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v -w á A y jf r. rr i, i J V j i J. i. UN SUBMARINO PERDIDO Por los telegramas que en nuestro número anterior publicamos, ¡conocen nuestros lectores la espantosa catástrofe ocurrida en Bizerta, donde el submarino francés Lutin, que maniobraba en aquel puerto, hundióse en el mar, desapareciendo con toda su tripu- ¡lacién. ¡Sólo el reflexionar acerca de los sufrimientos de aquellos valientes marinos sepultados en vida, estremece y apena al ánimo más fuerte. Sumergiéronse dos veces antes de la catástrofe sin que nada hiciera iemer que ésta había de producirse, y al sumergirse por vez tercera, tal vez anies de llegar á mucha o- rofundidad, los tripulantes (De Z lllustrations. i del Lutin advertirían que estaban perdidos sin remedio y que nadb podía salvarles de una muerte horrorosa. La pérdida del Lutin constituye una desgracia nacional parA Trancia, que no hace mucho sufrió una de igual índole, y en todas partes ha producido verdadero sentimiento. Inglaterra, á quien en estos momentos agasaja la nación francesa en la persona del alcalde de Londres, ha sido la primera en dar testimonio de su dolor y en facilitar auxilios, poniendo á disposición del almirante francés, á cuya escuadra pertenecía el submarino perdido, buaues v medios de salvamento.