Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
A B C MARTES 16 DE OCTUBRE DE- 1906. PAG. 4. EDICIÓN la familia de nuestro infortunado compatriota haya recibido ni siquiera una palabra de consuelo, como desagravio á tan criminal fechoría. Pero sí este y otros datos parecidos no son uncientes para demostrar la sangrienta burla con que nos tratan recordaremos que hace tres meses, sólo trestmeses, otros moros asesinaron á Mr. Chambonnier, un empleado del Banco francésde Algeciras, y que estando todavía caliente su cadáver, Mohamed Torres daba al ministro de su nación un cheque de 100.000 fran- I cos para la familia y la propiedad del terreno donde se cometió el crimen, áfin de que sobre él se levantara un monumento en recuerdo de Ja víctima y como eterna protesta del asesinato. Huelgan los comentarios después de apuntados tales datos. La enumeración de ellos dice más que cuantas alegaciones pudieran aducirse. Se sabe que nuestros representantes hacen las oportunas reclamaciones, y que exigen tanto ó más que los de las otras naciones, al delegado del Sultán, pero que éste, astuto como todos sus compatriotas, comprende que Jos ecos de nuestros ministros no causan efecto en Madrid, y que las amarguras de nuestros compatriotas no conmueven á nuestros Gobiernos. Los moros han visto cruzar amenazadores por sus costas barcos norteamericanos solicitando la inmediata ejecución de las reclamaciones hechas; oyen á cada momento el estampido de los cañones de los cruceros franceses; han íeído más de una vez el ultimátum mandado por los ingleses, porque han sido remisos en atender á sus demandas; pero, en cambio, no ven nada de eso en España, de donde nunca viene una amenaza, ni siquiera un solo arresto de energía, y por eso nos tratan así. Yo he visto llorar de indignación á un funcionario español, de servicio en este Imperio, al relatarme, junto al hogar, el desamparo en que aquí se hallan nuestros compatriotas. La materia es larga y ¡a proseguiré otro día. -Entonces ¿con quién hemos de tratar? -interrogó el canciller. -Con el Gobierno de París. ¿Con S. M la Emperatriz? -insistió Bismarck. ¿Creéis que eso es posible ya? El Emperador quedó anonadado. No creía que pudiese haber caído e! Imperio. El propio Hohenlohe oyó referir á Bismarck la siguiente interesante anécdota hablando de Benedetti: En el invierno de J 8 6 6 Brnedetti me hizo indicaciones de que Francia no pretendía una cesión de territorios; pero al mismo tiempo me hablaba de Bélgica. Debi arrojarle por la escalera abajo, pero esto habría sido provocar la guerra, y yo deseaba evitarla. A ia vez procuraba yo a todo trance el aumento de nuestras fuerzas; así es que le dejaba hablar y él creíajque yo era capaz de asentir á sus planes. Después... cuando menos podía pensarlo, estalló la guerra. Motiva esta calificación, que es posible que hoy se modifique, el hecho de haber adquirido el Sr. Hernando un padrón y tina cédula, donde hacía constar que tenía veinticuatro años, cédula y padrón que le sirvieron para solicitar del Registro de la Propiedad una certificación referente á cierta casa que gravó con un préstamo hipotecario, que no hubiera conseguido á tener menos años. La intervención del Sr. Barriovero parece que queda reducida al hecho de haber firmado como cabeza de familia el padrón que sirvió á Hernando para adquirir la cédula personal. Hoy terminará la vista de este juicio, en el que sostiene la acusación privada el distinguido letrado Sr. Alvarez Arranz. El Sr. Barriovero se defiende á sí mismo, UN PASANTE DISPOSICIÓN PLAUSIBLE i odo el mundo ha aplaudido al señor gober nador por sus recientes órdenes contra las falsas periodistas Gracias á tan prudente cuanto oportuna disposición, por fin desaparecen de la calle esas desventuradas jovenzuelos que, á pretexto de vender periódicos, se dedicaban á otra clase de ventas. Justo es, pues, el aplauso general dedicado á la primera autoridad de la provincia. Y yo supongo que la más entusiasta de to das ¡as felicitaciones recibidas por el Sr. Alba, habrá sido la de la Asociación de vendedores de periódicos. Porque si esta Sociedad lucha- como es lógico, per la prosperidad material y moral de la clase que representa, lógico es qué procure limpiarla de toda mancha, cuidando de) buen nombre de todos y de cada uno de sus individuos. En los tiempos románticos, cada vez mái distantes por fortuna, ciertas profesiones podían ejercerse libremente sin más limitaciones que las privativas de cada quisque. Hoy se ha demostrado la conveniencia de la agrupación colectiva y quien no acepte la de su clase no es merecedor de envanecerse con su título. Los mismos vendedores de estas hojas volanderas volanderos también en otros días, han comprendido que la asociación es una fuerza para el logro de las aspiraciones generales. Y tienen su correspondiente Sociedad, celebran sus sesiones, toman y ejecutan sus acuerdos... Porque vender periódicos es! o mismo que vender carne, por ejemplo; y correr, para despachar su mercancía, es un trabajo no menor que el de extraer metales del fondo de una mina. La sociedad moderna cuenta, pues, con esta colectividad desconocida en pasados siglos, y no menos respetable que otras tantas. Pensando en su prestigio, yo supongo que habrá felicitado al Sr. Alba por la recogida de esas intrusas del rperiodismo Personalmente, yo quiero también felicítale á mi ilustre amigo en nombre de los olios periodistas. Confesaré, para justificar mi aplauso, el profundo disgusto que me causaba el vef cómd nuestros modestos trabajos servían de tapadera y de reclamo para otra clase de trabajos, igualmente desagradables. Cierto que el periódico que sale de nuestras manos ya no nos pertenece; pero es muy triste suponer que sirva para ciertas cosas, ya que sirve para ciertos usos ¡ay! que parecen excesivos como condena... Estas hojas donde sudamos tinta- -dicho sea en todos los sentidos de la frase- -son á veces galeotos inconscientes de los amores puros y bien intencionados. Cuando, por ejemplo, ocultan á los maternales ojos vigi! a t s, las miradas tiernas de los novios; ó cuanio arrullan el sueño de las cabezas blancas, para que á los suyos se entreguen las cabezas rubias... Aceptemos resignados esa du ce corsi- TRIBUNALES D O R Q U É RIÑERON? Parece extra pero ni en el sumario, esa piedra angular del juicio, ni en el acto de! a vista, celebrada ayer en la Sección segunda, pudo ponerse en claro por qué riñeron el día 10 de Septiembre del año último Teodoro Rodríguez y José Ron Alvarez. Sábese únicamente que la riña ocurrió el día referido en la puerta de la taberna establecida en la Ribera del Manzanares, y que á consecuencia de aquélla José Ron infirió con un cuchillo á Teodoro tres heridas que le ocasionaron la muerte á los pocos momentos; pero ni de las declaraciones del procesado ni de las que prestaron los pocos testigos que fueron citados, pudo deducirse de un modo evidente el origen de la cuestión. GUILLERMO SÁNCHEZ Sea aquél cual fuere, es lo cierto, como deTánger i i Octubre 1906. cimos, que José Ron acometió á su enemigo con una arma blanca y le causó la muerte, hecho que determinó el procesamiento del agresor. El fiscal, Sr. Villegas, acusó ayertarde á José considerándole autor de un delito de homicidio sin circunstancias modificativas y pidió al Qigue siendo asunto de preocupación para Jurado que emitiese un veredicto en esíe sen toda Europa las Memorias del ex canciller tido. de Alemania, publicadas por sus hijos. El defensor, D Julio Medina, entendía En ellas hay anécdotas curiosas, de las cuales que su patrocinado había obrado en legítima vamos á dar alguna noticia extractada en A B C defensa; pero ante el temor de que los jueces Cuenta el Príncipe que un día, en Enero de 1 889, y en una comida celebrada en Ber- populares no apreciaran esta eximente, alegó las atenuantes de arrebato y obcecación, haber lín, estaba sentado frente al Emperador y al precedido amenaza adecuada de parte del ofenkdo de Mecfce. Este le habló de mil cosas, y dido y la ele no haber tenido intención de cauentre ellas le contó una aventura que le ocusar un mal de tanta gravedad como el que prorrió con Napoleón el año 1867, en Fondujo. tainebleau. Se le cayó al Emperador el somHecho el cesumen con imparcialidad y elobrero, y Mecke le recogió, ofreciéndosele á cuencia por el presidente del Tribunal, D. CaSu Majestad Imperial. milo Marquina, retiróse el Jurado á deliberar, Así, pude dar al Emperador su sombrero, agregó el marisca! y tres meses después qui- pronunciando media hora más tarde un veredicto de culpabilidad, que no se ajustó en totarle ¡a Corona. das sus partes á la petición fiscal porque en él En otra ocasiónBismarckle refirió la siguiense tuvo en cuenta una de las circunstancias alete escena ocurrida inmediatamente después de gadas por el defensor: la de no haber tenido ¡a caída de Sedán: intención de causar un mal tan grave. Bismarck fue prevenido por el general ReiAbierto el juicio de! Derecho, el represenlle, de que Napoleón deseaba hablarle. El canciller se apresuró á ir a! encuentro del desgra- tante de la ley solicitó que sz impusiera á José Ron la pena de doce años y un día de recluciado Emperador. La población estaba llena de prisioneros franceses. Bismarck trató á Na- sión temporal, accesorias y costas. (La Sala falló de acuerdo con esta petición. poleón como le había tratado en las Tullerías antes de su desgracia. Rogó Napoleón al canciller que Je acompañase, porque sus propios DOR FALSEDAD Humberto Hernando soldados le habían insultado en las calles. y el distinguido escriAccedió á la súplica el canciller, y entraron tor D Eduardo Barriovero, comparecieron ambos en una casa modesta y aislada, donde ayer en la Sección primera acusados, el primeconferenciaron. ro, como autor de un delito de falsedad en escritura pública, otro en documento oficial y B preguntó á Napoleón qué pensaba dos de uso de cédul? falsa, y el segundo, de hacer v si quería negociar. Napoleón contestó un delito de falsedad en documento oficial. que s. endc un prisionero no podía negociar. LAS MEMORIAS DE HOHENLOHE