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ABC. L U N E S i 5 D E O C T U B R E D E iqo 6. P A G 8. E D I C I Ó N j la fórmula de Taüeyrand, de que la palabra nos fue dada para ocultar itucsiíos pensamientos. De todos modos, la partida del conde de Lanza, ha de ser muy sentida en esta capital. Me consta que para fines de este año, si no antes, M r Bihourd abandonará el hermoso palacio de la Embajada de Francia, situado en la Pariser Platz. Es cosa absolutamente decidida, por más que órganos oficiosos digan lo contrario. ¿Pero quién le reemplazará? That is the queslion. Se habla del actual embajador de Francia en Madrid, M r Cambon, pero vo mepermito dudar de tal combinación. Cuando en 1896 Herbette, entonces embajador de Francia en Berlín, fue llamado por su Gobierno, se habló también de M r Cambon, 3 creo en tales rumores, aunque de día en día se van acentuando más. La colonia austríaca está dividida en idos partidos: el uno lanza de vez en cuando la noticia del cambio de embajador en Berlín, y en seguida la desmiente el otro. Pero desde luego, se puede tener por seguro que mientras viva el anciano monarca Francisco José, á quien no le gustan caras nuevas, y que además, profesa especial cariño á su embajador aquí, éste permanecerá en su puesto. En cambio, parece ser cierta la partida del conde de Lanza, embajador de Italia y el diplomático- soldado como aquí se le llama, una de las figuras más simpáticas y más conocidas en esta Corte. Tuvo su tiempo de gloria cuando vivía aún su rey y amigo Humberto y estaba en todo su apogeo la triple alianza. pero los últimos acontecimientos nan probado que en medio de la mayor armonía entre ambos: pueblos, el menor incidente puede echar abajo, como castillo de naipes, lo penoso y sabiamente edificado durante muchos años. En todo caso, cualquiera que sea el que venga á reemplazar á M r Bihourd, será difícil que: llegue á tener con Guillermo 11 la intimidad que éste tuvo con el marqués de Noailles, á quien distinguía muy especialmente. Al regresar de sus paseos matinales, solía entrar el Emperador, algunas veces, á la Embajada de Francia á fumar un cigarrillo en compañía del marqués y as! se arreglaron en repetidas circunstancias, de la manera más sencilla, cuestiones pendientes entre ambas naciones Cuéntase que una mañana muy temprano, X A Í. WL t 1 -VJT 1 r. fttL rta 1 I TM 1 1 i 1 1 1 í d. -1 CATÁSTROFE FERROVIARIA ITALIA. EL TREN RÁPIDO DE MILÁN Á ROMA DESCARRILADO EN LA ESTACIÓN DE PLA 1 SANCE Cuando la aproximación de Italia á Francia díjose aquí, con una sonrisa que quiso ser indulgente: ¿por qué no se ha de permitir dar tena vuelta de vals extra con Mariana? (como aquí se llama á la República francesa) Pero todo el mundo pudo advertir tras aquella sonrisa, la susceptibilidad herida, la desconfianza y el recelo que más tarde, cuando la Conferencia de Algeciras, ya no se pudo ni se quiso disimular más, hasta el punto de que hubo quien pronunciara la palabra felonía. Claro es que esta falsa situación, creada por la actual orientación política de Europa, tiene que influir en las relaciones oficiales del conde de Lanza, y es lógico y probable que él mismo militar por vocación y por carrera, no se sienta propicio para practicar una diplomacia de suspicacias y de hábiles reticencias, según quien, con ó sin razón, tenía aquí fama de ger- manófobo. y hasta dícese que no fue en aquel j ¡entonces persona grata. Han transcurrido diez años y hoy parece que M r Cambon sería bien venido. La política tiene esas sorpiisas y J? s miras del Kaiser son insondables. ¿Pero cambiará M r Cambon su brillante situación en Madrid, donde es universalmente querido y donde se le presenta ahora ocasión de servir lucidamente á su patria á la vez que al país donde tantas simpatías cuenta, en contra de la capital teutónica? Es verdad que la alta política que se ha de inaugurar en el sentido, según todos los indicios, de una aproximación franca, con visos de convenio, entre Francia y Alemania, puede tentar á un hombre de su elevada inteligencia; Fot. Luca Comerio habiéndole dicho el ayuda de cámara, todo sofocado, al Emperador, que el marqués se haHaba aún en cama, Guillermo II le contestó: No importa, ya le despertaré yo mismo. Entró el Kaiser en la alcoba v descubriendo la cama exclamó: ¡Arriba, señor embajador, que tengo que hablaros. No hay para qué decir que tal familiaridad, poco en consonancia con las prácticas cancillerescas, no es muy frecuente, é indica un grado de cordialidad, muy de desear en las relaciones de ambos países. ¿Será el futuro embajador francés tan del agrado del Emperador, como aauél í aue me he referido? EDUARDO HAHN Berlín, i o Octubre, 90 Ü.