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f! AÑO CUATRO. NUM, 647. CRÓNICA UNIVERSAL ILUSTRADA. inteligencia brillaba en sus MADRID AL DÍAcos; una llama delos dos de pie entre los banojos. Estábamos I a mejor noticia de ayer fue para dos doce ñas de afortunados vecinos á quienes la potería obsequió con el primero y segundo premios. Madrid sigue con suerte en eso de atrapar los gordos aunque proteste de la imputación Madrid entero, con excepción de un centenar de ciudadanos, si á tantos llega los que saben lo que es cobrar. Continuó la agitación de cigarreras, pero el final estaba previsto. El ministro de Hacienda, sin haber depuesto aquéllas su actitud, recibió una Comisión y ofreció conceder todo lo que pedían. N o se ha perdido más que el tiempo. Concedido en el primer momento lo concedido finalmente, habríanse evitado los alborotos. Pero ¡que nos quiten lo bailado! Se inauguró oficialmente el tranvía eléctrico del Pacífico al Puente de Vallecas, con gran regocijo del vecindario de aquella barriada, que tiró la casa por la ventana. Hubo lunch, pero ¡con discursos! 1 La política ofreció pocas novedades. El feliz Presidente manifestó que todo va bien, at ¿hibien, y que á poco que se alargue esta situación se va á volver loco de alegría todo el mundo, El tiempo sigue, siendo excelente. Por supuesto, se lo debemos al Gobierno. Por la noche hubo inauguración del teatro de la Princesa con Los espectros. De desear sería que tan bonito, aunque también desgraciado teatro, tuviese más suerte que hasta aquí y disfrutase de mayor animación. Y eso que no es el mejor medio para animarle echar mano de espectros. Otro drama, y no de Jbsen ni de espectros, hubo anoche en pleno barrio de Salamanca, con protagonistas de quince á dieciocho años. Muy jóvenes, como se ve, pero armados de navaja y todo y dando puñaladas mortales cid maiorem oolicía ghriam. -1 cos de la clase; en el fondo se veía un encerado lleno de cifras y palabras; algunos estudiantes que pasaban se detenían un poco curiosos en la puerta. ¿Quiere usted que nademos aquí ó en mí casa? -me ha preguntado bondadosamente el Sr. Salmerón. -Donde usted quiera- -he contestado yo. Y luego he añadido, rectificando sobre la mar- 1 cha: -Aquí mismo, si á usted le parece. -Con mucho gusto- -ha replicado el ilustre catedrático, y ha tornado á sonreír. Tiene este hombre una sonrisa tan afame, un aire tal de llaneza y de bondad para los que á él se acercan, que cautiva desde eí primer momento. Diríase que en él ha encarnado aquella vieja y noble cortesía española, que sin ser prosaica, que siendo un poco austera, sobria, tenía un efluvio de afecto para todos los humildes y una mirada de comprensión y de indulgencia para todas las locuras y desatinos. -Lo que usted quiere- -ha seguido el señor Salmerón- -está dicho en muy pocas frases. Nosotros en el Parlamento nos mantendremos siempre y á toda costa dentro de la pureza y de Ja integridad de nuestros principios. Pero si un Gobierno, sea el que fuere, lleva á las Cortes reformas liberales, progresivas, nosotros, sin abdicar ni un punto de nuestras aspiraciones y de nuestro programa, prestaremos nuestra cooperación á tal Gobierno. Y en líneas generales y refiriéndome á la cuestión que actualmente preocupa los ánimos diré que lo que los republicanos deseamos es la plena y absoluta soberanía del Estado en el orden religioso, es decir, el predominio indiscutido, incontrastable, del poder civil y de sus atributos. -Para esto- -he observado yo- -habría que adoptar actitudes extremas; el Estado indefectiblemente se vería precisado á romper con Roma... ¡Qué duda cabe! -ha excramaao ei señor Salmerón. -Lo que se aspira es á que el Estado sea un espectador impasible ante las diversas confesiones religiosas de los hombres. No queremos de ninguna manera sostener una iglesia extranacional, ¡una iglesia que se coloca fuera de la nación y del suelo donde reside, al buscar su punto de apoyo y su aspiración en Roma. En Francia, antiguamente, la iglesia ra francesa y no romana; sabe usted que allí se creó una robusta iglesia galicana, y que su más alto representante era Bossuet; allí entonces se podía decir que la iglesia era una con el Estado, pero en España por el contrario hay que reconocer y afirmar que la iglesia, es una con TJOHUÍr MADRID; 2 T DE OCTBRE. DE 1906, NUMERO SUEL fO, 5 CÉNTIMOS el prelado Tavira, de Salamanca, publicó con aquel motivo una pastoral diciendo que el mundo confesaría la gran condescendencia del Rey a! permitir, como se permitía antaño, que saliesen para Roma las cuantiosas sumas dé dinero que salían antes recuerdo también que en 1709, otro obispo, el de Córdoba, llamado Solís, dio á la estampa otra pastoral en que dirigiéndose á Roma la apostrofaba en estos términos: ¡Oh ciudad venal, capaz de- venderte á ti misma si hallases comprador! Pero todo esto- -ha añadido el gran orador- -podemos decir que no constituye una doctrina sistemática, y que aquí (como ha demostrado Masdeu en su libro) no ha habido, salvo en los tiempos primitivos, una iglesia nacionalista y ferdaderamnte autóctona. Y si casóse orno los que he citado se han producido en otros tiempos, triste y desconsoladora verdad es que la iglesia española y toda la iglesia en suma deviene cada día con más acentuado carácter dominadora y antinacional; es decir, en términos más claros, que hoy la iglesia es jesuitismo y que el jesuitismo- es dominación. Y así tenemos el caso raro, incomprensible á primera vista, del emperador de Alemania que, en su afán de engrandecerse, aspira á apoderarse de este formidable elemento de dominación, y que á cambio de haber hecho Papa á Sarto (pues fue él quien hizo que Francisco José pusiera su veto á Rampolla) logra que el Papa haga, como cambio de servicios, un general de los jesuítas alemán... Se ha detenido en una oreve pausa el ilustre filósofo y yo he creído prudente el despedirme de él; no era preciso saber más. El Sr. Salmerón se ha marchado por el ancho pasillo adelante y yo me he ido á la biblioteca de la mis N ma Universidad á consultar unos libros AZ 0 R 1 N EL PARLAMENTO n i coche que me He! h dad k estado a punha h U to de volcar en la calle del Barquillo; el cochel ro ha sacado una lezna y se ha puesto á coser una correa del atalaje que se había roto; se han detenido tres ó cuatro tranvías; se ha formado un ancho corro de gente. Todo esto ha hecho que yo llegara tarde á la clase del ilustre filósofo. c- ¿La cátedra del S r Salmerón? -le he preguntado á un bedel. j- -Es esa- -ha contestado éste señalando wa; -pero el S r Salmerón ha terminado ya y está hablando con un escribiente y con un diputado. x He esperado un poco entre estos jóvenes que paseaban por el corredor: todos vehementes, alegres y llenos de esperanzas. La puerta de la clase se ha abierto al poco rato y salido tín señor; el Sr. Salmerón estaba dentro despidiéndose de otro. Yo he avanzado. -Don Nicolás, perdone usted- -le he dicho aí insigne patricio; -yo quisiera de usted nada oiás que dos palabras. El ilustre filosofo ha comprendido ¡o que yo le pedía y ha sorreído; a través de las hebras grises de su barba destacaban los dientes blanEL SEÑOR SALMERÓN EL PRESUPUESTO DE FOMENTO INTERVIÚ CON EL Uno de nuestro MINISTRO f a c t o r e s tuvo ayer o c a s i ó n de hablar con el Sr. García Prieto y, aprovechando la oportunidad, interrogóle acerca del presupuesto de su departamento. Las manifestaciones del ministro, que con verdadera amabilidad contestó á las preguntas de nuestro compañero, tienen indudable interés. A continuación las reproducimos: Creo, dijo el Sr. García Prieto, que dentro de lo humanamente posible, mi proyecto de presupuestos puede calificarse de obra completa. Y novse rae tache de inmodesto si así lo declaro; si juzgase que era susceptible de algua perfección no hubiera presentado mi trabao como está. Anímame el más vivo deseo de realizar la labor de restauración y renovación de la Agricultura, la Industria, el Comercio y las Obras públicas; pero he tenido que rendirme ante la evidencia de una realidad que el país enterqj conoce y aprecia y limitarme proyectar transformaciones é innovaciones prudentes que puedan servir de base á más amplias reformas. N o t es esto atribuirme iniciativas que pertenecen á todos; los problemas relacionados con mi departamento han sido estudiados extensamente por las Corporaciones científicas, -agrícolas, económicas, industriales, por la Prensa, por td en fin, y la unanimidad es oerfecta. -Sfn embargarme he permitido yo añadir- -en España ha habido un tiempo un episcopado civilista, españolistá, regalista... -Sí, sí, ya sé- -me ha atajado el Sr. Salmerón; -sé que el obispo Melchor Cano en sut informe al emperador Carlos V llegó á decir, que era preciso que no se mandara ni un solo maravedí á Roma, y añadió que había que obrar ruda y violentamente, sin miedo á las- guerras intestinas de religión, con que en Romaame- nazaban un dja y oírp, porque- -añadía Mel- chor Cano- -si después de resistirles y reme- l diar los males que nos hacen, con ¡os mismos temores nos asombrarán como y cuando quisieren Sé que en 1799 cuando Carlos IV publicó en abierta oposición á Roma un decreto sobre dispensas matrimoniales, todo el episcopado español se puso á su lado; recuerdo que