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ÜAÑO CUATRO. NUM, 661. CRÓMICA UN 1 VER AL ILUSTRADA. S MADRID, 4 DE NOVBRE. DE 19.o6. NUMERO SUEL. TO, 5 CÉNTIMOS LOS REYES EN MÁLAGA RÓNICA T E L E F Ó N 1- Llegaron los Reyes. A reCA. SÁBADO, 3, 11 N c i b j r o s y v 700 PALABRAS torearlos con- -entusiasmo ha acudido Málaga entera. En su espansión de hoy se ha presentado como un pueblo eminentemente monárquico. No ha sido sólo el de v de ver cómo es la Reina lo que ha llenado calles, paseos y muelle durante todo el día; á tal deseo, cuya existencia no hay para qué negar, se unió el de expresar nuevamente el afecto á nuestros monarcas, afecto sincero que ninguna razón egoísta puede empequeñecer. Pasaron rápidos en su coche, dejando una estela de vítores y exclamaciones de entusiasmo. Los hombres decían con ligeras variantes de frase: Es mucho más bella de lo que aparece en las fotografías Las mujeres expresaban su parecer repitiendo que es preciosa que ¡Dios la bendiga! I AS CIEN M I L SALA d e m á s de los cinc C Victoria, y el pueblo los vio desde lejos y prorrumpió en ¡vivas! y aclamaciones más entusiastas aún que por la mañana. El desembarco fue un cuadro de una animación extraordinaria. No se podía contener la muchedumbre que rodeaba el carruaje, que se agolpaba y se estrujaba para ver otra vez al Rey y que seguía al coche corriendo. Los Reyes no fueron á la Victoria, ni á Barcenülas; fueron á pasear á la Caleta hasta el Limonar. Y regresaron de allí. Un paseo de cuarenta minutos; pero que dio al pueblo malagueño lo que pedía: la ocasión de ver á los Reyes una ve má. JOSÉ CAMPO MORENO. MADRID AL DJA p 1 tiempo, como si una ráfaga huracanada hubiese llevado á Madrid en bloque á ori lias del Cantábrico en día de temporal del Noroeste. Bueno; pues si encima acierta el dicho vulgar de que como el 3, todo el mes contaremos con un Noviembre divertidísimo. También se reunieron los ediles madrileños; esta vez con los asociados, para discutir los presupuestos del interior. Examinaron los siete capítulos primeros. Tantos como pecados capitales- ¡La política, sosísima. En el Congreso no hubo ni gente. El único momento de amenidad fue cuando un diputado, el Sr. Sastrón, se lamentó de que no se hubiese hecho constar el discurso que pronunció la tarde anterior, y que nadie pudo oír porque la Cámara estaba entregada á otro más dulce pitorreo. No podía, sin duda, tolerar el agraviado que su distrito ignore lo que él ha dicho, y de ahí su enojo, que resultó como desasirán. Sucesos callejeros hubo varios, ninguno de gran importancia. Por la noche estreno, con buen éxito, de La ráfaga en la Comedia. Estaba en carácter el título de la obra con las caricias que durante el día nos prodigó el blando Eolo. nuestra Marina de Guerra, que con el Pelayo, donde se alojan S S M M componen la escuadra d i instrucción, están en el puerto el magnífico acorazado francés Jeanne á Are y cinco cruceros ingleses. Suman entre todos una cantidad de cañones asombrosa, aunque no tanto como la de disparos que han hecho durante el día. A la llegada de los Reyes á la estación hubo salvas en el puerto, contestadas por el Drake y el buque francés. Cuando SS. M M embarcaron en el muelle, nuevas salvas; se repitieron Jos cañonazos al llegar los Monarcas á bordo, cuando visitó D Aifons. 0 el Drake y el Jeanne á Arc, cuando estuvieron los príncipes de Battenberg en el Velado y cien y cien veces más. No era suficiente haberlos visto por la manana; todo el mundo ansiaba poder contemplar nuevamente á los Reyes, y sin pararse á pensar que el largo viaje exigía un reposo proporcionado, se daba como seguro que bajarían á tierra por la tarde. Afirmaban unos que irían al templo de la Victoria. Tanto se creyó as! que la Hermandad estuvo esperándolos horas y horas. Decían otros que irían á BarcenMIas á visitar el convento donde se encuentra una monja que fue profesora de las hermanas de D Alifonso, y á Barcenülas se fue un gran núcleo de gente, abundando el elemento femenino, pintorescamente ataviado con pañuelos de Maíiila y mantillas blancas. Otros, ateniéndose á lo seguro, esperaban á pie firme en el embarcadero: si los Reyes venían á tierra, por allí habían de pasar, y desde ¡as tres de la tarde estaba el muelle repleto. Iban y venían botes y lanchas de vapor ingleses, franceses y españoles; repercutía el estampido de los cañonazos: los Reyes no venían. Las tres, las cuatro, las cinco. Empieza el crepúsculo. Ya no vienen se dijeron muchos; pero no abandonaron su puesto. VAS DE HOY b u. es f A D O N D E VAN? FALSOS PROFETAS C n t r e las varias señales que caracterizan la política pequeña de esta decadencia del arte de gobernar, se cuentan la femineidad y la injusticia. Cometíanse antes injusticias con el adversario: era la injusticia de la pasión sectaria. Ya sólo queda la baja injusticia del egoísmo particular, porque no hay verdaderos adversarios de ideas, hay tenderos que tienen su tienda enfrente; no defienden el género, defienden la ganancia. Cosas son éstas que se están viendo y tocando ahora, con ocasión de los proyectos de ley presentados á las Cortes. En conciencia y en justicia ha de reconocerse y proclamarse que la obra del Gobierno es abundante, rápida y acertada en cuanto á los objetos adonde apunta. ¿Será también acertada en cuanto á lps medios? Acaso no. Y séalo ó no lo sea, siempre habrá que agradecer y alabar el intento, la honradez y el valor, que han faltado á otros p N MALAGA Por fin, á las cinco y vein- hombres y Gobiernos. Pero es de notar que te apareció una lancha de antes de salir de los Gabinetes ministeriales y vapor que cottducía á D Alfonso y á doña cuando eran sólo estudio y propósito los pro- yectos, ya estaban en injusto entredicho y anticipada reprobación. La política seria procede de los hechos, por los hechos y para los hechos. La política al uso actúa por imaginaciones, conjeturas y adivinanzas propias para entretener una tertulia de mujeres. El Gobierno presente no es capaz de acó meter reformas de tal magnitud que los anteriores no se atrevieron á intentarlas. Le falta personalidad, talla para la empresa. Esa fue la conjetura primera. Y este Gabinete modesto, que es un Gabinete de excelentísimos señores, pero no eminentísimos señores, aparece un día con sus proyectos de leyes reformistas. Lo cual probará en último caso que la política es un arte inferior no necesitado de altos talentos ni sublimes elocuencias, sino de otras más subalternas facultades del espíritu: la memoria y la voluntad; la memoria para recordar los compromisos y la voluntad para cumplirlos. Y con esa voluntad y esa memoria se rehacen y se agrandan los políticos chicos, así como por sus olvidos y flaquezas se deshacen y menguan los que parecieron grandes. Y entonces se dijo: ¡Ah, pero la Coroni no autorizará la presentación de tales proyectos! Esta fue la segunda conjetura, verdadero agravio al Monarca, á quien se suponía no jefe del Estado, sino jefe de un partido é instrumento de prejuicios sectarios. Los proyectos, como era natural, salieron firmados de la regia cámara. Y luego se dijo: r ¡Ah, pero las CorUs no los aprobarán! Tercera adivinanza, tan fuera de razón como las anteriores. ¿Y por qué no han de aprobarlos! ¿Porque son leyes de color democrático? Pues precisamente por eso y para eso es democrática esta mayoría, elegida bajo los auspicios del primer Gabinete liberal. ¿Será acasc porque no todas las fracciones de ese maltrecho partido están conforme con las reformasi Pues discútanlas, modifíquenlas, enmiéndelas hasta llevarlas á la perfección. De otra suerte, será lícito pensar que este no es caso d conciencia ni de principios; es caso de bajas emulaciones y envidiosos celos. Y habrá qut decirlo con franqueza y valor, óigalo quien la oiga y duela á quien duela: los proyectos na gustan á los primates liberales porque no los han hecho ellos. ¿Y por qué no los hicieron en sus días no cortos de mando? ¿Por recelo d de que la Corona no los autorizara ó poi miedo de que los autorizara? ¿Por desconfianza de que las Cortes no los votaran ó por temor de que los votaran? Pero miren bien lo que hacen los primates díscolos y las huestes que les siguen en el Parlamento. Porque si esperan volver al Gobierno por esa encrucijada, se equivocan. Y deben equivocarse. La derrota de ios proyectos no será sólo 1 del Ministerio: será la derrota del liberalismo consumada por los mismos liberales. ¿Y qué sucedería? ¿Otra postura del partida en estas mismas Cortes? ¿La disolución pedida por los mismos jefes? El poder moderador les diría con razón: ¿Para qué más dilaciones ni mái interinidades inútiles? He dado tiempo, medios, firma para cuanto me habéis aconsejado, y Habéis desaprovechado firma, medios y tiempo. Y además, debo creer que el país rechaza vuestra tendencia política cuando la rechaza la representación nacional, órgano legal por donde se comu nican los pueblos y los Reyes. Procede, pues, un cambio de política, y no son, ciertamente,