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C LUNES 22 DE OCTUBRE DE 1906. PAG. 4. EDICIÓN drid se adopta para la lucha por la peseta una actitud más negligente; en ninguna parte necesitará tanto la gente de la ayuda de una peseta, pero en pocas partes se sabrá tanto disimular; un provinciano desciende del tren y diríase que nadie tiene prisa por comer ni por echa á andar por las calles de Madrid, llegar. Una completa anarquía reina en la calle: francamente, la impresión que la capital de Es- mientras los unos corren sudando, los otros paña le produce no es muy tranquilizadora: van despacio, muy despacio; á veces pasean con lo primero que tropieza es con la figura cuatro ó seis personas, sosegadamente, y de pronto piensan que les conviene pararse en mi del golfo. Este golfo es tan característico, tan puramen- tad de la acera; vienen los que corren, tropiete madrileño, que no tiene semejanza en el zan con los que se paran, y surge un enmaramundo; es una mezcla de truhán y de desgra- ñamiento humano... Pero no hay que temer; ciado; un maridaje de tristeza y de alegría; un fuera de algún temo iracundo ó alguna mirada conjunto de suciedad, astucia, hambre y vive- feroz, allí nada ocurre de sensacional. Y la muza. El provinciano que le ve inmediatamente de chedumbre se desenmarañs, vuelve á enmaraabandonar la estación, se figura que encuentra ñarse; los codos chocan, las capas obstruyen el á un antiguo amigo suyo, á un ser muy fami. paso, la chiquillería mendicante se introduce en liar y conocido. Porque, en efecto, el golfo ha la multitud: se hace de la calle el punto central llenado de tal manera la vida social y literaria de la vida, ateneo, academia, mentidero, todo de Madrid, que las provincias, constantes ad- á la vez; á las muchachas se las jalea, á veces se miradoras de Madrid, le conocen en sus meno- las hace enrojecer; flota en el aire, perenne res detalles; el golfo es el personaje indispensa- como un Uii- moliv tristísimo, la canturía de los ble de la literatura popular madrileña, el que mendigos numerosos; ríe la gente, charla, discubre todas las necesidades del género chico, cute, bromea. ¡No hay que apurarse, señoel que ha sido cantado en verso y en prosa y res, no hay que apurarse! parece que hab a en todas las formas, el que luego de dar pasto una voz desde arriba. Obedeciendo á este insiá la risa, aún ha dado buen golpe de lloros y nuante consejo, la muchedumbre no se apura, y gimoteos, gracias á la nueva y sensiblera orien- vive, aunque viva medianamente; hay tiempo tación de los autores dramáticos menudos. De para todo, hay lugar para todos, el que se apumodo, que el provinciano baja del tren, topa ra se muere, la vida son cuatro días... con el golfo y exclama sorprendido: ¿Cómo, Este amable y filosófico sentido de la ví a es el golfo no era una ficción de los comedian- lo que tan poderosamente llama la atención del tes? ¿El golfo existe en realidad? Después el provinciano, y mucho más sí el provinciano provinciano va descubriendo que el golfo no llega de la banda del Norte, donde el so! escaes un mito, desgraciadamente, sino que buena sea y la existencia no puede tener destellos de parte de Madrid está bañada de una cierta aura una tal pintoresca, meridional filosofía. de golfería... J. MARÍA SALAVERR 1 A El aire de la mañana es frío, punzante: el provinciano mira pasar las primeras avanzadas de la miseria que escalan la cumbre de Madrid. Son viejas pordioseras, hombres tulli (SERVICIO ESPECIAL DE A B C) dos, niñas flacas, rapazuelos esmirriados, mal envueltos todos ellos en una apariencia de vesAS D I F I C U L T A D E S El nuevo embaSido; son los que luego amenizarán la vida de España DEL SR. OJEDA í los madrileños con sus gemidos y quejumbroen el Vaticano, sas peticiones. También ve pasar las avanzadas Sr. Ojeda, llegó á Roma en los primeros días del trabajo, esos hombres ateridos que se diri- del corriente mes, y aún no ha sido recibido gen al taller ó a! andamio, y en cuyos rostros por el Papa en audiencia solemne de presenfrioleros están demostradas de un modo paten- tación de cartas credenciales (j) Este desacoste la adulteración de los aumentos, la mezquin- tumbrado retraso da pretexto á infinidad de dad de los jornales, la estrechez y ruindad de comentarios que, en mi ODinión, carecen de fas viviendas. fundamento serio. Lo que no deja lugar á duda es que el señor Pero luego que avanza la mañana y sale el sol remontando el cielo, ya entonces el aspectc Ojeda ha sido encargado por su Gobierno de de Madrid se transforma y alegra; parece una misión difícil. Afírmase que entre los eneomo que el padre del día sirve de brasero, de cargos que ha recibido, figura en primer tércapa, de alimento y de alma á la muchedumbre mino, el de explorar la opinión del Vaticano callejera; el hambre y los harapos se disimulan acerca de un proyecto de ley referente á las y renace el espíritu de Madrid lo mismo que Ordenes y Asociaciones religiosas, y el nuevo tina sabandija puesta de cara al sol. Entonces embajador, á cuya clara inteligencia no se oculrs cuando el provinciano se ve obligado á con- ta que este proyecto puede ser un obstáculo fesar que Madrid es la población única, la ori- destinado á paralizar la expansión de Ordenes ginal y sin ejemplo, la incomparable en su ma- y Asociaciones religiosas, ha comenzado por visitar á algunos prelados y cardenales para sera de caminar. El madrileño no camina como las gentes de explicarles que esta medida legislativa, aunque ías demás ciudades. En Bilbao, por ejemplo, severa en apariencia, ha sido impuesta á su anda la gente con un ritmo especial: aquellos Gobierno en evitación de disposiciones mucho hombres, que tienen la obsesión de los barcos más radicales, conducentes á impedir que los amarrados en la ría y de las minas que amari- frailes lleguen á hacerse dueños de vidas y hallean á lo lejos, caminan como podrían caminar ciendas en España. Es intolerable, dícese que ha dicho el señor los obreros al son de la campana del taller; allí todas las gentes parecen operarios de fá- Ojeda, lo exagerado de! dominio que ejercen brica, que van diligentes y en silencio por las en mi país la Ordenes religiosas. El pueblo no calles. En San Sebastián los transeúntes se quiere continuar sometido á su yugo, y el Gomueven sin prisa, suavemente. En cambio Pa- bierno ha creído conveniente seguir el tjemolo rís da Ja sensación de una ciudad donde hay de Francia para salir del paso. a No se ha dejado de hacer notar a! embajaesparcidos unos cuantos francos en la atmósfera: todos allí, grandes, chicos, hombres y dor que la Congregación romana de obispos y mujeres, andan con la actitud del que necesita regulares eliminó hace tiempo alguno de los coger un franco á todo evento... y el franco inconvenientes que la ley actual trata de hacer está en el aire, y todos son á cogerlo, y todcs desaparecer, prohibiendo, por ejemplo, la adcaminan apresuradamente... En realidad, aque- misión de menores de edad en las Asociaciollo tisne un algo, ó un mucho, de desagradable (1) Nuestro embajado- fjé recibido por Su Sanidad y agrio. ar eayer, sábado, es decu, tres cu s después de la íechs Nada de esto ociare en M? drid. En A 4 ade sajida ds Rovia de esla cana da acitro corresponsal. 1. CALLEJEO MADRILEÑO DESDE ROMA nes religiosas. No es de hoy la pronibíción; sin embargo, la autoridad del Vaticano no cede y pretende reservarse el derecho de investigar la vocación de los frailes jóvenes. Hay más. Se ha hecho comprender al señoi Ojeda que la autoridad de la Santa Sede no consentirá en que disfruten este derecho las Cortes, ni en que, además, tengan el de romper los votos de los frailes que deseen abandonar el claustro. Esta facultad ha de quedar reservada también al Papa ó á los obisoos ñor él expresamente designados. Se le ha informado asimismo de que! a Santa Sede no accederá á conferir al Gobierno laico el derecho de disolver las Congregaciones constituidas en virtud de un decreto diocesano, ni á autorizarle á penetrar en el recinto de ¡os conventos. Tampoco se conformará en ningún caso con facultad ó ingerencia alguna del Poder civi 1 sobre los legados, donaciones, dotes, test? mentos, etc. realizados en beneficio de las meneonadas congregaciones. Sólo una concesión parece dispuesto á Sjscer el Papa: la de facultar al Poder civil par, ouc contenga el? buso de las industrias clandestinas y laboratorias, gracias á las cuales se convierten frailes y monjas en comerciantes que compiten con ventaja con los profesionales. Con esta enorme serie de dificuítides y COTtrai ¡edades va á tropezar el Sr. Ojeda y hay que suponer que no se encontrará muy á gusto. Por de pronto, en los Círculos k in informados de lo que el Vaticano pretende, se afirma que el embajador español no logrará lo que se propone, pues le ha de faltar el apoyo dz su Gobierno, cuyos días están contados. A su vez algún amigo del Sr. Ojeda- -este se mantiene reservadísimo- -asegura que e! embajador está dispuesto á Iibiar la batalla, marteniendo rígidamente el mandato del Gabinete español. CR F FR 4 NCHS 7 oma, 17 Octubre 1906. EL DESCUENTO DEL BANCO p l Sr. Merino ha propuesto que el Banco reduzca al tres y medio por íooe! interés de los préstamos sobre valores industriales, cuentas de crédito con garantía personal ó con garantía de valores industriales y piábamos sobre mercancías y descuentos de letras, y al 3 por 100 los descuentos de letras á Bancos, banqueros, sindicatos agrícolas y á cua quier otro organismo creado para fomentar y desarrollar el crédito agrícola. El proyecto ha sido acogido con gran aplauso en los Centros oficiales, donde se alaba la iniciativa del gobernador del Banco y se romenta con elogio, no solamente el articulado de dicho proyecto, sino también las consideraciones muy atinadas que van unidas á él. Unimos nuestros aplausos á los muchos que ha merecido el pensamiento del Sr. Mermo; pues en un país donde no existen iniciativas privadas y donde los Establecimientos de ciédíto, demasiado timoratos y con exceso prudentes, no contribuyen en ¡a debida medida a! desarrollo de la riqueza pública y prestan su concurso en condiciones onerosas mercantilmente inadmisibles, ha de resultar sumamente beneficioso que el Banco nacional suola esas deficiencias. Y no se diga que la índole de su misión se lo veda, porque antes que todo está el interés nacional, y el mayor servicio que se puede prestar á España es facilitar á los ciudadanos los medios de fomentar la riqueza privada, tan íntimamente ligada con la pública. Con el proyecto de que habíamos pjeóc dar un gran paso nuestra tan anhelada regenerad ó n.