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AÑO CUATRO. UM. 645. CRÓMICA UNIVERSAL ILUSTRADA. H MADRID, 19 DE OCTBRE. DE 1906, NÚMERO EXTRA. 10 CÉNTIMOS Sñ mi discurso no dumá más allá de diez minutos. Y cuando haya explicado la crisis yo esperaré á ver cual es el rumbo que los acontecimientos toman. -Pero desde luego- -he vuelto a decir- usted, liberal, ¿no negará su apoyo á un Gabinete liberal? -Ese es un hecho indiscutible- -ha replicado el ilustre orador; -mi deseo es la continuación de los liberales en el Poder, y yo no he de negar nunca mi ayuda á un Gabinete liberal. -De modo- -he insistido- -que en definitiva, ¿esta es la actitud de usted? -Esta y no otra- -ha- dicho clara y explícitamente el Sr. Moret. -Sólo que á mi entender los asuntos políticos están un poco complicados, confusos. Yo veo- -ha añadido con voz suave, insinuante- -que una porción de gentes se desparrama por ahí en hablillas y en manifestaciones de todo género. El silencio es oro, y yo desearía (ya ve usted que el deseo es bien caritativo) que todas esas gentes tuviesen un poco de ese oro. No he querido insistir más; no era nada y era algo lo que el Sr. Moret me había manifestado. Hemos hablado de otras cosas y luego el propio ilustre orador, condescendiente y amable, ha salido hasta la puerta á despedirme. AZORÍN MADRID AL DÍA bradas; luego he atravesado un salón en qu, e había un piano y encima de él colgada una espingarda; después he afravesadp otra puerta y K- -í a jornada de ayer fue bastante movida. El me he visto en un despacho reducido. -Siéntese usted- -ha dicho el criado. crimen del día, porque no podía faltar, Yo he tomado asiento en una butaca. La esfue de ¡os que grandemente interesan al público y de los que hacen sacar á relucir los epí- tancia estaba en un profundo silencio; se oía el grafes ya estereotipados en los talleres de toda tic- tac de un reloj; delante de mí había una imprenta: aLas mujeres que matan Las bra- mesa compuesta de un sencillo tablero de nogal. vias Las vengadoras de su honra etcétera. Encima de la mesa destacaban libros y perióCualquiera de estos títulos encaja en la rela- dicos; he visto un rimero de los últimos númeción del crimen de ayer, cuya protagonista ha ros de Le Temps; sobre una carpeta reposaba sido una mujer que quiso castigar con un tiro una plegadera y cerca de ella, dos volúmenes franceses cuyas páginas acababan de ser cortail calumniador de su honra. lín caso bien distinto se veía horas después das. Me he acercado y he leído en las cubieren la Audiencia, donde comparecía ante el tri- tas amarillas: L Egiise ei í Elaí aü Concite du bunal un sujeto que porque su novia na quiso Vatican. Volúmenes, muchos volúmenes moscasarse con él la hizo blanco de sus tiros, como traban sus lomos en los estantes; eran unos de Arquitectura; otre s trataban del libre cambio y la había hecho de sus amores. Dos asuntos, ambos folletinables y de los del problema monetario; no faltaban algunos que cautivan á la masa grande algo más que lo que hablaban de las artes de la carpintería. Sobre la chimenea aparecía un ancho grabado con de la ley de Asociaciones. Otro acontecimiento fue el atropello de un la Asunción de la Virgen, por Rafael, y en el n 5 fio por un tranvía de los llamados Cangrejos fondo de la estancia se veía una cama, y encipor el color, no por moverse hacia atrás, por- ma de ella un traje de levita plegado. que en este caso no habría habido desgracia. Yo estaba sentado é inmóvií; pasaba el tiemEl hecho ocurrió en la calle de Carranza, y po; oía el ladrido de un perrito y voces de contras de la desgracia hubo la inevitable indigna- versaciones lejanas. De pronto ha aparecido ción, que ayer podría ser justificada, pero que en un criado. ocasiones no lo es, porque hay que ver por esas- -Venga usted- -me ha dicno este otro cocalles de Dios á algunas criaturitas toreando á rrectísimo servidor del Sr. Moret. ios tranvías y jugando con el peligro, sin hallar He desandado lo andado anteriormente, ne la oportuna y necesaria corrección de los auto- bajado las escaleras y he entrado en una bibliofes de sus días. teca. En ella aguardaba el ilustre orador. Yo Las cigarreras tuvieron también un poco de me he apresurado á estrechar su mano efusivagresca. Soliviantadas por haberse dicho en un mente. AL mitin reciente que en algunos conventos setrabaja- -D. Segismundo, perdone usted. para la Compañía Arrendataria, y persuadidas- -Querido Azorín, yo no esperaba esta de que en esos establecimientos no debe traba- visita. f j Jarse más que, si acaso, para la Compañía... Nos hemos sentado. La estancia estaba en para la otra Compañía, abandonaron sus faenas una grata semiobscuridad. Había que explicar en son de protesta y requirieron la presencia el objeto de mi irrupción inesperada y he code las autoridades, que, como siempre, echa- menzado á hablar. ron agua al vino (esta vez al tabaco) ofrecien- -Vengo- -he dicho- -como periodista. Pero do buscar al autor de la especie para que dé no pido declaraciones políticas, cosas concreexplicaciones. Y aquí no ha pasado nada. La política, animada. Consejo de ministros tas, manifestaciones categóricas, sino sencillaen Palacio, del que salió el Sr. Dávila, bauti- mente una línea general de conducta. El Parzado con el nombre de peiit Combes, y Consejo lamento se abre dentro de cuatro días: yo quipor la tarde en la Presidencia para aprobar el siera poder ofrecer á los lectores de A B C la proyecto de ley de Asociaciones. El gobierno, actitud en que en las Cortes se van á colocar cumpliendo con todo lo que previamente anun- las principales figuras de nuestra política. No he dicho más; tras de mis palabras ha ció de que el proyecto se aprobaría en un solo Consejo, acordó... reunirse por tercera vez habido un ligero silencio. El ilustre orador ¡para ir discutiendo y aprobando algunos ar- se ha echado un poco hacia atrás en su butaca; después ha sonreído. tículos más. -Azorín, perdóneme usted- -ha dicho al Es un prodigio en el arte de no acertar, cabo; -yo no puedo hablar, yo no debo hablar en los actuales momentos. Pídame todo lo que usted quiera menos esto. Mi actitud es de todos conocida: estoy en una actitud de reserva, de expectación. Hace unos días vino á verme un redactor de Le Maiin con una carta de ON EL SR. MORET La puerta de la Charbonnel; mucho quiero yo á Charbonnel, casa del Sr. Mo- que es antiguo amigo mío, pero no pude dev et es chiquitita; á uno de los lados hay un cir nada. timbre; he apretado el botón y ha abierto un Yo iba viendo que no iba á ser posible que criado. el insigne orador me dijese nada en concreto; ¿Qué quería usted? -me ha aicno este ser- esto no podía ser. vidor del ilustre político. -Sin embargo, D. Segismundo- -me he -Ver al Sr. Moret- -ne contestado yo. atrevido á decir- -usted tendrá que hacer algo- -El Sr. Moret no está. en las Cortes ahora cuando se abran. Tendrá- -Perdón; estoy citado con él de siete á usted que hablar. ¿Es que no vamos á tener el ocho. gusto de oírle sus admiradores? 1- -Está bien; entonces pase usted. El Sr. Moret ha vuelto á sonreir. Yo confieso ingenuamente que no estaba ci- -Sí, yo hablaré- -ha contestaüo. -Supongo tado con el Sr. Moret á ninguna hora. He pa- que en el Parlamento se pedirá la explicación sado y he subido por unas escaleritas alfom- de la crisis, y entonces yo la explicaré; pero TEATRO DE ACTUALIDAD I f N A VISITA 1 M- (El general Lópei PORTÚÑA D m í n g o el- -despacho de su casa, padeciendo la somnolencia producida por la digestión de un buen almuerzo. Semblante plácido, respiración algo sonora. Los canarios duermen en sus jaulas más en silencio. Se abre la puerta del despacho y aparece una señora de bastante edad, arrugadita, temblona, que disputa con el ayuda de cámara del general, quien pretende cerrarla el paso. Por fin, cede el criado, haciendo un gesto de resignación, y entra T la señora. i LA SEÑORA (aproximándose al general y con ANTE EL PARLAMENTO C voz suave) ¡Pepe! jPepel E L GENERAL (sin abrir Jos ojos) ¿Quién! ¡Ah, Bernabél Déjame dormir. Avisa á Consejo para las cuatro. íJ LA SEÑORA! -No soy Bernabé. Pepe, soyl EL GENERAL (incorporándose y mirándola) ¿Qué es esto? ¿Quién le ha dejado á usted pasar? ¿Qué desea usted de mí? LA SEÑORA. ¿No me conoces, 1 Pepe? Por Dios, no pongas ese ceño. v E L GENERAL. ¿Pero quién ¿s usted? LA SEÑORA. ¡Ingrato! La que más tejw querido en la vida! EL GENERAL -Basta de bromas. Estoy eñ mi casa y no consiento. LA SEÑORA (amorosamente) -jPepe! EL GENERAL (furioso) -NO me llame usted Pepe. Llámeme usted López, ó general, ó presidente. 7 v LA SEÑORA. -Pepe te he llamado toda la vida, lo mismo cuando correteabas por Málaga el año 1834, que cuando hacías el cadete eñ Segovia el 1846, que cuando estuviste en Crimea. E L GENERAL (más suave) ¿En Crimea? E s verdad, y o he estado en Crimea. E n aquel cajón g u a r d o la medalla. S o y el únic Tmilitar e s pañol q u e estuvo en Crimea. P e r o y usted, señora, ¿qué demonios hacía en Crimea?