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A B C MARTES 2 3 DE OCTUBRE DE 1006. PAG. 9. EDICIÓN i. explicaciones; ei segundo, por haber hecho por snobismo un matrimonio desproporcionado. Estos dos recuerdos acuden ahora á núes tra memoria al pensar en la fantástica odisea I N ÓTELO RUSO Si los celos fueran de ese desgraciado general ruso, que va co una pasión exclusi- rriendo el mundo en pos de su cónyuge y de su vamente femenina, parecería inútil hablar de ayudante de campo, pues sean las que quieran semejante asunto. Además, los hombres, que las razones que alegue el terrible guerrero dictan leyes y por añadidura se encargan de ruso, las causas dominantes de su tenaz perseaplicarlas, se mostrarían tan severos con los cución tienen mucho de los celos de Ótelo y crímenes llamados pasionales, que estoy casi se- del miedo ridículo de Georges Daudin. Y por guro de que éstos desaparecerían pronto de los la asociación de esos dos sentimientos unidos á isnales judiciales. Mas, desgraciadamente, los un gusto pronunciado por los grandes viajes, (hombres padecemos también esa terrible enfer- se nos presenta de pronto un nuevo tipo de medad, y hasta me atrevería á apostar que so- marido celoso: el Ótelo globetrollrer, con fotografías, intervíús, amenazas y confidencias. Imos nosotros los que la hemos inventado. El primer hombre al que se le ocurrió la Felizmente, no todas las aventuras pasionaidea de que su mujer pudiera engañarle, fue el les obligan á los hombres á tan agitados viajes; POSTALES EUROPEAS insensata y demente como nos la pintan, el general deberá encontrarse muy satisfecho de verse desembarazado para siempre de uní compañera incómoda y peligrosa, é imitando á aquel célebre escribano de Sevilla, que encontró á su mujer en conversación criminal con su pasante, y se limitó á decirle: ¡Muchas gracias, amigo mío; yo creía que nadie me quitaría de encima este estorbo... adoptara una actitud parecida y acabará por dar también las gracias al capitán. F. MORA INDULTO GENERAL p l decreto que ha firmado S. M el Rey para solemnizar el cumpleaños de la Reina Victoria, dice así: ií. V- t A li n f i i i EN LA EXPOSICIÓN DE BUCAREST LOS REYES DE RUMANIA VISITANDO LA ACTUAL EXPOSICIÓN UNIVERSAL i, El rey Carlos I. 2, La rema Isabel (Carmen Syívaj. Fot. Chusseau Flaviens. Drisner marido celoso. La Historia no nos ha legado su nombre, como tampoco nos ha dicho el nombre del primer marido ultrajado en su honor conyugal, á pesar de todas las precauciones inútiles, de que nos habla Fígaro. Pero de todos modos lo único cierto es que la gente cree de buena fe que el hombre engañado es ridículo, en tanto que una mujer que se encuentra en el mismo caso sólo merece nuestra compasión. Y ese sentimiento natural de los celos lo desarrolla más aún el epíteto malsonante reservado al hombre cuya mujer le es infiel. La leyenda y la Historia nos han dejado dos tipos clásicos de maridos desgraciados: Ótelo, celoso, brutal, asesino; y Georges Daudin, ese que... ya conocéis. Los dos aparecen imperdonables á nuestros ojos; e! primero, porque escachó las pérfidas insinuaciones de su amigo igo, y ahogo á su inocente cara mitad, sin mas primero, porque para ello es preciso disponer Queriendo solemnizar con un acto de c e. de grandes recursos, y después, por ser nece- mencia la festividad del día de mañana, en uso saria una salud extraordinaria. Y si es cierto que de la prerrogativa consignada en el art. 54 los viajes forman á la juventud, también lo es de la Constitución, á propuesta del ministerio que cansan á la vejez Y en tanto que el capitán de Gracia y Justicia y conforme con el parecer Essipoff recoge de todas esas peregrinaciones de mi Consejo de ministros, conocimientos que tal vez le sean útiles algún Vengo en decretar lo siguiente: día, el general no ha sacado en limpio más que Art. i. Concedo indulto total, cualquieunas atroces agujetas. ra que sea la respectiva pena: Así, pues, hechas las anteriores considera Pnmero. A los inculpados ó sentenciados ciones, yo creo que el general Outchakoff hu- I por delitos cometidos por medio de la imprenbiera hecho mejor en quedarse tranquilamente ta ú otro medio mecánico de publicación, comen su casa. Su veleidosa compañera, arrepenti- prendidos en los artículos 179, 180, 182, 2o3, da y desilusionada, se le presentaría alguna vez 267 al 273, 443 y 444 del Código penal. implorando su perdón j, á esto quedará todo Segundo. A los inculpados ó sentenciareducido. Él entonces perdonara, lo cual ya dos por delitos cometidos con ocasión de hueles un hermoso gesto, y así el epílogo de la no- gas de obreros, excepción hecha de las penas vela degenerará en prosaico. impuestas ó que deban imponerse por las de Pero si, por el contrario, la fugitiva es tan rebelión, asesinato, robo ó incendio.