sido presentado en la Corte. -Pues bien, que lo traigan á mi presencia esta tarde para que cante delante de mí. El mundo entero sabe que yo poseo esa maravilla y sólo yo Jo ignoro. -Yo buscaré- -dijo el chambelán, y subió y bajó á todo los pisos y recorrió salas y corredores de Palacio, sin encontrar nadie que conociera al ruiseñor.