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A B C SÁBADO 3 DE NOVIEMBRE DE ij o6. PAG. 6. EDICIÓN i cuerpo echado hacía atrás y el ligero bastón fon puño de plata entre las manos. De pronto íc hizo un piofundo, un ansioso silencio, y vimos de pie al S r Moret. Eran las cinco y cinco. El S r Moret comenzó á hablar con voz tenue, suave; él, según decía, se levantaba con la (impresión de una p. ofur. d- 4 defección Dos amigos suyos, ca UrAr. -interiores, habían dirigido sus palatst t cortra el Gobierno; esto apenaba al señor Moret; esto? amigos suyos, como él decía, tenían s; i nuda ite la disciplina un concepto nuevos. Kí Sr. Mcrct estaba erguido, inmóvil; sobre su negra, larga levita destacaba la i 2ii chr. gris de su barba; un pañuelo que asomaba las puntas discretamente por el bolsillo, hacis resaltar sobre el pecho una, motita blanra, de nieve. El Sr. Atcret va animándose 1 poco á poco. Yo, señores- -dice- -mantengo cuanto he afirmado antes; pero si llegara á ser m: voto cuestión de vida para el Gobierno, yo votaría con el Gobierno, porque por encima de mis ideas, está mi concepto de la disciplina y mi amor al partido Aquí está ya expresado lo substancial del discurso del Sr. Moret; en la Cámara se produce un largo rumor; al fin hemos salido de la ansiedad en que estábamos sumidos desde hace días. El orador quiere ser breve; no viene más que á esclarecer unas sombras; él nos ruega que le escuchemos con benevolencia. Y el Sr. Moret se inclina sobre el banco, revuelve unos papeles y torna á erguirse teniendo cogido en la mano derecha un diminuto folleto con las tapas rojas. Mientras tanto, todos hemos aprovechado la breve pausa del orador para respirar ampliamente; se oye un estrépito de toses. Después, cuando el Sr. Moret reanuda su discurso, unos siseos que parten de todos los lados de la Cámara reclaman atención y la sala vuelve á quedar en un profundo silencio. Se ha dicho que existía un pacto en este asunto; no es cierto; no hay tal pacto. Y á propósito de esto el Sr. Moret desearía que en casos como el presente no se usara de esta palabra, sino de otra más adecuada, de inteligencia, por ejemplo, de manera común de entender una cosa. Al llegar aquí el orader, se oye una voz que dice: ¡Pido la palabra! Es la voz del Sr. Maura; todos se vuelven ha: ¡a el jefe de los conservadores; un murmullo corre por los escaños. Y el Sr. Moret contilúa su oración; ahora lee textos de sus discursos; protesta de que éstos hayan sido mal interpretados, amañados habla de la segunda columna, de los Tratados, de abstrusas y sutiles materias económicas. Yo no le seguiré en ste terreno; ello sería enojoso para el lector. Lo importante es que el Sr. Moret no quiere de ninguna manera que las cuestiones nacionales, las que afectan al país, se hagan políticas. ¡Yo me dirijo á los jefes de grupo- -exclama el orador- -para que eviten estas confusiones! a Y á seguida dice: He venido á poner las cosas en su lugar, pero luego á decir: todo lo que dije antes, aquí está mantenido por mí ¡Para evitar sediciones entre nosotros- -añade- -es para lo que yo estaré siempre aquí! Un aplauso entusiasta, atronador, resuena en el salón, y el señor Moret se sienta y comienza á beber un vaso de agua. El intermedio de esta sesión nos lo han ofrecido el Sr. Gullón, el Sr. Sala y el S r Roig y Bergadá. El S r Gullón, este viejecito con su bigotito blanco y su mosquita, también blanca, se nos ha indignado ayer un poco. El quería que supiéramos nosotros que ellos, los liberales, han venido á hacer una porción de cosas; que ellos las harán; que ellos aman la democracia; que ellos tienen dos leyes que ellos no temen la muerte, y que si la muerte viene, ellos dejarán tranquilos á la historia estas dos leyes, estos dos documentos En cuanto á los otros dos señores citados, uno de ellos- -el señor Sala- -se declara libre de ia tutela dei Se. M o ret, y el otro el Sr. Roig y Bergadá, se queja amalgámente del mismo Sr. Moret, á qiuen él siempre ha admirado tanto Queden con Dios estos amigos y pasemos á la segunda parte del debate. Al levantarse el Sr. Maura, se produce en la Cámara un profundo movimiento de interés. El Sr. Maura espera en silencio á que los murmullos acaben; su barba blanca, de plata, destaca en la negrura de la levita; es negra también la corbata y resalta en ella una perla. La sala queda muda; la concurrencia espera ansiosa á que el orador comience su discurso. Y el Sr. Maura, con las manos apoyadas en el respaldo del banco delantero, principia á hablar en tono quedo, reposado. El partido conserdor ha guardado silencio hasta aquí; cuando llegue el debate político hablará y dirá en él- cuanto haya que decir. La voz del orador va subiendo de punto poco á poco. De pronto oímos una exclamación enérgica, impetuosa: ¡Estáis en un error- -dice el Sr. Maura; -yo no he de hacer sino alegrármele todo lo que sea vuestro bien! Ya el orador está entrenado; ya ha entrado en ese camino invisible, misterioso, por donde se camina como en vilo, sin sentirlo, guiados por una fuerza desconocida, por la inspiración. Este cambio, esta transformación sólo la experimentan los grandes oradores: el Sr. Salmerón, el Sr. Alvarez, el Sr. Canalejas, por ejemplo, en nuestra Cámara. La característica de la oratoria del señor Maura son los silencios, las pausas; es claro, limpio, enérgico, y de rato en rato, en su razonamiento pone un silencio que reposa el espíritu del auditorio y hace que la atención se reconcentre. Diríase que su oratoria da la impresión de leer en uno de esos libros que- -como quería Ruskin- -están impresos con claros tipos sobre nítido papel y con breves claros entre párrafo y párrafo. El S r Maura entra á examinar la cuestión que se debate. Su palabra sencilla, reposada, llega en ciertos momentos al máximum de la energía y de la fuerza; luego, pausa breve corta el discurso, y el orador torna á hablar con la misma voz tranquila y sobria de antes. Cuando el S r Maura ha terminado el examen de la materia discutida, dice: Yo no quiero molestaros más. Entendemos nosotros que el Gobierno debía marchar en armonía con las oposiciones. ¡Nosotros hemos dejado al Gobierno con entera libertad! ¡El Gobierno con una imprudencia de turismo veraniego ha contratado por debajo de la segunda columna del Arancel y ha echado á rodar la política del Sr. Moret! Está bien- -añade el orador; -hacéis lo que os parece y aquí estamos nosotros para juzgaros, y España para juzgarnos á todos. ¡Ya sabéis- -dice luego- -que estamos completamente desligados! Si persistís en vuestra conducta, nosotros haremos luego lo que creamos que debemos hacer en bien de la Patria que amamos Estas han sido las últimas palabras del ilustre orador. Los conservadores han aplaudido unánimes y el señor ministro de Hacienda se ha levantado á contestar. AZOR 1 N midos á partir del i.o de Enero de 1907; ei cupo de los demás pueblos, que asciende á 43,2 millones, reducido á 38 por las rebajas de la sal y del petróleo, se suprimirá en 1908 y en 1909 por mitad. Es decir, que el Tesoro tiene que encontrar 28 millones en 1907, 19 más, ó sean 47 en 1908 y 19 más, ó sean 66 en 1909. Para 1907 los recargos propuestos ascienden á 32 millones, que unidos á los ¡5 que producirá el monopolio de la sal y á los tres millones que darán los petróleos en las Aduanas, sumare 5o millones. Al cobrarse el impuesto de la sal en los pim- tos de producción y los derechos sobre el petróleo en las Aduanas, sólo son 66 los millones que es preciso buscar; los recargos suman 5o. Por lo tanto, si se hubieran encontrado 16 millones más, posible hubiera sido proceder desde luego á la supresión total del cupo del Estado, sin adoptar etapas y evitando la injusticia que hemos señalado y de que son victimas los pueblos. Un impuesto ó timbre sobre los billetes de lajoterís, un aumento del impuesto sobre transmisiones de bienes por herencia, serían suficientes, cada uno de ellos, para producir esos 16 millones. Además, quien con tanta facilidad ha sabido buscar 5o millones, bien podía haber hecho un esfuerzo para encontrar algunos más. Creemos firmemente que es posible suprimir desde luego y sin plazos el cupo del Estado, las cifras mismas del proyecto lo demuestran, y creemos que ha debido tenderse á evitar sorpresas desagradables, que es posible se produzcan si los cálculos son aventurados, que sí lo son, y si la realidad desmiente las previsiones del presupuesto. Pero lo más grave es que cooranao ei Te soro los recargos y nuevos impuestos en 1907 para substituir lo que por Consumos cobra únicamente en las capitales de provincias, na sabemos lo que hará en J 908 y en 1909 pava substituir su c u p o en los demás pueblos. ¿Habrá que crear nuevos impuestos? ¿Será preciso echar mano del superávit, que esta calculado en 42 millones? ¿Se cuidarán los Ayuntamientos de atender al Estado tanto como á ellos? ¿No volveremos al desastroso procedí miento de la Deuda flotante? Todo esto queda en el aire y siempre resultará que para substituir 28 millones se piden en 1907 5o millones al país, no siendo éste el único sacrificio que ha de hacer en el porvenir, pues s erá necesario, dentro de un año, encontrar 19 millones más y otros tantos dentro de dos años. La consecuencia de todo esto es que, con e! proyecto- de Consumos, tal como se ha presentado, peligra la nivelación del presupuesto, esa nivelación que es la pesadilla de todos los ministros de Hacienda y con la que justifican el mantenimiento del superávit. En otro artículo examinaremos las reformas tributarias, tratando de demostrar que no producirán lo que de ellas se espera. LOS PROYECTOS ECONÓMICOS ni 1 3 emos señalado en nuestro artículo anterior- ¡a injusticia que se comete con los pueblos, que seguirán pagando los Consumos dui rante uno ó dos años, y que mientras tanto tendrán que pagar también los tributos generales creados para substituirlos. Hemos demostrado igualmente que muchos de los arbitrios á los que, según el proyecto, podrán recurrir los pueblos para proceder á la supresión, no pueden dar resultados en los pueblos pequeños; nos fijaremos hoy en la supresión del cupo del Estado. Este cupo está calculada en 70,9 millones. Los 27,7 millones que corresponden al Estado en las capitales de provincias quedarán supri- FUNERALES POR UN ARCHIDUQUE POR TELÉGRAFO V íena, 2 7 1 Los funerales por el archiduque Othon, se celebrarán el día 6. INTENCIONADAS son las caricaturas que publica Geáeón el domingo. Trae también el popular semanario sus acostumbradas chirigotas, en prosa y verso, El papel vale más ...y avmas al hombro