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ABC- VIERNES i9 DE OCTUBRE DE 1906. PAG. 4. EDICIÓN 1. L i SEÑORA. -Lo mismo que tú, Pepe. E L GENERAL. ¿Y vio usted e ¡asaito de Sebastopoi? LA SEÑORA. -A tu lado, el día 8 de Septiembre. EL GENERAL. ¡Caramba, es cierto! El 8 de Septiembre de 1855. Hace la friolera de cincuenta y un años. Cómo pasa el tiempo. Parece que fue ayer cuando tomamos á Sebastopol. Pero usted, repito, ¿qué diantres hacía allí? ¿En alguna ambulancia, sin duda? LA SEÑORA. -NO, Pepe, á, tu lado; siempre á tu lado. E L GENERAL (bajando la voz) ¿Entonces es usted aquella... Pero si no puede ser. Si se fue con los turcos. Buena estará, si vive para estas fechas. En suma, señora, concluyamos, ¿qué desea usted de mí? LA SEÑORA. -No sé por qué usas ese tono conmigo. Cuando pienso que en Marbeüa te tuve en mis brazos recién nacido... E L GENERAL. ¿Usted? (El general, estupefacto, h recibe en sus I brazos. Después la separa un poco, y al ver su faz amarillenta y arrugada, suspira con honda tristeza. Se oyen en la puerta unos golpes discretos, y luego una voz que pregunta: ¿Se j puede pasar? EL GENERAL (aterrado) ¡Que no entre nadiel ¡Que no entre nadie! (A consecuencia de! efecto que produjo en el ánimo del general esta dolorosa escena, dícese que abandonará pronto la presidencia del Consejo, reemplazándole en ella el marqués de la Vega de Armijo, quien no ha cumplido todavía más que los ochenta y dos años. De todos modos, ¡a escena anterior no podrá repetirse, porque la partida de bautismo del marqués falleció en Córdoba apolillada. JOSÉ DE ROURE LA SEÑORA. ¡Hace setenta y siete años! EL GEJNERAL. -Seiiora, usted se equivoc LA SEÑORA. -No, señor; no me equivoc (Recitando. Yo, el infrascrito cura propio de la iglesia de Santa María de JVtarbella, bauticé solemnemente á un niño que, según declaración de sus padres, nació el 29 de Noviembre de ¡829. EL GENERAL. -Y estamos en Octubre. Luego no ¡os he cumplido. Falta más de un mes. ¡Hum, hum! estas señoras de cierta edad creen que todos somos unos. LA SEÑORA. -Bueno, falta un mes y algunos días para que cumplas Jos setenta y siete. Bonito número, Pepe, para que un hombre se decida á tomar sus calditos, á echar sus siestas y á ponerse bien con Dios por lo que pudiera ocurrir. EL CENERAL. ¿Eh, qué dice usted? LA SEÑORA. -Digo, pobrecito mío, que los años no pasan en balde. Que tú, á pesar de tu buena fachada, tienes ya muchas goteras. Que el jaleo de gobernar exige gran energía y una voluntad de hierro, sobre todo, cuando se lucha en España por los principios liberales, es decir, contra todo el mundo, ó sean la iglesia y ¡as mujeres. Con la iglesia hemos dado, Sancho, que dijo el otro, y ¡claro! tú, á los setenta y siete años menos un mes y unos días no puedes tener la energía ni la voluntad que tenías á los treinta. ¡Figúrate en qué compromiso te verías, si volviese hoy á visitarte la que se fue con los turcos! Nada, Pepe, nada, hay que resignarse; abandona la política, que es hembra también, á los jóvenes, y tú, que ya has sido cuanto se puede ser en nuestra n c; ón, quítate de disgustos, de contrariedades, de comidas precipitadas y de corrientes de aire. Eso he venido á decirte, porque te quiero de verdad. Los demás, incluso tus propios compañeros de Gobierno, dicen lo mismo, pero en voz baja para que no los oigas. E L GENERAL (furioso) ¡Señora! ¡Señora... No sé, no sé cómo he tenido paciencia para escuchar tantos disparates. ¿Viejo yo? ¿Inútil yo? ¿Con goteras yo? ¿Dónde están esas goteras? ¿Míreme usted bien por todos lados! Basta ya de soportar locuras. Usted, sin duda, con la edad ha perdido el juicio. Dé usted gracias al respeto que me merece su sexo y retírese inmediatamente. LA SEÑORA. -No, Pepe, no. No sa dre de aquí mientras no te calmes y me prometas seguir mis consejos. E l GENERAL. -Está bien. Llamaré á un criado para que la eche. LA SEÑORA. -Detente, detente; no toques el timbre. Hay cosas que deben gnorar siempre los criados. Nuestros setenta y siete años de relaciones íntimas... E L GENERAL. ¿Pero está usted loca de remate? Es, sepáraoslo de una vez: ¿qu én es usted? SEÑORI (abr? zándo e smorosaraente) ¿Ingraiol Soy tu paríidr de bautismo. El príncipe Alejan lro de Hohenlohe ha presentado- -come ya oportunamente hemos comunicado á nuestros lectores- -la dimisión de prefecto de! dis trito de la Alta Alsacia. Sabido es que su padre le había legado todos sus papeles secretos y que recientemente confió a! profesor Curtius la misión de publicar las Memorias que han causado tan profunda emoción en toda Europa, provocando las más duras censuras del Kaiser. ¿Su dimisión ha precedido ó fue consecuencia de la entrevista que el Príncipe acaba de tener con el canciller Bülow en Hamburgo? En realidad, estaba demasiado indicada para ser espontánea. Además, así se deduce de las siguientes declaraciones hechas por el Príncipe á un redactor de LeTemps: Desde ayer esloy en una nueva situación. Vengo de Strasburgo, en donde he entregado alStatthaher mi dimisión de prefecto de la Alta Alsacia. Si me preguntaren por qué no dimití inmediatamente después de la publicación del telegrama que S. M I. dirigió á mi hermano, contestaría sencillamente que no ha llegado á mis manos el texto del despacho, que conozco solamente por los periódicos y por un extracto que mi hermano me envió por correo desde Bohemia. Lo natural y lo correcto era que yo no tomase una resolución tan grave antes de informarme de un modo preciso y auténtico de la opinión y de los sentimientos del Emperador para conmigo. Sin embargo, he pedido consejo al Statthalter, mi jefe, a! ofrecerle mi dimisión y me ha dicho que esperase. Escribí entonces á M r Lucanus, jefe del gabinete particular del Emperador, pidiéndole una audiencia y me contestó que el asunto seguía su curso y que mi gestión era inútil. Continuaba, pues, en la incertidumbre y como no podía permanecer en semejante s tuacíón, que acaso se prolongase indefinidamente, me dirigí al canciller del Imperio. E 1 príncipe Bülow me telegrafió que me recibiría el sábado, I J y me dirigí inmediatamente á Hamburgo, en donde estaba ¿i, y donde, efectivamente, tuvimos larga conversación. Para empezar le manifesté mi propósito de dirigirme á Berlín para rogar á M r Lucanus que pusiera en manos de! Emperador mi dimisión y que tenía) a impresión de haber perdido la confianza de S. M Sobre este último punto, de la conversación adquirí el convencimiento de que no estaba equivocado y confirmé mi decisión de retirarme. uSiguiendo los tramites gerárquicos, sometí, pues, al Statthalter mi ruego de ser relevado de mis funciones, y el ilustre y elevado funcionarioconsmtió en transmitir sni súplica a) Eraoeracor. JO QUE DICE HOHENLOHÜ Comprenderéis que hasta qus no reciba! a respuesta, que por otra parte no es dudosa, no estoy completamente libre. Todavía soy un funcionario imperial que no puede faltar á la reserva que ie está impuesta. Las iras de la Prensa alemana, desencadenadas contra mí, no me perturban. He cumplido Jo que yo creía que era mi deber. A su tiempo publicaré ¡as razones en que he apoyado mi determinación. Tales declaraciones dejan sin dilucidar el punto más interesante, ó sea por qué fueron publicadas las Memorias sin e! asentimiento imperial. Una triple razón de conveniencia parecía obligar al príncipe de Hohenlohe a! estricto deber de consultar al emperador Guillermo antes de publicarlas, recabando su permiso como Soberano, como pariente y como uno de los personajes de mayor viso en el período histórico contenido en las notas de! antiguo Canciller. El Príncipe se reserva hasta el momento oportuno, próximo sin duda, el dar á conocer las razones que han apoyado su conducta, y seguramente ese será el más interesante de los capítulos del curioso fragmento de la historia contemporánea que estamos presenciando. DE PALACIO S. M el Rey fue ayer tarde á caballo, vis tiendo uniforme de húsar y acompañado por sus ayudantes de guardia, al campamento de Ca rabanche para presenciar los ejercicios que allí están realizando las fuerzas de la guarnición. Los infantes D Carlos y D Fernando tomaron parte en dichos ejercicios, en sus respectivos cargos de la brigada de húsares á que pertenecen. S. M la Reina Victoria paseó ayer á mediodía por la Moncloa. A la u a regresó á Palacio, y después, á ¡as tres, volvió á salir en carruaje descubierto, con la infanta doña María Teresa, dirigiéndose por las calles de! Arenal y Alcalá a! paseo de coches del Retiro, yendo después á la Casa da Campo. Al pasar las augustas damas por ¡as calles céntricas, recibieron inequívocas muestras de simpatía, adhesión y respeto del público que por ellas transitaba. La Reina madre paseó ayer por la Casa de Campo con la marquesa de Peñafíovida. NOTAS RELIG! U E S T R A SEÑORA DE La más herLA A L M U D E N A TM osa y b r Jlante pagina de la historia de la Almudena, excelsa Patrona de esta muy heroica villa de Madrid; la milagrosa aparición de ia bendita imagen en el muro de la Cuesta de la Vega, el día 9 de Noviembre de io85, á cuyo glorioso recuerdo va íntimamente unido el nombre invicto del gran Alfonso VI, y el de los intrépidos guerreros que le acompañaban, es ¡a que ha de celebrar en el presente año, como lo viene haciendo desde tiempo inmemorial, a Hermandad del Santo Rosario Cantado de Nuestra Señora de ¡a Almudena, dando principio el día 31 del mes actual, psra terminar el 9 de Noviembre con magnífica procesión al sitio donde estuvo oculta la santa imagen por espido de trescientos setenta y un años, en cuyo sitio se c tnt? rá solemne salve y despedida. La Junta anhela con ardiente prnor 3 e e i el presente año revistan estas ñesias ei nayor esplendor posible, para patení. za. á ia excelsa Madre del Divino Aiioi- í ¿v a. l e sus hijos por haber sa vado m s ¡i: c: e. azr li í núes-