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A B C JUEVES n DE OCTUBRE DE 1906. PAG. 5. EDICIÓN, i. r. i r. -í t fe 1- 4: ¡CONCURSO DE COCHECITOS EN PARÍS cerca del Museo una lápida en la que se leía mi nombre al lodo del mariscal D Estrade, que firmó el Tratado de Ni meza, y durante la ceremonia pensaba yo: a Si el mariscal y yo nos encontráramos ahora, uno á presencia de otro, ¿quién seria el más sorprendido de los dos? Creo que sería él. Durante el coloquio con el redactor de Le Temps, Fallieres recibió otras visitas. Alguien le hizo observar que en su casa era demasiado f cil el acceso. -Mi casa- -contestó el presidente- -siempre está abierta para todo el mundo, Es una vieja costumbre de familia. Fallieres goza de grandes simpatías en su país, y entre los sencillos aldeanos produce un efecto sorprendente. Un día, un campesino decía á otro: -Creo que le harán Papa -Es imposible- -respondió convencido el otro. -Sería necesario que fuese viudo, y yo he visto hace poco pasar á su señora. -Es buena gente- -concluyó el Presidente. Es una felicidad vivir aquí, y hablar en dialecto como yo hablo con ellos todo el día. í I N PERRO APRO- El Casselí s Maga. VECHADO zine P u b! i c a u n c a s o curioso que refiere el Sr. Key Robinson, de dos perros de su propiedad. Este tenia en Ja India dos perros, uno pequeño y astuto, Yesíer, y otro grande y estúpido, C. ad; el pequeño comía en una pequeña cazuela, el grande en una mayor. Siempre que los dos perros oían un rumor en la calle, abandonando la alimentación, se precipitaban fuera. El grande, como más fuerte, corría más lejos; el otro regresaba antes, y, entonces, antes de comer su ración, engullía parte de la de su compañero. Pero no se conformó el pequeño Caá con esto; su malicia ideó un admirable recurso: fingir el supuesto rumor de un transeúnte, un ruido cualquiera. Caá ladraba con furor, y el inocente Yester, cayendo en el engaño, abandonaba su plato y EL CONCURSO DE COCHECITOS PARA NIÑOS, ADORNADOS CON FLORES, ORGANIZADO POR M. LEP 1 NE Fot. Hutin Trampus. MAPAMUNDI UN PRESIDENTE El presidente de la República francesa COSECHERO ha visitado triunfalmente su país nativo. La última etapa del viaje filé Loupillon, la agreste villa situada en la falda de la colina donde posee extensos viñedos el jefe del Estado. Un redactor de le Temps visitó al Presidente (después del almuerzo) ¿Por qué no habéis venido antes? -díjole con cariño Fallieresj- -Hubiéramos puesto un cubierto más. Aquí nada de ceremonias. Yo he recomendado á Mollard que deje el Protocolo tranquilo. jDespués, mirando hacia sus vides, exclamó: -He aquí mi vida, lo que amo más en este mundo. ¡Si supierais cuánto me duele no poder venir con la frecuencia de antes... Una vez al mes hacía una visita á Loupillon; ahora no es posible. En este momento comienza la vendimia, el vino será bueno este año. Mire usted los prados, no los he visto nunca tan secos. Desde el mes de Mayo no ha caído una gota de agua en esta región. -Yo he bebido el otro día vino blanco de vuestra cosecha- -d ij el periodista, -y sin cumplimientos, es excelente. -Yo no bebo jamás otro- -contestó Fallieres. -Las horas mejores de mis días las paso entre mis viñas. En jRambouillet, especialmente, hay instantes en que me parece que asoma por sus históricos viñedos algún gentil hombre de Luis XV ó Luis XVI. -Sería un encuentro desagradable. -La otra manaría, durante la colocación de la primera piedra en el teatro de Agen, observé fc- ir LA EMINENTE TRÁGICA ITALIANA A D E L A I D A R 1 STORI f ANTEAYER