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A B C. SÁBADO 6 DE OCTUBRE DE 1906. PAG. 4. EDICIÓN i. les llevaba á Jnglaíeí- va, descendieron é hicii- las tropas de Solaparte, á elegir ei que mas ron muy bien. guste y convenga y ¡ande el barato! Pero el marqués, para librar á su hija pro Ya conoces á Herrera y te figurarás que la dirección debía de ser mala cuando no se pia de lo que él entiende una humillación, disatrevió. ¡Ahora está desesperado! curre una martingalita admirable: substiturla Esteban y Montojo iban desorientados des- por la cabrera í a! omé, á ¡a que hace pasar por le que salieron de París; se encontraron de pronto con el mar, á las diez de la noche y sin saber dónde estaban, por lo cual descendieron como aconsejaba la más elemental prudencia. Yo hice el siguiente viaje: salí de París á las cinco y doce con dirección SO. fui orientado hasta poco más allá de Versalles y luego me perdí por completo. A las nueve vimos los faros; íbamos en dirección N O pero no sabíamos dónde, aunque creíamos que hacia Granville; á las diez llegamos al mar, consulté con Horga, que me respondió que cuanto yo hiciera le parecería bien, y viéndole decidido á todo, hice la atrocidad de meterme en el agua; á las diez y media ya no veíamos faros, y hasta las tres y media no volvimos á ver los de ia costa inglesa, que nosotros tomamos por la irlandesa, por creer que habíamos salido de Francia por Granville, cuando realmente debimos de salir por entre d Havre y Cherburgo. Entramos en tierra á las cuatro en punto, y creyéndonos en Irlanda seguimos á la cuerda freno con precauciones, hasta que en unos árboles se nos enredó; el cuchfllo no corta, el viento abate el globo y no tenemos otro remedio que descender con 5oo KILOS DE LASTRE y ruja suya, y endosársela á un pobt- e gfpitan quí no le ha dado motivo para semejante bromifa. Todo saldría á pedir de boca, si la maldita casualidad no hiciese que la hija auténtica no estuviera enamorada anteriormente del capitán y ía cabrera de) soldado Miguel, tan infeliz como bien conservadote, y sucede lo que es natural, que la verdadera marquesa se casa al fin con el capitancito y la pastora con su buen soldado. ¡Vardiez! ¿Cabe mejor solución á gusto di todos? El público se distrajo con algunas escena! que ocurren entre Loreto y Chicote, hizo repetir dos números de salsa francesa, unes cuplés que dijo subrayadamente Loreto y otros del tambor mayor, aptaudíó sin gran entusiasmo el final, y Granes, jubiloso, hizo varias reverencias en acción de gracias. La cosa fue como una seda y no hubo más FLOR 1 DOR T T E A T R O CÓMICO guante ama- tilo. ¿Buscaba la empresa del Cómico una obra que! e resolviese en buena parte el problema económico? Pues ya la ha encontrado. El guante amarillo, no será muy, original, muy verosímil, no tendrá mucha gracia, ni estará limpia de vaidores excesivos; tai vez no sea la obra de la temporada; pero sí es una revista más del género sicalíptico de las que tanto dinero han dejado en la taquilla del favorecido teatro de! a calle de Capellanes. Lo mismo el Sr. Jakson que su colaborador Sr. Capeila, sabrán, seguramente, que El guante amarillo no figurará en las antologías ni les dará derecho á ocupar sendos sillones en el Areópago de la lengua, ni opción á premio en un concurso de chistes y conceptos moralizadores; pero desde el punto de vista financiero, que es de lo que se trata, bien ss puede asegurar, que se han abrigado y han abrigado y Cómico para el próximo invierno. El libro de. El guante amaiilio es simplemen te un pretexto para que las Srtas. Fons, Sánchez Jiménez y Ar. drés luzcan sus buenas formas, para que Camero nos demuestre una vez más que es un actor muy apreciabie; para que Muriel haya presentado tres decoraciones bonitas, de mucho efecto la del cuadro tercero, que valió á su autor una ovación y los honores de! proscenio, y para que los maestros Vives y Jiménez (Jerónimo) hayan hecho unos cuantos números agradables, que si no son de lo mejor que tan notables músicos han escrito, sirven bien el libro y resultaron del gusto de la concurrencia, que Jos aplaudió é hizo repetir. Al terminar la representación hubo mucho aplausos y salieron los autores varias veces á e- cena. toda la Inglaterra y Escocia por delante. Íbamos con dirección N y era nuestra la Copa, pues nadie había entrado por tan buen sitio como nosotros. Ahora voy al Aero- Club á reclamar, pues he caído el número 5 y me quieren posponer á Balsan y Huntington, por lo aue no quiero pasar. Hasta el 7 ó el 8 en que llegaremos. Siempre tuyo, Alfredo. La seriedad de Kindelan es una garantía para tomar como artículo de fe lo que en su carta dice. En ella se ve que si la desgracia no acompaña á tan valiente como ilustradísimo pilote, el Real Aero- Club de España hubiera sido el poseedor de ¡a copa Gordon Bennett. De todos modos, yo creo que hay algo de exageración en lo de suponer fracaso lo que no ha sido más que una contrariedad de la fortuna; y quien como é! hace una travesía por el Canal como la hecha en este Concurso, queda en una situación sumamente airosa. RUBRYK LORETO PRADO, EN SALOMÉ LOS ESTRENOS f R A N TEATRO 8. en Un act 0 Orden del T ey, opereta y t r g s CU 2 dros, arreglada del francés por los Sres. Granes v Polo música del maestro Giraud Parodiando una conocida frase, debemos onvenír en que si Pepe Botellas no hubiera existido, habría sido necesario inventarle. ¿De dónde sacar si no esos asuntitos de opereta con petimetres defensores del nuevo régimen, viejos entusiastas del Deseado, padres y tutores idiotas, hijas enamoradizas de apuestos capitanes y manotas curiosas? ¡Horrible! Pues Orden del T ey es algo así como una exhumación piadosa de esas reliquias teatrales por TÍOS (ahora está en moda) tan respetadas. El veterano Granes, y lo de veterano va sin segunda, inspirándose, ó cosa parecida, en una opereta francesa y con los auxilios de Ernesto Polo, ha escrito Orden del J ey, que no puede encajar mejor en el gusto de los partidarios de Ja opereta de primera enseñanza, digámoslo así. Véase la clase. EJ marqués de Puentellano, viejo mucho más iistraído que el Dr. Mirabel, en cumpli niento de una orden de Pepe Botellas, se compromete á que su hija se case con un oficial de I a lotería del matrimonio. Existe en Noruega entre JOS pescadores del distrito del Elvegaard una curiosísima costumbre. Cuando una joven pobre ha cumplido veinte años y su conducta es impecable, la autoridad del distrito decide que se la debe constituir una dote. Como el Ayuntamiento dispone de pocoi 1 fondos para la institución de estos premios a la virtud, se organiza una lotería ó tómbola I con papeletas al precio de cinco coronas (unos j seis francos) que son solícitamente colocadas. El que gana la lotería es el primer candidato á la mano de la muchacha, la que, no obstante, puede rehusar el esposo que le ofrece la suerte, quedando, sin embargo, á su disposición el importe de la lotería para el momento de su matrimonio. No parece que los periódicos noruegos hallan inmoral este originalísimo juego. Los billetes de esta extraña lotería han sida tan pedidos este año como los nuestros de! a de Nochebuena; la novia aue ha entrado ene! bomCHICOTE, EN EL SOLDADO MIGUEL