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A B C JUEVES 25 DE OCTUBRE DE i9o6. PAG. 9. EDICIÓN EL CUMPLEAÑOS DE LA REINA D ECEPCIONEN p PALACIO s 0 d e l t i e m P d e s d e FALAt poco después de mediodía, muchos curiosos se dirigieron ayer á las inmediaciones de Palacio con el deseo de presenciar el vistoso desfile de uniformes y comisiones, damas ataviadas con traies de corte y carrozas de gala. En la plaza de Armas estaban situadas todas fas bandas de la guarnición. La servidumbre de Palacio vestía de eran gala. A la una y media entró en Palacio la Comínon del Senado, tributándose honores de Inr ante á la alta Cámara. El presidente de la misma, Sr. Montero Ríos, ya en presencia de los Reyes, se adelantó unos pasos y leyó un discurso de felicitación, al que contestó S. M el Rey con otro dando las gracias, en nombre de su augusta esposa, en breves términos. Terminada la lectura de discursos, el señor Montero Ríos, por encargo del Rey, presentó í la Reina más de cuarenta senadores, con los uales habló S. M en francés. A las dos entró el Congreso á felicitar á los Reyes, leyendo el Sr. Canalejas un discurso, al que contestó el Rey con otro redactada en términos muy afectuosos. Después, el Sr. Canalejas, siguiendo indicaciones de D. Alfonso, presentó á la Reina á casi todos los diputados que le acompañaban. Tanto los representantes del Senado como los del Congreso salieron sumamente complacidos de la entrevista con los Reyes y celebrando calurosamente la belleza sugestiva v la afabilidad de la Reina Victoria. Se trasladaron los Reyes á la cámara y allí íes cumplimentaron los ministros, capitanes generales y caballeros del Toisón. D Alfonso vestía uniforme de gala de capitán general, ostentando las insignias del Toisón de Oro, Carlos 111 é Isabel la Católica, la venera de las Cuatro Ordenes militares y otras muchas condecoraciones nacionales v extranjeras. La Reina Victoria llevaba con suprema elegancia y majestad un precioso vestido de amplio escote, de raso color rosa pálido, guarnecido de encajes. En los rubios cabellos de la Soberana, que estaba radiante de belleza, se destacaban los reflejos de una magnífica diadema de brillantes y perlas, y lucia de las mismas piedras preciosas collar y peto y sobre el pecho la banda de la Orden de Damas nobles de María Luisa. Acompañaban á SS. M M el jefe superior de Palacio, señor duque de Sotomayor; la camarera mayor, duquesa de San Carlos; el comandante general de Alabarderos, señor marqués de Pacheco; el jefe interino del Cuarto militar, general Bascaran; el mayordomo mayor de la Reina, duque de Santo Mauro; el caballerizo mayor, marqués de Yiana; la dama de guardia, condesa de Almodóvar; el grande de España de servicio, marqués de Bayamo. Acto seguido los Reyes se dirigieron al salón del Trono y ocuparon el regio dosel, sentándose en sillones á su izquierda las demás personas Reales. El Gobierno se colocó á la derecha; detrás, en pie, los personajes palatinos, y á la izquierda, los ayudantes del Cuarto militar y oficiales mayores de la Escolta Real y Alabarderos. La infanta doña María Teresa lucía vestido de raso blanco; de verde, la infanta doña Isabel. Con las augustas damas estaban la duquesa de Sotomayor y la condesa viuda de Toreno, íespectivamente. Los Infantes D. Carlos y D. Fernando vestían los uniformes de gala correspondientes á su jerarquía militar, y el infante D Alfonso, hijo de la infanta doña Eulalia, el de caballero de la Orden militar de Caiatrava. En semicírculo, y frente á las Reales personas, estaba el cuerpo diplomático. A las dos y medía comenzó la recepción general, que estuvo amenizada por las bandas militares en el exterior de Palacio, y la de Alabarderos en las galerías, que tocó la Bohemia y una tanda de escogidos valses. Por delante de las Reales personas y naciendo ante cada una de ellas respetuosa reverencia, desfilaron representaciones del Consejo de Estado, Tribunales Supremo, de la Rota y de Cuentas del Reino, Academias, Universidad, Ministerios, Ordenes militares y religiosas, Maestranzas, Banco de España, Ayuntamiento, Diputación, Gobierno civil, etc. etc. Varios obispos y un crecido número de generales, con casi todos los jefes y oficiales de la guarnición, libres de servicio, desfilaron ante SS. M M y AA. Muy brillante también fue la representación de la Armada. Terminada la recepción oficial, se verificó la de señoras, que estuvo animadísima. Por último, se verificó el besamanos, en el que tomaron parte la oficialidad de la Escolta Real y Alabarderos y todo el personal oalatino, incluso el de Caballerizas. Con la Reina madre, que no asistió á la ceremonia oficial, estaban de servicio la condesa de Agu ¡lar de Inestrillas y el duque de Arévalo del Rey. -Las clases de Paiacio estuvieron brillantemente representadas en la recepción. El presidente de) Senado leyó ante SS. M M el siguiente discurso: Señor: Bien seguro está el Senado, al presentarse hoy ante VV. M M que sus vivos é íntimos sentimientos laten al unísono del sentimiento nacional. El Senado tiene el honor de ofrecer hoy á S. M una vez más el homenaje de su inquebrantable adhesión. Son muy fervientes y muy cordiales los votos que se elevan al Altísimo por la felicidad doméstica de sus Reyes, felicidad que el Senado ansía con el mismo fervor con que anhela la felicidad de la Patria. Por vez primera concurre á celebrar el aniversario del natalicio de la augusta dama, cuya belleza y excelsas virtudes destacan tan vivos resplandores desde el solio, y que, una vez elegida por el Rey, conquistó para siempre, en ocasión solemne, aunque si es posible más dolorosa que solemne y que nunca podrá borrarse de! corazón de los hombres honrados, no sólo la simpatía sino el amor del pueblo español, amor que seguramente- conservará incólume, ya que aumentarlo no quepa en el porvenir y que los senadores desean legar, tan vivo como ellos lo sienten, á sus hijos v á los hijos de sus hijos. Y. M hallará, indudablemente, enlasadmirables dotes de su augusta esposa las dulces alegrías que aliviarán las inevitables amarguras del reinar, y que suavizarán las dificultades del poder público, menos grandes ahora que en las pasadas edades, ya que en estos tiempos es un factor de capital importancia en la vida de las naciones, la opinión de los pueblos que, si á veces se extravía en sus procedimientos, persigue siempre un fin generoso y santo, cual es el del progreso individual y común por las OS DISCURSOS amplísimas vías en que la voluntad del ciudadano se mueve en busca de un estado de perfección al que, si bien no llegará jamás, cada día habrá de aproximarse en su constante labor, fija en todo tiemoo la vista en el ideal de sus anhelos. Dígnese V. M aceptar estas manifestaciones del Senado, que también las pone á su vez á los R. P de la Reina bien amada, pidiendo á Dios que las oiga, las acoja y las proteja. S. M ef Rey contestó j Señores senadores; Reflejo fiel de Ja Nación que, representáis, expresión acertada de sus sentimientos y exacta reproducción de los latidos de la opinión, los conceptos y testimonios que del Senado recibo hallan siempre favorable acogida en roi á. iimo y me auxilian y fortalecen en la delicada y ardua tarea de reinar según mis anhelos, utilizando con interés sincero y constante, así las luces y enseñanzas de nuestra gloriosa Historia, como las arraigadas y generales aspiraciones que en España alientan ahora. Más honda, más grata, más duradera im presión ha de producirme el testimonio de adhesión que por todos vosotros formula vueEtro digno Presidente en la ocasión solemne de conmemorar en España por vez primera el natalicio de la esposa, para cuya elección coincidieron los espontáneos y vehementes impulsos de mi corazón con los juicios meditados de mí espíritu, aceptándola el país entero aun antes de que le sancionara la bendición del Altísimo y coronándola después, en todo momento, las simpatías, la adhesión, las continuas aclamaciones de los españoles. A sus votos ingenuos y repetidos se unen ahora los calificados y no menos sentidos del Senado, contribuyendo unos y otros á mitigar, ya que no suprimir, en nuestros ánimos el recuerdo de un crimen que, sublevando en todas partes los conciencias honradas, cv. isó todavía mayor repulsión en esta noble tierra, nunca resignada con hechos aleves, que constituyen el borrón de unos tiempos por otros mil conceptos prósperos y aventajados. Tened, señores senadores, por cierto que la Reina estimará vuestra felicitación como el mejor galardón de las dotes y calidades que le reconocéis, y creed asimismo que yo, recogiendo con especial complacencia esta prueba de vuestra adhesión afectuosa, me esfoizaré sin descanso para llenar con criterio imparcial y espíritu amplio mis deberes constitucionales y contribuir á la obra del progreso y regeración de la Patria, seguro de que al perseguirles no ha de faltarme la valiosa cooperación del Senado. El Sr. Canalejas, presidente del Congreso Señor: E 1 Congreso de los diputados reitera á VV. M M en la solemnidad de hoy, el sincero testimonio de su afecto, y seguro de ínter- 1 pretar los sentimientos nacionales, hace fervientes votos por la felicidad de la augusta Princesa que, labrando la ventura íntima de Vuestra Majestad, conquista el respeto y cautiva ef amor del pueblo por su virtud y su belleza. Ansioso de trabajar eficazmente por el bien público, reanudaba ayer sus interrumpidas tareas el Congreso, y, por feliz coincidencia, al programa de sus trascendentales deliberaciones, acompañó el acuerdo de elevar á Vuestras Majestades esta felicitación respetuosa. E 1 Congreso de los diputados, que estima indisolublemente unidas la Monarquía y la Pa tria, no duda de que la ofrenda más grata para el Rey es la de asociar á la felicitación por sus dichas íntimas ia seguridad de que los repre sentantes del país se afanarán por corresponder á la honrosa confianza que en ellos ha depositado la nación.