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II ANO CUATRO. NUM. 65 9 CRÓNICA UNIVERSALILUSTRADA. SI MADRID, 2 DE NOVBRE. DE 19O6. NÚMERO EXTRA. 10 CÉNTIMOS té nante espectáculo ofrecido en Sevilla, de un reo que en las últimas convulsiones de la agonía, con las vértebras cervicales medio rotas entre dos argollas de hierro, intenta levantarse en un postrer espasmo de la vida, mientras e! verdugo y sus ayudantes le sujetan cruelmente dando vueltas á una manivela que no funciona, entablando afrentosa lucha para rematar á un hombre... Conviene analizar con toda frialdad (para que no pueda tacharse de impresionable la crítica) los asideros en que una escuela penalista tradicional y arcaica, funda todavía la persistencia de ese oprobio del humano progreso, que se llama pena de muerte, y al demostrar que la pretendida ejemplaridad de la pena, principal baluarte de sus defensores, sólo fue quimera enjendrada por cerebros ruines, caerá en tierra el aparato siniestro del patíbulo, que no sirve para evitar que á la hora misma en que se agarrotaban dos reos en la cárcel de Sevilla, cuyo delito y cuyo castigo han tenido en toda Andalucía terrible resonancia, un hombre- fiera mataba á una mujer sin ventura en las calles de Málaga... Pocas horas después, un desalmado asesina á otro hombre en La Línea. Ambos crímenes, cerca, muy cerca de Sevilla. Nos proponemos acometer esa tarea crítica, mesurada y prolija y nos proponemos también interrogar á las inteligencias directoras de la política, de ¡a legislación y de la ciencia en nuestro país para que públicamente manifiesten su opinión acerca de si debe ó no prevalecer en nuestros Códigos una penalidad cuya existencia parecerá inverosímil á 1 os futuros historiadores del siglo xx, aparejada con la historia del telégrafo sin hilos, de la aviación libre, de los trenes a más de cien kilómetros por hora, de ¡a materia radiante explorada y útil, de la radiografía, de la vacuna de las enfermedades infecciosas, de tantas sublimes conquistas de la ciencia... No es posible que prevalezca ese brutal resurgimiento de la fiera prehistórica que nos deshonra y nos envilece, perpetuándose al través de la civilización. primer momento. Tan cierto es, que la reali dad va siempre mucho más lejos que la fantasía! ¡Caramba con Ternandito- -que así le llamaban en Sevilla al veterano guardia sin que nadie sospechara que debería llamarle Ternandi la. A- -Lo que más asombrará á todos los comentaristas, es la firmeza de su raciocinio al pensar en un refugio para la ocultación de su cambio de naturaleza. En efecto, ¿dónde iba á estar más seguro aue en el Cuerno de Seguridad? A los que seguimos con cierto deleite la política recreativa de nuestro país, el caso del guardia sevillano no nos sorprende mucho, la verdad sea dicha. Estamos acostumbrados á ver otros cami n o s otras transformaciones y otras sorpresas mucho más imprevistas y mucho más estupendas! Salve rerum substantia, esta especie de trans mutación de valores la tenemos constantemente á la orden del día. Ya es un consecuentísimo liberal, que resulta á la postre un tremendo reaccionario; ya un conservador de toda la vida que á la postre se declara competidor de Riego... Ahora mismo, por ejemplo, esa obra eco nómica que iba á hacer la felicidad de todo el mundo, por la gracia de Navarro Reverter, ¿no ha resultado que sólo hará la de unos cuantos, que disfrutarán el monopolio de la felicidad? Y en fin, hoy nos encontramos frente á otro caso de Fernanditismo- -si ustedes permiten la palabra. -Sí, sí... Esta tarde sabremos si don Segis es el amigo del Gobierno, de quien tanto se viene hablando... ó lo otro! -Gil profanamiento, con todo el aparato que su aparato funerario requiere. Apretó el fresco; pero no impidió que mucha gente fuese á los cementerios á honrar á sus muertos alguna y á divertirse lo más posible otra buena parte de ella. P o r fortuna no ocurrió ningún incidente material en la jornada. Incidente moral, con la parranda basta. Hubo también numerosísimo público para Sos teatros. Don Juan Tenorio hizo de las suyas, conmoviendo una barbaridad á sus admiradores. Entre verdaderas Javieras, sátiras y parodias se registraron en la corte doce Tenorios, sin contar los que perpetrasen en privado las pléyades de aficionados que declaman los domingos y fiestas de guardar. Los estudiantes tuvieron magna reunión para acordar el tributo que ha ie rendirse á Ramón y Cajai. Merecieron doble aplauso por lo acordado y por haber aprovechado un día festivo, sin clase, por consiguiente, para reunirse. La política no mejoró, pero tampoco empeoró del pertinaz catarro que viene aquejándola desde hace tres días. Los conservadores Siguieron tosiendo fuerte. Las comisiones vascongadas llegaron á Madrid para tratar con el Gobierno sobre el concierto económico. De desear es que siga el concierto Falleció el insigne y veteranísimo conde de Cheste. Con él se va el último caballero de aquella España romántica, que llenó casi todo ei siglo xix. Sucesos hubo varios: un muchacho atropellado por un tranvía en la calle de Fuencarral, y un caballero agredido por su propio criado en la Bombilla, los más salientes. Por la noche, tranquilidad completa, salvo en los teatros donde Tenorio siguió todopasteando como diría el Modernista que se representa en Lara, y unas cuantas puñaladas, ¡las de costumbre! en la Manigua. En la Manigua había de ser. MADRID AL DÍA fiesta La todo eldel día SÍ celebró piadosamente con fervor propio de su solemnidad y LAS COMISIONES VASCAS A yer llegaron á Madrid, llamados por el Gobierno, los representantes de las Diputaciones provinciales vascongadas para tratar de la renovación del concierto económico que existe entre el Estado y aquellas provincias. Al dar la bienvenida á los comisionados les expresamos nuestro deseo de que obtengan un feliz éxito en los trabajos que van á emprender, y en los cuales ha de acompañarles la simpatía de todos los espíritus serenos. Cuando se oye hablar de privilegios refi riéndose al régimen de relaciones que el jiaís vasco mantiene con el Estado, se siente pena más que indignación, porque tan aventurados juicios son testimonio de esa ignorancia tradicional que tantas desdichas trae sobre España. Lo que patrióticamente hay que desear es que igual régimen pueda aplicarse á las demás provincias. El propio Estado es el primero en desearlo porque sus funciones serían doblemente fáciles, como lo son en aquellas provincias del Norte. Pero ¡ay! lo que es deseable también es qui las demás provincias se pongan en condiciones de administrarse sabiamente, honradamente, como se administran aquéllas. Ese es su privilegio, y no se lo deben al Estado. Es virtud suya, es patrimonio indiscutible que ninguna merced ni medida alguna de Gobierno les ha donado. No tienen, pues, la culpa si su ejemplo no cunde en el resto de la nación. Vienen á renovar un derecho, no una gra cia, Traen la legítima- representación de un país ABOLICIÓN DE LA PENA DE MUERTE OSOTROS, SI La ley está cumplida. -Los reos de Peñaflor han expiado ya en el patíbulo su tremendo delito, y sin que nadie pueda ver en los móviles que nos aguijonean punzantes y dolorosos, otro interés que el de la defensa de los fueros de la civilización ultrajada, podemos acometer una campaña cada vez más urgente. Es preciso abolir del Código la pena de muerte, ese latigazo de la barbarie que nos azota el rostro, dejando huellas de sangre que no pueden borrar ni la piedad del indulto, ni el ilusorio derecho que la sociedad se abroga de castigar la muerte con la muerte. Es preciso romper esa fatal cadena de delitos que á despecho del tiempo nos amarra todavía á un atavismo degradante, que nos hace aparecer como sedientos de venganza más que de justicia. Al formular enérgicos nuestro voto, meditado y sentido, en pro de la abolición de la pena de muerte, protestaremos con todo el vigor de una conciencia sobresanada, del repug- POLÍTICA RECREATIVA P E R N Á N D I T O M e supongo los gra -c ¡o s o s comentarios que circularán á estas horas por Sevilla á propósito del fantástico suceso que A B C relata en el Jugar correspondiente. (Lean, lean ustedes ese telegramita, porque la cosa vale la penal ¡Un guardia de Orden público, de sesenta años, que ahora resulta ser una mujer, de la misma edad, naturalmente... Es imposible imaginar una broma tan definitiva como la que ha dado á todo el mundo este M r Bertin, á la inversa, que supo vivir en transformación perpetua. Comentando una situación complicada, dice el general de Militares y paisanos, como recordarán ustedes: ¡Y luego hablan de las novelas por entregas... Algo parecido se puede decir ante este caso... Si á un escritor cómico se le ocurre escribir una historieta con ese argumento, ó si un autor del género gordo se atreve á presentar en escena un tipo parecido, seguramente el público se hubiera llamado é engaño desde el N