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A. B C. DOM KrGO 4 DE NOVIEMBRE DE i9 z 6 PAG. 8. EDICIÓN 1 A Italia se la respeta y se la admira por el pasado y por el presente. Este pueblo inmortal conserva incólume su grandeza. Una fe intensa vibra por todas partes, y al acercarse á Roma el alma creyente, la pagana, la abrasada por el amor, fuente de vida, la indiferente víctima del más frío y pasivo egoísmo, todas experimentan un estremecimiento inexplicable, muy hondo que abruma, asombra, subyuga. Amaneció al acercarnos á Roma. El cielo estaba encapotado, gris, tempestuoso; llovía sin descanso. Vimos el mar á lo lejos, nos pareció lúgubre, como el de las costas del Norta en día de galerna. La sombría silueta de los acueductos romanos, el campo monótono y árido, la misma entrada en la ciudad que despertaba, contribuyó también á entristecernos. Cuando el viajero vuelve al hogar todo le es grato, pero cuando piensa que tiene que recluirse en un cuarto desconocido ó lanzarse por las calles, desconocidas también, entregándose á la brutal venalidad del cochero, no pudiendo deletrear paso á paso el camino, estudiando tipos y cosas, su angustia es infinita y está á punto de renegar de todo. Pensando en la obligada rapidez del viaje, no tuve tiempo de desesperarme; emprendimos una inevitable excursión por la ciudad, cuyos comercios estaban cerrados, como domingo. Después de cir misa en la espléndida y admirable iglesia del Gesú, próxima al hotel, emprendimos, digo, la obl gada serie de visitas que debíamos hacer, y en nuestra mente brotó con insistencia el deseo de todos: ver al Papa. Parecíamos chiquillos acongojados que en medio de la soledad desean acercarse á su padre, y nunca se puede decir también con más razón, que acogerse á sagrado. Sigue lloviendo, mañana continuaré. EL DR. FAUSTO Roma, 14 Ocluiré 1906. LOS AMORES DE UN TORERO W l A C H A Q U I T O El idilio amoroso de Angeles Clementson y Rafael González Machaquito, que el domingo sancionarán solemnemente un sacerdote en nombre de la ley divina y un juez en representación de la ley humana, tuvo sus comienzos, de un carácter insuperablemente poético, en la noche de uno de los primeros días de Agosto de 1904. Aquella tarde había toreado Rafael en la plaza de Cartagena, rayando á la altura en que le coloca siempre su corazón bravio. Angeles, espléndida de hermosura, orlado su rostro encantador por la clásica mantilla blanca, había asistido desde un palco á la corrida. Para el joven diestro no había pasado desapercibida la presencia de aquella belleza; más de una vez su mirada, elevándose á la altura material é ideal de aquel palco, se había encontrado con la que despedían los negros y relampagueantes ojazos de aquella beldad. En la noche de aquel día secelebraba una kermesse de caridad, á beneficio de las Siervas de Jesús, en el muelle de Alfonso X) Distinguidas y bellas señoritas se hallaban encargadas de la venta de distintos artículos. Angeles Clementsón no podía faltar en aquel nobilísimo concurso. Luciendo en su cuerpo gentil, esbelto, arrogantísimo, rico mantón de Manila, tenía á su cargo la venta de champagne. Machaqmio visitó la kermesse en compañía de varios de sus íntimos. Hizo galantes compras por respetable cantidad. Allí se vieron, ya más cerca, el diestro triunfador y la hermosísima morena del palco. Sus miradas se cruzaron i menor distancia. El diálogo se entabló al tenor siguiente: Rafael. ¿Cuánto vale una copa á. trcj ¡am ¡ague servida por esas manos? EL PRJNCIPE DE SAJÓN! A Y LA PRINCESA MARÍA INMACULADA DE BORBON ¡B 1 CIL 1 AS. FOTOGRAFÍA DE VAN UKKEL, HECHA INMEDIATAMENTE DESPUÉS DE VERIFICADA LA CEREMONIA RELIGIOSA EN CANNES CARTAS AMIMl Xll SUEÑOS Y ENSUfcÑOS. LO QUE HACE ITALIA. EL PAÍS DE LA FE. ENTRADA EN ROMA. LO QUE IODOS DESEAN. 1 I na hermosa señora, vestida de negro, es taba en la sala donde Boticelli, Filipo Lippi y Filipino se habían recreado en representar vírgenes, santos, ángeles y arcángeles de suma belleza. Destacan la mayor parte de las pinturas en fondos dorados, constituyendo una maravilla de rica y delicada decoración. La vi sentada junto á un caballete; á cierta distancia exhibía una preciosa copia que casi n podía diferenciarse del original. La elegante dama nos miraba con cierta tristeza, y parecía decirnos: ¿No os gusta? ¿La queréis? ¡Os la daré por muy poco... Se leía una resignada y noble pobreza en el rostro y continente de aquella interesante persona. También había adivinado otras amargas historias semejantes, al ver cabezas, juveniles ó encanecidas, inclinadas ante la labor difícil y penosa del copista... Los visitantes pasaban, pasaban, devorando con los ojos las obras maestras rápidamente. con glotonería grosera, como deglute el viajero retrasado su ración en el buffet, sin advertir al pobre ó al animal hambriento que le miran humildes esperando en vano la limosna ó el mendrugo. Estas cosas pequeñas, percibidas en el breve espacio de algunas horas, se me habían entrado en el corazón, y durante el sueño apesadillado é inquieto que me invadió al acostarme en el vagón- cama, camino de Roma, me pareció que la viuda era la propia Florencia y que sus hijos desgraciados, víctimas de la decadencia, títulos sin pan, dedicados á humildes menesteres, quedaban llorosos entre estatuas, lien zos, fotografías, libros y postales sin vender. Pero a 1 propio tiempo bullían, en derredor de lo antiguo, gentes nuevas, trabajadoras, activas, intrépidas, resucitando á una vida de progreso. Habían conseguido sacudir la tutela del franco y humillarle en la Bolsa ante la lira; tenían, sí, apariencias de pobres; pero eran espléndidos y fastuosos como antaño. Esta evolución se ha ido realizando en pocos años, con asombro y envidia de los pueblos europeos.