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Á B C. MARTES 6 E NOVIEMBRE f E rc s 6. PAG. 5. EDICIÓN í? Sóeta y el buen patriota obtuvo un triunfo me jrecido. v l i e aquí su poesía: ooi- -k callc- de Peligros, veo en una lotería cL doscientos veintidós y, -para que te horrorices, ese número tan fea (dicho sea acá ínter nos) despertó dentro del alma el insólito deseo de adquirirlo, vive Dios! Quedé absorto contemplando los tres doses del billete, y dos voces resonaron en el fondo de mi ser una voz decía: ¡Pasat y otra voz gritaba: Vete! ¡Qué tremendas son las luchas del deseo y del deber) Pero tú me. habrás de hacer la justicia de pensar que yo no quise ceder, S que yo me obstiné en luchar, aunque allí me retenían poderosas sugestiones, conseguí el vigor de mi energía concentrar en los talonea y partí. Y mi paso acelera Unas y más, y avancé sin volver la vista atrás, haste que... para escándalo y ludibrio de propósitos y fines, al llegar junto á la esquina de la calis de Jardines... ¡me planté! Allí vi que los alientos de mi ser me abandonaban allí vi de qué manera la obsesión me perseguía, pues- cual tres patitos negros, los tres doses navegaban por el piélago insondable, de mi laca fantasía. ¿Me creerás, mi dulce amigo, si te digo que volví á la. lotería? Sí; volví. Hero ante el décimo que atraía y fascinaba; mis deseos más vehementes, advertí que no llevaba las pesetas suficientes. ¡Inte aquel feroz conflicto, quedé un punto estupefacto, y en el acto resolví que era preciso ir á casa por dinero; pero... no se va en un periquete de la calk de. Peligros hasta la del Sombrerete, ni se vuelve en un instante desde allí; por lo cual, considerando que el asunto era apremiantes desistí. Varias calles recorrí con el alma dolorida, sin encontrar ¡pesia mí! una cara conocida, y en Pomb o conmigo di. Mas no sólo ó conmigo, porque, en ja mesa de enfrente me encontré con un amiga de verdad. ¡Mira qué casualidad! Referirle brevemente el conflicto en que me háílal a, darme lo que me faltaba, despedirme sin demora, correr á la lotería con las diez pesetas justas que aquel décimo contaba, obra fue de un cuarto de hora. Y cuando llegué, rendido de correr... m aquel lapso de tiempo, el billete apetecido ¡lo acababan de vender! No es preciso que te. cuente el dolor ¿jue me produjo ver frustrado mi deseo; pero al día subsiguiente, aue era el día del sorteo, I previas las indicaciones de una oersona entendida y perita en la materia, adquirí la verdadera lista grande corregida SALUDO Á B C y Blancoy Negro me destinan. él alto honor de comenzar la fiesta, saludando á la Prensa bonaerense por encargo y en nombre de la nuestra N o tengo que decir que no merezco tal representación. Todos lo piensan; pues jamás delegado más humilde tuvo misión de tanta trascendencia. -Pero hagámonos cuenta de que, á veces, por un favor de la fortuna ciega, un soldado bisoño, obscuro y torpe, Ja enseña santa de la Patria lleva y á su paso! os Príncipes se inclinan; vjüra el clarín y los cañones truenan, ¡que el último soldado es el primero, cuando tiene en el puño la bandera! Por eso acepto y el encargo cumplo; porque Ja suerte caprichosa ordena que, en tal solemnidad, se alce en mis manos c glorioso estandarte de la Prensa. Sulud, ilustre compañero. Víeneí hasta nosotros de remotas tierras donde en su juventud, la madre España sembró guijarros y nacieron perlas. Sé bien venido, y que contigo lleves cordial abrazo de amistad sincera para nuestros hermanos periodistas que hablan y escriben nuestra propia lengua, Díles de nuestra parte, cuando cruces las olas encrespadas y revueltas de zhZ mar, que las naves españolas azotaron audaces las primeras, que en el viejo solar, que han devastad turbiones y pedriscos, aún alientan la hidalguía y la fe que florecieron v def vetaste cas ti lío entre las piedras, y que en el pecho de la madre vive, á pesar fe las luchas y las guerras, el amor de I05 hijos que se fueron, fundido en el amor de los que quedan. Di también á la América española que aquí esperamos que de alia nos vengan; aires de juventud y de- alegría que el vigor y la raza nos devuelvan, porque eí añoso roble carcomido en la ííanura gris se agosta y seca, y es eso lo que España necesita: que la prestéis vosotros ¡savia ttuuevai Ye, pues, en paz, ilustre compañero; yo inclín en honor tuyo la bandera, y saluda á la Prensa bonaerense por encargo y en nombre de la nuestra, divertidísimo pasatiempo que revela el ingenio del autor y el- talento artístico del actor. El auditorio celebró mucho la representación JF colmó de aplausos á Santiago, que representó otro de sus mejores monólogos Rosario Pino, siempre bella y siempre sri tista, representó con la Sra. Quijada y los se ñores Llanos y García Leonardo, el boceto de comedia de Benavente, Sin querer, bocado literario exquisito, al que la admirable actriz da más valor, poniendo su talento al servicio di tan buena obra. El auditorio hizo una verdad dera ovación á los intérpretes de Sin querer. Mensajero dejpaz, la delicada comedia deEusebio Blasco- representada por María. Guerrero y la Srta. Cancio y por Fernando MendozaJ Suriano, Biosca, Juste y Urquijo, constituyó uno de los números más notables de la; fiesta ¿Para qué señalarlos primores de ejecución de los eminentes María y Fernando, que trabajaroa como trabajan siempre, y si cabe, mejor que nunca llevados de su entusiasmo y deseosos de contribuir al homenaje rendido al señor Paz, su amigo y admirador en Buenos Aires, y su amiga y admirador anoche en Madrid? La concurrencia tributó calurosísimos l sos á María Guerrero, que, como siempre, vistió con suprema elegancia, á. Mendoza y áj los demás artistas del clásico teatro. La Sra. Valveisde y el Sr. Rubio, secundados por la Sra. Martí y el Sr. Domus, de Lara, representaron después Mañana de sol, esa deliciosísima comedia de los hermanos Quintero, testimonio de su lozano é inagotable ingenio. Bellísima la producción, inmejorables los intérpretes. Mañana de sal es siempre una mañana de sol aunque se represente de noche y en día como el de ayer. El auditorio demostró su entusiasmo aplaudiendo frenéticamente á los de Lara. Lucrecia Arana, la simpática, la gentil Lucrecia, la cantante número uno de nuestras ar- tistas de zarzuela, la incomparable cantadora de jotas, enloqueció al auditorio con la de La J iojanica. Cada copla arrancó una tempestad de ¡bravos! y de aplausos. Fue este número, Icomo nota alegre y nacional, el digno remate dfe la brillante fiesta. Lucrecia Arana puso todo su talento y todas las arrobas de sal que tiene cuando canta, en esta rúbrica de la velada. Sería difícil- -y nos faltaría espacio para insertarlo- -hacer la lista completa de las personas que asistieron á la fiesta. Publica. mos algunos á continuación y pedimos. perdón anticipado por las comisiones involuntarias en que seguramente incurriremos. Marquesas de la Laguna, Angudin, Prado Alegre, Casa Arnao, Camarines y Torrelavega. Condesas de Pinofiel, Sagasta y Reqtiena. Señoras y señoritas de Paz, Zea, Ranero, Selles, Romea, Chao, Calderón, Melgarejo, Ochando, García Leániz, Cuadra, Massa, Labastida, Molina- Laserna, Gracia, Rosales, Salcedo, Jimeno de Flaquer, López Sánchez- Octavio, Fe Retortillo, Castel! Martín Luna, Luca de Tena, viuda de García Torres, González Wercruysse, Prendergast, Longoria, Osorio Gallardo, Jaén, Ortiz, Chiralt, Comas, Machimbarrena, Barroso, Lecea, Cánovas del Castillo, Pérez del Pulgar, Villasuso, Borbolla, Salafranca, Rodrigáñez, Sancha, Rivera, Gamero, Vázquez Armero, Tercero, Arnao, Sacro Lirio, Onís, Castro, Castelain, Barroso, Rojo Arias y Cuenca. Señores Canalejas, Jimeno (D. Amalio) Rodrigáñez, Martín Rosales, Cortinas (D. Leopoldo) Viesca (D. Rafael) Catarineu, Bueno (D. Manuel) -Gómez Baquero, Martos (don Cristino) marqués viudo de Mondéjar, conde del Real, Selles, Barcia, Esquerdo, del Val, Salvador, Pando y Valle, Almela, Alvarez R. Villamil, Quero! Pulido, Gayarre, eomde- de Pinofiel, Alba, marqués de Valdeigiesias. CONCURRENCIA Caries Luis de Cuenca es. aunque nos esté fñstl decirlo, por tratarse de uno de los de casa, tan ingenioso poeta como maravilloso lector. Su fama es merecida. Anoche hizo pasar uíi tato agradabilísimo á nuestros visitantes con la gracia de sus versos y la de su lectura, que son Mos gracias diferentes y un solo prodigio verdadero. í 1 Leyó la poesía siguiente: Nadal A mí que no me vengan más con meteáulidades inverosimilitudes, incomprensibilidades y demás. ir Esta visto qae. cn el mundo no hay más que casualidades. rNada más! ¿Quieres un ejemplo vivó 1. Aquí me tienes á mí. Yft ves tú q e me conoces casi desde que nací. ¿No es así? Pues tú, que desde chiquitito conoces mis aficiones, cB si en mí vida pasada, fuera deí marra y el chita de la Iberia. Fueron mis ojosfen pos del número consabido, y ¡alabado sea Diosf El doscientos veintidós. ¡nada! ¡no había salido! Ya ves. tú qué circunstancias tan extrañas y casuales. Porque es lo que digo yo: Si aquel día no me pasa todo lo que me pasó. ¡pierdo yo cuarenta reales! y justicias y laannes, me has visto jugar á nada. fVerdadJqae no? Pues lo mismo he seguido siendo luego; y ¡lego á la edad madura, y ya ves tú cómo llego: que me nombras un entres f 6 me cuentas ín secreto que has casado una pastura. T ó que te han tirado el pego, t y. nada, no sé lo que es. con estos precedentes, al pasar el otro d i i A continuación, y ante los insistentes aplausos del auditorio, recitó como un consumado poeta otras dos poesías, Mi gracia y Arqueología, que le valieron dos nuevas ovaciones. José Santiago, el popular actor cómico del Español, tan querido de nuestro público, hizo un monólogo del que es autor, Pies y Manos,