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AÑO CUATRO KUM, CRÓ- NICA UNIVERSAL ILUSTRADA. OCTBRE. DE 1906. NUMERO EXTRA JO C É N T I M O S MADRID AL DÍA C co. La cartera misteriosa se hallaba, como hema pausa y luego con la cabeza erguida, con mos dicho, encima del pupitre; el Sr. Dávila voz recia, mirando á los bancos de la mayoría omenzáronlas maniobras de! Ejército. Des- tornó á pasear, una mirada inquieta por la con- añade: Madrid, 3.5 de Octubre de 1906 file de tropas. Salida de trenes militares currencia y después se llevó la mano derecha Y no se altera la profunda quietud de la conal bigote; luego el señor ministro sacó de los currencia; nadie aplaude; los aplausos que el por la estación de las Delicias. faldones de la casaca un pañuelo blanco y se lo lector esperaba no se producen. Entonces el Consejo en Palacio. Firma del decreto auSr. Dávila, se vuelve hacia el Sr. Canalejas; e! torizando la presentación de la ley de Asocia- pasó por la calva; á seguida el Sr. Dávila, ciones. Desñle de ministros entonando entre guardado y el pañuelo, puso la mano izquier- Sr. Canalejas al ver en esta actitud al Sr. Dáda en el espadín y acarició la empuñadura. La vila, le alarga tibiamente la mano; el señor midientes el himno de Riego. Sesión en la Diputación, y conocimiento en terrible cartera continuaba sobre el pupitre. nistro se apresura á estrecharla; pero como el ¿lia deque en un Asilo se han registrado casos ¿Qué ideas pasarían por la mente del Sr. Dá- Sr. Dávila llevaba cogido y formando una pede sarampión y de enterocolitis, atribuyéndolo vila? El Sr. Dávila cogió con manos suaves la lota el pañuelo en su mano derecha, ha resulá la mala calidad de las aguas. Desfile de dipu- cartera, la tuvo un momento en el ai- re- -acaso tado que no podía estrechar del todo, efusivatados provinciales entonando también entre sin saber lo que hacer de el a- -y la colocó por mente, la mano del presidente de la Cámara; y fin en el banco, al lado suyo. En esto, el se- entre la frialdad del Presidente y la imposidientes, la Marcha Fúnebre, de Chopin. Primera sesión de! a Asamblea de producto- ñor presidente de la Cámara concedió la pala- bilidad material del Sr. Dávila, se ha produv íes agrarios é industriales harineros para deli- bra al Sr. Dávila y éste se levantó con su car- cido y hemos contemplado una de las felicitaberar sobre la ley de Admisiones temporales. tera y con sur tricornio y atravesó el hemiciclo. ciones más lamentables, frías y pobres que po Eran las tres y media de la tarde. Al llegar díamos presenciar. El Sr, Dávila ha bajado, Se emplea el tiempo ven constituir la Mesa pues, un tanto contrariado al hemiciclo; se veía Como en cualquiera otra Asamblea de las mu- el Sr. Dávila á la escalerilla que conduce á la pequeña tribuna de los secretarios, va subiendo su nerviosidad, su turbación; un ujier pasaba chas que se celebran para no hacer nada. En la Audiencia comenzó la vista del proce- lentamente los peldaños; ya arriba, el Sr. Dá- por delante de él con uia bandeja y el Sr. Dávila se encuentra con la cartera en una mano y vila ha cogido de pronto un vaso de agua y se so seguido contra un avaliente que abofeteó y ha sorbido todo su contenido. mató, porque s! á un anciano de setenta y dos el tricornio en la otra. Ahora bien; la tribuna de los secretarios es chiquita; sobre el tablero años. El caso despierta interés, porque se alega Me dice la misma persona que me na refeno caben el tricornio y la cartera; además, es en defensa det procesado que está loco, cosa preciso abrir la cartera, que es muy ancha, y rido el extravío del sombrero, que el señor que nadie ponía en duda, porque no hay cuerentonces ocupará doble lugar. Este es el pri- Dávila se mostraba luego exasperado, furioso, do que haga hombrada semejante. porque la mayoría no le ha aplaudido ni nadie 1 La Bolsa, en la cual muchos esperaban ver mer conflicto del Sr. Dáyila, prólogo de lo le ha prestado atención. Si esto es así, podreque Jiabía de acontecer después. Él Sr. Dávila el efecto producido por los proyectos de ley mos decir que el Sr. Dávila én la tarde de ayer de la última hornada ministerial, se acreditó de duda un segundo; no sabe lo que hacer con el tricornio; no hay tampoco un ujier allí ó un comenzó perdiendo su sombrero y acabó per española: no se conmovió lo más mínimo. Sogalante correligionario que le preste su ayuda. diendo la cabeza. mos todos impasibles. AZOR 1 N Al fin, el señor ministro, un poco bruscamenLa política, animada. En el Congreso, ley te, deja el empenachado sombrero en tierra, de Asociaciones, leída, pero no aplaudida, y sobre uno de los escalones. Lo veíamos y no lo elección de cargos vacantes. Fuera de la mere- creíamos; esto era absurdo. Esta parte imporcida elección del simpático Francos Rodríguez, tantísima del uniforme de consejero de la CoS. M la Reina Victoria paseó ayer por la lo demás no interesó á nadie. rona; este símbolo, ísta representación de tan- mañana por la Casa de Campo, llegando hasta Sucesos callejeros, pocos y de escasa monta. tas y tan altas cosas, ¿el Sr. Dávila la ponía en el Tiro de pichón. Por la tarde, S. M no salió de Palacio. Así da gusto. el suelo, á sus pies, icomo despreciándola, como haciendo escarnio de ella? Ño salíamos El Rey, con su ayudante el coronel senot de nuestra estupefacción cuantos comtemplába- Elorriaga, paseó en automóvil por El Pardomos esta escena; pero el Sr. Dávila ha sacado La Reina madre, acompañada de la marquelos lentes, se los ha puesto, ha comenzado á sa de Peña Florida, paseó por la Casa de leer con voz firme: De acuerdo con mi Conp L SOMBRERO A primera hora de la sejo de ministros... y todos hemos tenido Campo. t a r d e d e a e r el s e ñ o r que abandonar nuestras tristes consideraciones El infante D. Carlos recorrió en a, utomóvn y CABEZA y atender á lo que 1 señor ministro leía. La el terreno donde se han de verificar las próxilectura la hacía el Sr. Dávila en tono valiente, p mas maniobras. retador; á su derecha, en la escalerilla, se habrero. ¿Dónde está mi sombrero? ¿Dóndeestá El infante D Fernando prestó ayer servicia Haba el Sr. Arraiñán; á la izquierda, un poco mi sombrero? preguntaba un poco azorado el Sr. Dávila al mismo tiempo que buscaba su más distanciado, estaba el Sr. Moya; y en uno como capitán de día. El Rey asistirá á las maniobras los días 2 sombrero por los divanes y rincones de la Pre- de ios escaños próximos, se encontraba el señor Nocedal, á quien el Sr. Dávila lanzaba de tar- y 29, saliendo de Palacio por la mañana temsidencia de la Cámara. Algunos colegas del de en tarde y aprovechando las breves pausas, prano y regresando á Madrid por la noche S r Dávila acompañaron á éste en sus investigaciones; el Sr. Jimeno tuvo la suerte de en- una larga mirada. Todos oímos con atención Los infantes D Carlos y D Fernando st lo que el señor ministro va leyendo; vuelan por contrar el chapeo del ministro de la Gobernación. Aquí está su sombrero dijo fina y la sala algunas frases dichas con más alta ento- incorporarán á las fuerzas del general Huertas amablemente el Dr. Jimeno presentando al se- nación, tales como: ideal común de progreso en las citadas maniobras, á las que asistirán sin ñor Dávila el perdido sombrero, a ¿Mil gra- y justicias, no se comprende que en los tiem- ayudantes. Los del Cuarto militar del Rey, Sres. Mí. cias! contestó éste sonriendo. Y recobró la pos que corren Alemania, Inglaterra, Francia, Suiza, Bélgica Carlos III, el conde de lans de! Bosch y Fernández Blanco, salieron tranquilidad perdida. Esta tranquilidad había Aranda, Camporaanes Comenzamos á abu- ayer para unirse al bando del general Aznar. de durar muy poco: el lector lo verá. Con el mismo fin salió el teniente coronel El Sr. Dáviía penetró poco después vestido rrirnos un poco; todo esto es algo difuso, inde la Escolta Real, Sr. Tuero, con algunas coherente. El Sr. Dávila va cansándose; el de uniforme en el salón de sesiones. Cruzaba fuerzas del escuadrón. el pecho del Sr. Dávila una banda amarilla; blanco pañuelo que tiene en su mano izquierda Las restantes, mandadas por el coronel marllevaba el Sr. Dávila debajo del brazo izquier- pasa á la derecha; luego el Sr. Dávila se limpia el sudor de la frente. El Sr. Canalejas oye qués de Sotomayor, se unirán al bando contrad o una ancha cartera de rojo cuero charolado. con los brazos cruzados sobre el pecho, inmó- rio, al cual se agregarán los ayudantes d l Llegó el señor ministro de la Gobernación al banco azul y se sentó en él reposadamente; vil; en el salón se oyen toses, leves cuchicheos. Rey Sres. Ripollés y Jordana. después dejó el tricornia y la cartera sobre la Tiene el proyecto 24 artículos; tiene un extenS. M la Reina doña María Cristina ha re mesa y paseó una mirada vaga por los escaños. so preámbulo; tiene excepciones; tiene artícu- galado por su cumpleaños á la Reina doña Yo observaba con atención sus gestos, porque los adicionales; tiene disposiciones transitorias. Victoria Eugenia unos magníficos pendientes estos gestos serán históricos. El Sr. Dávila Todos deseamos en lo más íntimo de nuestro de grandes esmeraldas, cercados de brillantes; ser que el Sr. Dávila acabe su lectura. Cuando estaba sentado en un extremo del banco, no en S. A. la infanta doña Isabel, una pulsera de el extremo de junto á la puerta, junto á donde el Sr. Dávila acaba por fin, hace una ligerísiesmeraldas y S. M el Rey una preciosa esclase pone el Presidente, sino á la cola, en la parvina de piel y un collar con rica pedrería. te más modesta, más humilde del citado ban- DE PALACIO IMPRESIONES PARLAMENTAR AS y