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BjAÑQ CUATRO. NUM, 654. CRÓNICA UNIVERSAL ILUSTRADA. AL MINISTRO DE GRACIA Y JUSTICIA él nos dirigimos, porque en su mano está ya el dar satisfacción á las legítimas aspiraciones de Sevilla ó el proporcionar á aquel pueblo un disgusto que no merece. No hablamos del perdón de los reos de Peña flor, autores de los crímenes del huerto del Francés. Apurados todos los medios humanos para obtener un indulto que el Gobierno estima conveniente no aconsejar, se trata ya sólo de algo que es también humano, que es, sobre todo, justo: de que los reos, que no son sevillanos, y que tampoco cometieron sus delitos en Sevilla, sean trasladados al punto que fue teatro de sus crímenes, librando así á la capital andaluza de un día de consternación y de luto. Tan justa es esa pretensión, que la Prensa- madrileña unánimemente la defiende. La representación en Cortes de aquella provincia lo pide. Nada menos que la persona augusta del Rey la escucha con benevolencia y promete recomendársela á su Gobierno. ¿Qué falta para que el pueblo sevillano vea satisfechas sus aspiraciones? Únicamente la decisión del ministro, una orden suya, una firma. Ni siquiera la consideración á imponer un sacrificio a! Erario público puede alegarse, pues para que eso no suceda ofrece el alcalde sevillano el dinero necesario. Nos- dirigimos al ministro para suplicarle que, puesto que de su voluntad depende que se haga justicia á la aspiración indiscutible de un pueblo sensato, culto y leal, la haga. No podemos creer que un consejero de la Corona, que tan alto aprecio tiene de los nobles sentimientos de cuantos se interesan en este asunto, desatienda el buen deseo de su Rey, desoiga el clamor de un pueblo y desdeñe el ruego de la Prensa. Otra cosa sería, más que arrostrar la impopularidad consiguiente á tal negativa, alardear de una dureza de alma que en nadie, y menos en hombre de la historia del actual ministro de Gracia y Justicia, se puede suponer. Las cigarreras y en su nombre una comisión, visitó al ministro de Hacienda para entregarle una solicitud consignando las peticiones que tiene formuladas aquél simpático gremio de trabajadoras. Dicen las crónicas, que entre el ministro y las cigarreras se cambiaron frases de afecto. Como quien dice, piropos correspondidos, El Concejo tuvo amena y atrayente sesión. Primeramente, el nombramiento de unos profesores dio ocasión á los divertidos torneos que tanto gusto dan á los eñores del margen. Después: variaciones sobre el bonito tema de las vaquerías insalubres con dictamen fundado en informes técnicos equivocados. Finalmente, fantasía sobre un dictamen de la Comisión de Ensanche, también con variedad de equivocaciones. Total, dos equivocaciones, y el Ayuntamiento en masa, que es la equivocación mayor, tres. La política, sin granaes novedades. Elección en las Secciones, porque el Congreso aparece así de vez en cuando: seccionado, pero sólo moralmente y para efectos del procedimiento, y una sesión calificada por la inmenso mayoría de nuestra gente política de poco importante porque no hubo jaleo político en ella, aunque ¡se trató de la cuestión ar, arial De sucesos callejeros, nada durante el día. OCTBRE. DE 1906. NUMERO SU EL TO, 5 CÉNTIMOS bía encubrir rápido con exquisita corrección j que en los últimos años de su vida le apartaron por voluntaria decisión de las luchas cotidianas. Pero sobre todas las cosas, Núñez de Arce era un poeta enamorado de sus propios versos. Cuando en el apartado rincón de su biblioteca, allá en el piso segundo del caserón de la calle de Luzón, en donde vivió tantfiss años, y luego en el cercano palacio de la calle de la Cruzada, en donde ha muerto, revolviendo cuartillas piadosamente conservadas, leía versos suyos, SUJ versos con religioso amor, su voz, parda) de poca extensión, adquiría robustez, timbre sonoro y entonaciones cálidas; su brazo derecho, moviéndose con elegante gracia, marcaba el ritmo y las cadencias, y su pequeño cuerpo erguíase con altiva apostura... y después, al acabar, como si todo aquello hubiese sido obra de sortilegio, desaparecía la visión magnífica del poeta y otra vez el hombrecillo cetrino, humilde y doliente, volvía á hablaros con mesurado tono, con ademán quejumbroso y suave. Hubo un tiempo en que él y Campoamor, el más grande poeta español del siglo xix, con la boga de su obra poética, tan diferente, tan opuesta, llenaron la actualidad literaria, apasionando al público. Campoamor, con! a certeza de su genio, gustaba de tener corte, se rodeaba de admiradores y discípulos, mientras quí Núñez de Arce, seguro acaso de su inferioridad, ni en aquellos días de su popularidad más grande, tuvo núcleo de discípulos ni rueda da aduladores. Pocos y escogidos amigos le seJUañaasa publicaremos el primer artí- guían y nunca renunció a! placer acre de paseai culo de u n a serie en que nuestro cola- solo, rebuscando rimas, forjando versos, en borador el ilustre escritor militar don lenta caminata, como aquel otro gran poeta Genaro Alas h a r á l a crítica de l a s RE- della fosca musa á quien amaba con veneraFORMAS BE TIERRA, presentadas a l ción fanática. Congreso p o r el general Cuando le vi por última vez, estaba tendidoA en el centro de su biblioteca. Le alumbraban los cirios con reflejos de gloria, arrancados al laurel viejo que orlaba el muro, y su pequeño cuerpo desaparecía bajo un montón de flores. 1 a primera vez que recuerdo haberle visto Entonces, por extraña reversión del pensa fue hace muchos años, no sé cuántos ni miento, recordé aquella otra noche, perdida me importa comprobarlo ahora. Era yo niño... entre las brumas de mi memoria, en que le vi Se representaba en aquel viejo teatro del Cir- aparecer sobre el proscenio del teatro del Circo, que ya no existe, un drama suyo, haz de co, entre Elisa Boldún y Pedro Delgado, saleña. Al acabar la representación resonaron ludando tímido. con torpeza, mientras yo palgrandes aplausos, y entre Elisa Boldún y Pe- moteaba con alegrías de niño... dro Delgado, apareció un hombrecillo, vestido Luis PARÍS con sencillez, cetrino el rostro, viva la mirada, pequeño de cuerpo, saludando con timidez y torpeza. IMPRESIONES Yo pregunté por que salía allí aquel señor vestido con levita negra, entre aquellos otros PÁRLAMENTARI AS personajes tan gallardamente ataviados con ri- CÍNTES 1 S DE A las tres, hora en qu cas trusas y ropillas de brocado, y entonces 1 A SESIÓN debe abrirse la sesión de LA ceeinv me dijeron algo que yo no entendí del todo; la Cámara, había aun muy me dijeron que era el autor de la obra, un pocos diputados en la casa. El Sr. Maura esgran poeta llamado Núñez de Arce, muy pro- taba allí. gresista... y que salía á dar las gracias al pú- ¡Qué poca gente hay! -ha exclamado éi blico por sus aplausos. ilustre jefe del partido conservador. Mi orgullo infantil se sintió muy halagado- -Sí, parece que nadie tiene prisa en venir por formar parte de aquel auditorio complaci- he contestado yo. do, y también palmoteé, y ya no se me olvide Poco á poco han ido, sin emoargo, iiegandí nunca la figura del poeta progresista. los señores procuradores del común; se han Pasaron muchos años, y en las vueltas de mi oído los timbres y me he marchado á mi trivida tuve ocasión de tratarle y de merecer sus buna. En el salón, un secretario leía el acta; al simpatías, demostradas con anchura. banco azul han aportado el Sr. Dávilaye! señoi Don Gaspar fue un hombre adorable con García Prieto; no sé si el primero que ha habla, apariencias de tiesura de castellano neto. Sen- do es el Sr. Cervantes; tengo idea también de cillo, franco, generoso y de cultura vastísima, que después ha usado de la palabra el Sr. Silió; escondida bajo ingenua modestia. Era arreba- pero no podría concretar lo que estos buenos tado y violento cuando se le contrariaba en su amigos pedían á los consejeros de la Corona. modo de juzgar y de sentir el arte y... la polí- La Cámara se iba animando. Un señor se ha tica liberal- -sus dos grandes pasiones- -que sa- levantado v ha comenzado á hablar de Huelva; NUNEZ DE ARCE MADRID AL DÍA i r f a noticia más grata fue la de haberse adjuj dicado al insigne Ramón y Cajal el premio Nobel. Eso de darnos tono ante Europa, es cosa que, por las pocas veces que cae en libra, nos llena de legítimo orgullo. Hasta los estudiantes estuvieron bien, alborotándose con entusiasmo en honor del admirable sabio. Vamos, que si se les ocurre esta vez no entrar en clase, habría habido que disculparles. La Asamblea de agricultores continuo sus debates sobre las admisiones temporales délos trigos. Después trató de establecer la solidaridad de la agricultura nacional para la defensa de sus intereses, con lo cual incurrió en coniradiccióii, porque eso equivale á una admisión temporal. Ya verán ustedes cómo admite temporaímentz esa buena idea y luego la olvida como tantas otras vergs