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Sft AÑO CUATRO. NUM. 664. CRÓNICA U N I V E R SAL ILUSTRADA. 1 ¿MADRID, 7 DE NOVBRE. DE 1906. NUMERO SUELTO, 5 CÉNTIMOS jidos, apoyándose en estos considerandos, reclaman con insistencia que, en beneficio del país, tanto desde el punto de vista comercial como bajo el aspecto político de la cuestión, no abandone Francia el mercado español á nuestros rivales, y que un Tratado de comercio, con la base de concesiones mutuas, se ultime pronto, sin excluir sistemáticamente ninguno de nuestros productos de exportación. es una rueda inútil Pero antes de entrar dilucidar estos problemas, el Sr. Mataix se indigna un poco porque nosotros, los españoles, odo lo copiamos de Francia. Pedimos, por ejemplo, la supresión de la pena de muerte; podíamos pedir también la supresión de los tenientes generales. ¿Es esto justo? Decía el señor ministro de la Guerra que en un ejército de 80.000 hombres sentaban mal cuatro capitanes generales. Mas, ¿es verdad que nuestro Ejército consta de 80.000 hombres? ¡No, no- -exetama el orador- -nuestro ejército, con infracción de la ley, llega á 83.000 hombresf No es mucha la diferencia de 80 á 83; no son estos 3.000 hombres cíe más tos bastantes á justificar los cuatro capitanes generales. El orador reconoce, desde luego, de una ú otra manera, que hay desproporción entre el número de soldados y estas cuatro elevadas jerarquías. Sin embargo, aun haciendo este reconocimiento, ¿es que se pueden hacer desde el banco azul fas declaraciones gravísimas que ha hecho el general Luque? Nunca- -dice el señor Mataix; -nunca, desde el siglo XYII hasta ía fecha ha habido en el Ejército español menor número de capitanes generales que ahora. Y si se examina la manera como se cubrió la última vacante, se verá una cosa curiosa. En 1895 se publicó una ley reduciendo á cuatro el número de capitanes generales; ocurrió entonces una vacante. Y ¿en quién se proveyó este alto cargo? La ley era del Sr. López Domínguez; el Sr. López Domínguez era ministro de la Guerra; el Sr. López Domínguez se dio á sí mismo el tercer entorchado. En la Cámara se producen algunos murmullos. El orador pasa á poner de relieve otro aspecto de la cuestión. ¿Por qué se regatean estos honores de capitán general? ¿Por qué no quieren concederse? Vamos á ver lo que ocurre con los cardenales y con los grandes de España. En nuestro país tenemos cuatro cardenales. ¡Ojalá tuviéramos más! exetama ei orador. ¡Todos los Gobiernos- -añade- -han creído un honor el que hubiera un cardenal más! ¿Hay razón, por lo tanto, para que se niegue á los tenientes generales el honor que, en distinta esfera, se concede á los prelados? Dice el ministro de la Guerra que después del desastre colonial no ha habido ocasión para que los tenientes generales hiciesen méritos; pero, ¿es que- -pregunta el orador- -los han hecho acaso las personalidades á quienes desde aquella fecha se les ha concedido el alto honor de la Grandeza de Espara? Ahí están- -aña de- -el duque de Tovar, el duque de Arévalo del Rey y el marqués de Pacheco No se puede, pues, negar á los ten ntes generales el honor y la dignidad. ¡Cuan injusto es negar á los tenientes generales- -eicctama el Sr. Mataix- -el honor que no se regatea á los caballos de la Escolta Real, que tienen más ración de cebada que todos los del Ejército juntos! Dice después el orador que el Sr. Luque ascendió en 1899 á teniente general, quedando postergados otros once señores que tenían más mérí tos que él; insinúa la sospecha de que este espirita de economías no se extienda á las demás secciones del presupuesto, v con esto termina su discurso. Yo he procurado reflejarlo fielmente, sin po ner ni quitar comentario. De 80.000 hombres consta nuestro Ejército; cuatro capitanes generales suponen un gasto excesivo. Somos un país pobre; necesitamos caminos, canales, ferrocarriles, escuelas, AZORIN MADRID AL D 3 A Continué ía lluvia. Efectos de ella hubo hundimientos en algunas casas de la calle de Segovia, con lo que se demostró una vez más que las nubes son poderosos auxiliares de la urbanización de Madrid. La Reina Victoria regresó de Málaga. 4 La Corporaciones provincial y municipal no celebrara afortunadamente, sesión. En Ja Audiencia fue absuelto el acusado de JhoraicrSié en la persona de un compañero suyo de oficio, y comenzó á verse otro proceso emo. cionante: ei de muerte y robo á una mujer por idos hombres, para quienes se solicita la pena apital. En ei Congreso debate animado sobre eso de la provisión de dos Capitanías generales, porque aunque parezca mentira, hay quienes creen que todavía necesitamos más capitanes generales. En el Senado, sesión muy del gusto de los venerables señores, para dormir la siesta. Sucesos callejeros, varios: desgracia de un cochero que se cayó del pescante por haberse convertido en motor de alcohol; intento de parricidio de uno de los innumerables héroes de navaja que pretenden cortar con ella el nudo gordiano; dos robos; un intento por el acreditado caco el Pintor, á quien esta vez le salió wal el cuadro, y otros sucesos menudos de los que dan poco que hacer á la Policía. Por la noche, nada... un anciano casi muerto y un joven herido, ambos arrollados por un automóvil de Correos, en la plaza de Isabel 11. Puede e! baile continuar. LA CUESTIÓN VASCONGADA TTan despojados de espíritu de partido, tan independientes nos sentimos y á tal grado de fe llega nuestra conñanza en la prudencia y en el patriotismo de las comisiones vascongadas que están en Madrid tratando con el Gobierno la renovación del concierto económico, que quisiéramos guardar silencio en tanto que esos trabajos se realizan, por estar convencidos de que la oficiosidad periodística, el buen deseo muchas veces, puede malograr, extraviando á la opinión, trabajos beneficiosos para las provincias y para el Estado. No de otro modo se explica que al tratarse de esa cuestión se incurra en errores que se propagan formando un ambiente hostil contra unas provincias que sólo disfrutan de una autonomía administrativa, de la cual son merecedoras porque con ella dan al Estado lo que el Estado las pide y merced á ella y á la virtud de sus administradores se desarrolla y prospera su riqueza regional. Lástima grande que siendo tan visitado aquel rincón de España resulte en ocasiones solemnes tan desconocido. Algo ha rectificado ayer el Gobierno la imprudents especie que deslizó el día; anterior. Falta luce la moderación para no caer en un equívoco lamentable y en tina injusticia fatal. Por eso juzgamos indispensable una gran prudencia por parte de todos, de allí y de aquí: de las provincias que esperan y de los poderes que han de resolver. Mal consejero es el arrebato popular, y pésimo lo es también la irreflexión oficial. Por el bien de todos se impone la calma. Las mutuas exageraciones sólo pueden conducir á un mal mayor EL TRATADO CON FRANCIA algur. os una moH emos publicado áhacerebaja dedías derechos ción contraria la los sobre los vinos españoles, adoptada por el grupo vinícola de la Cámara francesa. A dicha moción han contestado los industriales franceses de la Unión franco- española con la siguiente declaración, que Mr. Lourties, vicepresidente del Senado, ha entregado al ministro de Comercio. Considerando que ios derechos aduaneros sobre los vinos extranjeros no son, como lo afirma el grupo vinícola de la Cámara, de 12 francos por hectolitro, pues debe añadirse á esa cifra el impuesto de consumo interior del dlcohol á partir de los 12 grados; Considerando que la mayoría de los vinos españoles que entran en Francia tienen 12, 14 y más grados, y que á razón de 12 francos por hectolitro, esos vinos pagan en realidad 14,20 Jos de i3 grados, 16,40 los de 14 y 18,60 los de 15; Considerando, además, que los gastos de transporte y otros varios ascienden, para los vinos españoles, á unos cinco francos por hectolitro; Convencidos de que una ligera reducción, fie esos derechos, principalmente para los vinos que alcanzan de 12 á 15 grados, no perjudicaría ¡os intereses de la vinicultura francesa; de que esta reducción podría hacernos recuperar parte de nuestra exportación de vinos comunes, Los representantes de la industria textil y del comercio, reunidos en el local de la Asociación general de la industria y dd comercio de te- IMPRESIONES PARLAMENTARIAS La anunciada interpe W Sr. M. t ix había despertado cierto interés en la Cámara. Asistieron á la sesión de ayer varios señores tenientes generales que tienen su asiento en el Senado. El Sr. Mataix comenzó diciendo que el asunto merecía un detenido examen. Sospecho que estoy s o l o dijo á continuación- -pero no me pesa, si con migo está la razón ¿Piensa hoy el señor ministro de la Guerra lo mismo que pensaba ayer? pregunta á seguida el orador. Sí- -agregó el Sr. Mataix; -el señor ministro de la Guerra piensa hoy lo mismo que ayer, y yo me veo en la estrecha obligación de hablar. Ya á hablar, pues, este distinguido diputado. Y lo primero que quiere él poner en claro es si es necesario en el Ejército el cargo de capitán general y si, como se afirma, este cargo C L TERCER ENTORCHADO