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NUM, 65o. CRÓNICA UN 1 VERSAL ILUSTRADA II MADRID, 24 DE OCTBRE. DE 1906. NUMERO SUELTO, 5 CÉNTIMOS Esta mayoría de ahora ni aun signo de alen- taír ha dado para fortalecer al Gobierno, si éste es representación del partido y obra del partido la labor que lleva á las Cámaras, ó para hacerle rodar si no refle a sus asoiraciones y sentimientos. El espectáculo ha sido deplorable. Para el Gobierno, signo de muerte; para los que honrada y sinceramente quieran la reforma liberal, desilusión doloroso, porque para realizarla hace falta fe, entusiasmo, actividad. Y si la mayoría no quiere este Gobierno, como lo ha demostrado ayer, ¿por qué no le tira de una vez? buna de las damas y luego ha dicho: ¡Ábrese la sesión! Un señor secretario ha comenzado á leer un papel; los diputados siguen acornó dándose en los escaños; el Sr. Moret- -el primero que ha tomado asiento en la Cámara en la tarde de ayer- -está en su sitio; está también en el suyo el Sr. Salmerón; entra el Sr. Maura, ligero, sonriente, con un chaleco blanco, y va repartiendos efi sivo apretones de manos á un lado y á otro mientras llega á su banco. El secretario continúa leyei do al fin termina y vemos que aparece en ia puerta un señor grueso, calvo, con una llameante banda roja. Se hace repentinamente un profundo silencio en la Cámara. El señor que aca a de aparecer es el presidente del Consejo; detrás vienen los demás ministros. Todos suben al estrado presidencial y estrechan la mano del Sr. Canalejas; después, lentamente, en procesión, silenciosos, se dirigen al banco azul. Al llegar á él se detiene el Sr. López Domínguez é indica al Sr. Guitón y al señor conde de Romanones, que vienen detrás, que pasen. Pasan éstos, entran los demás ministros por el otro extremo, y todos se sientan. Todos llevan bandas vistosas, bordados, cruces, tricornios. El Sr. López Domínguez se sienta con calma y pone el ros sobre el pupitre; una de las manos del general, la izquierda, va enguantada de blanco; el otro guante es colocado sobre el bufete, al lado del ros. -Pido la palabra- -dice ef Presidente levantándose. Aumenta la expectación y el silencio; los ministros parece que están sentados un poco violentamente, á algunos diríase que les estorba e tricornio y que no saben cómo tenerlo en las manos, -El señor presidente del Consejo de minis tros- -dice l Sr. Canalejas- -tiene la palabra. -Séame permitido, señor presidente y señores, al tener la alta honra de presentarme ante vosotros- -comienza diciendo el Sr. López Domínguez- -dirigiros un respetuoso saludo, saludo que hago extensivo al Senado, que con vosotros comparte la representación del país. El Sr. López Domínguez continúa hablando; había lentamente, como si estuviera un poco cansado; á veces se detiene y duda durante un momento; tras veces baja ¡a voz, se pierde en un concepto laberíntico y no acertamos á comprender lo que quiere decir. El se ñor López Domínguez, según él mismo dice, va á ser breve; el Gobierno ha trabajado mucho; no presentará desde luego ningún programa. Yo llevo cincuenta años de vida política- -dice el Sr. Presidente- -y he visto que los programas no se cumplen nunca. ¿Para qué presentar programas? Sin embargo, esfcT no quita para que el Gobierno trabaje mucho; es preciso, ante todo, reorganizar los servicios. Y o dice el Sr. López Domínguez- -soy muy viejo y he visto que siempre se ofrecía reorganiza! los servicios y nunca se reorganizaban. E! Gobierno, por lo tanto, no hace una promesa solemne, categórica, de reorganizar los servívicios, pero él procurará reorganizarlos. El señor Presidente hace breves pausas y toca el ros; después toca el guante que está sobre el- pupitre. Tenemos- -dice el orador- -la debatida, la inmensa cuestión. En la Cámara se oyen algunos siseos reclamando sikncio; el señor Presidente va á tratar del problema religioso. ¡La norma del Gobierno para regúlai esas relaciones- -exclama un poco enérgico el orador- -no tiene por norte sino Ja defensa del Estado! Al decir esto, el Sr. Eresidente da temor sin duda á un resfriado ó un reúma, los diputados de la mayoría no asistieron á la sesión. Hay que advertir que Montero Ríos y López Domínguez, con su siglo y medio á cuestas, estuvieron en sus respectivos puestos sin temor al fresco de la lluvia. Por lo demás, hky que reconocer que la cosa resultó bastante fría. De los proyectos leídos en el Congreso, el que más interesó anoche á la gente, por lo mismo que es el que más se roza con el bolsillo, es el de transformación del impuesto de Consumos. El proyecto, á juicio ele la opinión, revela una buena voluntad. Y algo es algo, Se supo que en Francia se había constituido un Gobierno radical, muy radical, bajo la presidencia de Clemenceau. Hay quien supone que todo ello es obra de la envidia por el Gobierno que aquí tenemos para andar por casa. Por el Ayuntamiento no hubo nada de nuevo. Es decir, hubo un proyecto del buen alcalde para las próximas fiestas de San Isidro. Trata de organizar una Exposición de automóviles; pero la gente va á tomarlo á broma de buen género, porque exposición, con los automóviles que andan por esas calles de Dios, la hay á diario. Otra rovedad municipal fue el sinnúmero de peticiones de trabajo que llegan á la Alcaldía. Vamos, que el invierno se presenta sonriente, como los anteriores. La infanta doña Isabel regresó de su viaje por el extranjero. La gacetilla de sucesos no gastó ayer, afortunadamente, tinta ni papel. La de teatros registró una descalabradura en Lara. Ve escalera abajo no gustó abajo ni arriba. Otra vez será. MADRID AL DÍA mismo Al llovía entiempo quesilas Cortes se aorían, Madrid Dios tenía qué. Por DE PALACIO La Reina Victoria, siguiendo su costumbre, paseó ayer por la mañana por la Casa de Campo con la duquesa de San Carlos, y por la tarde, con la Reina madre, oor el Retiro y la Castellana. El Rey, con varios aristócratas invitados, pasó la tarde de ayer cazando en la citada Real posesión. Se cobraron unas doscientas piezas, entre perdices y conejos. En el sudexpreso llegó ayer la infanta doña Isabel, á quien esperaban en la estación todas las personas Reales, excepto el Rey. Las augustas personas fueron luego al hotel de la Infanta, en la calle de Quintana. A Ja una y media dará hoy comrenzo la recepción oficial con motivo del cumpleaños de la Reina. Por la noche habrá banquete de gala. El Rey, con el coronel Ripollés, el primer caballerizo, Sr. Alvarez de Toledo, y el director de las Caballerizas Reales, Sr. Pineda, salió ayer á mediodía por la puerta del Príncipe del regio alcázar, bajando luego por la rampa de Caballerizas. Vestía D. Alfonso uniforme de capitán general con gorra de cuartel. E 1 Rey recorrió detenidamente todas las dependencias de Caballerizas, regresando á sus habitaciones cerca de la una. Según parece, esta visita de D. Alfonso está relacionada con haberse muerto recientemente siete muías y hallarse otras muchas enfermas- á consecuencia de haber comido hierbas envenenadas mezcladas con la alfalfa que se les da de pienso. LA PRIMERA JORNADA hd vt- nido hablando mucho estos días de Separtido liberal, de compromisos de esta gran agrupación, de jefaturas... Ayer, cuando el presidente del Consejo de ministros hablaba en el Congreso para hacer la presentación del Gobierno, se hacía esta pregunta todo el que presenciaba el triste espectáculo: ¿Pero es que hay partido liberal? Porque los bancos de la mayoría estaban casi desiertos, y el instante era harto solemne y decisivo para hacer ostentación de indiferencia y de desvío. Si no por adhesión al Gobierno, por afecto al país debía haber estado en su sitio la mayoría Crueldad es dejar al Ministerio sin el calor moral, ya que no material, que presta la agrupación de fuerzas; pero tanto como de cruel hay de torpe en la conducta de las huestes ministeriales. ¿Será que esa mayoría que clamó contra Moret porque quiso disolver las Cortes, viene darle la razón pregonando con su actitud que merece por indisciplinada, por inepta, por mdifeiente, la disolución? Aquella mayoría conservadora, la última, que acabó con el Gabinete Yillaverde, procedió d; tranera desapiadada, según se dijo enténces jugando su ensillamiento; pero estuvo en su puesto, cumplió un deber. IMPRESIONES PARLAMENTARl AS He llegado al Congreso á co tres TM e n z s do á y -saludar á los buenos amigos. Los pasmos estaban ya llenos de diputados, senadores y periodistas. Todos charlábamos animadamente sobre el suceso próximo. De pronto han principiado á sonar los timbres y me he marchado á la tribuna. Eran las tres y diez; en las tribunas había un público numeroso; por la puerta de la izquierda han aparecido los dos maceros y detrás el Sr. Canalejas. Iba el Señor presidente de la Cámara con la cabeza erguida y llevaba la mano izquierda piresia en el pecho Ai mismo tiempo que él, h penetrado un gran golpe défdíoutados en el salón. Se ha sentado el Sr. Canalejas, ha mirado á la triT F l O1 V A RRIBA E L