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B C. JUEVES i. e DE NOVIEMBRE DE 1906. PAG. 10. EDICIÓN más extraviado medita en el nv sterio profundísimo de su existencia, y dando tregua á las luchas de la vida, consagra una lágrima al borde de las tumbas en memoria de aquéllos que ya no existen en el libro de los vivos. La Iglesia santa y universal, que desde su origen prestó sin mteir- ipción su poder divino para rescatar las almas del Purgatorio, recordando a los habitantes del sepulcro, levanta sus severos catafalcos, viste sus paredes de luto y eleva al cielo sus oraciones; triste y excelente tributo que ofrece á sus fieles ya difuntos, y santa y piadosa liturgia que en la feb ¿ii4i ciones de la Iglesia, debieran acudir hoy los vivos ataviados cor ei dolor para meditar que los que mueren no vuelven, y los que vienen se van, grabando en su imaginación esta verdad. Mas nada de esto SÍ hace, triste es decirlo! los asilos de la muertí, cuando llega este tiempo de las siemprevivas, no son el lugar sagrado de la oración, sino el recinto de las profanaciones adonde se citan las muchedumbres, y no para llorar sin exhibirse, sino para admirar el relumbrante aspecto de las tumbas, de los mármoles y de los bronces, de las suntuosas res y negruras del sepulcro la amorosa, carita tiva y tierna comunicación de los sufragios que encarece el dogma cristiano entre nuestros hermanos de la eternidad, vense cuadios repugnantes de cínico y fabuloso paganismo, oyéndose críticas despiadadas, conversaciones y risotadas groseras y profanas, y burlas soeces y sangrientas para la solitaria y hum. lde tumba oculta en un rincón del cementerio, alumbrada por un solo farolillo y guardada con un solo adorno, la humilde cruz de madera, centinela que vela día y noche el profundo sueño del que mora en aquel pedazo de tieria niveladora, er M MÍ- 1 rt IS- PERDIDA DEL LUTIN BIZERTA. EL OIQUE EMPLEADO PARA LA CONDUCCIÓN DEL SUBMARINO NAUFRAGO REMOLCADO HACIA LA COSTA POR UN VAPOR DE GUERRA Fot Hutin Trampus. cha de su conmemoración trae á la memoria de sepulturas cubiertas de lujosos crespones, de los que vivimos, para que con nuestros sufra- joyas, retratos, flores y coronas, de las que gios obtengan aquellos la más pronta bien- penden cintas con doradas letras que expresan aventuranza. mentidos elogios del difunto, y otros adornos El camposanto, el cementerio, lugar miste- de quincallería, alumbrados por soberbios harioso que abre en este día de par en par sus chones y majestuosas lámparas. puertas y que por todas partes tiene escrita ¡Vanidad ridicula del mundo... esta verdad en negros caracteres: Polvo eres y ¡Impía curiosidad mundanal... potvo te has de votver; donde el Verbo enmuYo reniego de estas manifestaciones, adonde dece, la palabra se recluye en sombría lobre- solo acuden muchos hipócritas dolores. guez del silencio que impone, anudando en la Las personas que van á llorar y á rezar son garganta toda pena sentida, donde el escéptico las menos; la mayor paite, con criminal algaza ¡ene miedo y el creyente cae de rodillas pi- ra, perturban la paz d las tumbas y escarneiiendo misericordia á Dios. cen la soledad de los muertos. Lejos de establecerse á través de los horruA este sitio df santidad consagrado por las donde por igual se confunden las grandezas de los poderosos y las miserias de los pobres. ¡Aun aquí, en m; dio de la muerte, donde nada valen los honores de esta misera existencia, se distinguen los ricos de los pobres... De esta manera rinden tributo los vivos á los muertos, y no se acuerdan de practicar la obra de misericordia prescrita por Dios, de favorecer con la oración á los difuntos, buscando solamente satisfacer la vanidad de esta miserable y corta vida, que más que vida es la nada. RAMÓN MÉNDEZ (Presbítero i Noviembre, 1906.