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A B C DOMINGO 3o DE SEPTIEMBRE DE ¡906. PAG. 5. EDICIONj 8 LOS TERREMOTOS DE CHILE Chile. Mes y medio ha transcurrido desde los luctuosos sucesos á que nos referimos, y el horror que en todas partes produjeron ha mantenido vivo su recuerdo. No es, pues, hablar de una cosa lejana que exija referencias nuevas, ocuparse en la catástrofe chilena; es, por lo contrario, dar una información novísima publicar los documentos fotográficos que tienen la elocuencia de la autenticidad. Compatriotas nuestros son los que nos los envían acompañados de cartas, cuya lectura aterroriza. D. Francisco Godo, nos dice: Las ca es y plazas donde había espacio para apostarse, se veían llenas de gente, que, sobrecogida de espanto, murmuraba plegarias é invocaba á Dios, creyendo llegado el fin del mundo. Los que por sus ocupaciones estaban fuera de sus hogares al ocurrir la catástrofe, corrían por las calles llamando á gritos á sus deudos y in calcular el peligro de que se les viniese encorreo empezó á El ción gráfica de lastraernos ayer informagrandes catástrofes de SANTIAGO DE CHILE. EL PANTEÓN DE LA FAMILIA PEREYRA, EN RUINAS Fot. Dupuy de Lome. bábamos de sentarnos á la mesa. De pronto sentimos como un soplo de huracán bajo les pies y toda la casa comenzó á estremecerse. Costaba trabajo mantenerse en equilibrio. Salimos al jardín. La tierra se movía con ondulaciones de mar alborotado y el edificio se bamboleaba como un buque en medio de formidable tempestad. Si los sacudimientos de la tierra espantaban, no producía menos terror el ruido de tejas, planchas de cinc, chimeneas y paredes que se derrumbaban. ¿Cómo fue que Santiago entero no se hundió? Nadie se lo explica. En Viña del Mar, pueblo de veraneo situado á pocos minutos de Valparaíso, los efectos del terremoto fueron también funestísimos. Apenas ha quedado allí un edificio sano y los que menos sufrieron requieren la demolí ción inmediata, pues son, más que otra cosa, un peligro constante. Afírmsse que la razón de que no haya ocurrido en San. iago lo mismo que en Valparaíso se debe á la solidez del subsuelo de la capital, que es de granito. Santiago, relativamente a Valparaíso, ha sufrido poco, y ¿so que la diV tancia entre ambas ciudades no pasa de 3 j kilómetros. VALPARAÍSO. LA CALLE DE CHACABUCO. DESPUÉS DEL SINIESTRO Fot. Godo. cima alguna casa. ¡Cuántos de estos desgraciados perecieron así! EI fenómeno seísmico duró cuatro minutos, y su violencia era tal, que no era posible sostenerse en pie ni aun apoyándose en los postes del tranvía. Oe todas partes de la República vinieron las compañías de bomberos con su material, y gracias á ellos y á las autoridades, que procedieron con energía, se logró localizar el fuego en dos días. Mi familia y yo, como la inmensa mayoría de los habitantes de Valparaíso, hemos quedado en la calle. Diez minutos después del terremoto, el incendio había dado cuenta de mi casa, cuyas ruinas se ven en el primer término de la derecha de la fotografía, de la calle de Chacabuco, que hoy le envío. Hemos sido, sin embargo, víctimas afortunadas, pues todos salimos con vida. D Roberto Dupuy de Lome, director del semanario de Santiago de Chile Páginas Españolas, nos refiere los efectos del temblor de tierra en aquella capital. Duró, dice, de cuatro á cinco minutos, y su violencia fue tal que no se comprende cómo no quedó borrada esta ciudad del mapa. Eran Jas siete y cincuenta minutos y aca- ViÑA DEL MAR. ESTADO EN QUE QUEDO UNO DE LOS CHALETS QUE MENOS SUFRIERON LOS EFECTOS DEL TERREMOTO Fot. DUPUV de Lome.