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A B C VIERNES 21 DE SEPTIEMBRE DE 1906, PAG. 6. EDICIÓN 1. Así era el querido maestro francisco Nava. rro y Ledesma. Su cultura solida y enorme, basada en el estudio de las Humanidades y en e profundo conocimiento de los clásicos y core nada por la constante lectura d ¡los autores modernos, le dio la necesaria experiencia para saber escoger y para saber guiar. Su ampli espíritu y su alta y serena inteligencia, le sir vieron para poseer ese sentido de la pondera, ción tan necesario para no engañarse ni engañarnos. Bien puede afirmarse que era el maestro que precisaba la nueva generación literaria, venida á la lucha en uno de los períodos de transición más interesantes de nuestra historia. Período de vacilaciones, de dudas, de tanteos y, por lo tanto, de esfuerzos dolorosos, bien, necesitados de una experta mano y de un espíritu comprensivo y verdaderamente justo. y Otros hombres ilustres que hubieran podido ocupar el puesto, están alejados de! a línea de combate por sus años, por sus rchaques ó por sus preferencias. Navarro y Ledesma estaba cerca de los bravos luchadores nuevos, pues si por su espíritu era tan nuevo como ellos mismos, por su edad era también su conten j oráneo. Y ellos acudían solícitos, cariñosos á casa del maestro, en busca de un consejo, de un libro, de una cita, de un juicio leal; sin qut nunca les faltara el juicio, la cita, el libre ó el consejo. Y los domingos por la noche, aqtie! despacho que mostraba los instrumentos del trabajo- -libros, plumas, tinteros, cuartillas, anotaciones- -siempre en potencia laberante- como esas fábricas que no apagan nunca ¡us calderas, -albergaba á los íntimos del ran escritor que iban también á verle como maistrc. Las horas se deslizaban rápidas, en animada conversación que él sostenía principalmente con su ingenio. Y como era preciso hablar de literatura, él resolvía siempre ¡as dudas y des. truía todas las interrogaciones. Al evocar aquellas reuniones inolvidable me parece que surge ante mis ojos conmovidas la dulce figura del maestro... ANTOMO PALOMERO Y LEDESMA J- l oy hace un año que falleció en Madrid nuestro inolvidable compañero Francisco Navarro y Ledesma. Le sorprendió la dolencia que había de acabar con sus días, recorriendo algunos lugares históricos en busca de datos para sus estudios favoritos. Así llenaba e! pequeño paréntesis de su incesante labor cotidiana, pues él no había nacido para el descanso, y su mejor reposo era el trabajo... Volvió á Madrid precipitadamente, y á los pocos días dejaba de existir, cuando todos creíamos en su mejoría, cuando su estado inspiraba confianza. La muerte, inexorable como siempre, y más que nunca traidora, tuvo, sin emoargo, una sola piedad con nuestro pobre amigo. Le ahorró el sufrimiento, segando su vida en un instante y respetando su sonrisa bondadosa y dulce como su espíritu... Pero esta misma piedad parecía como que aumentaba la magnitud de la desgracia... ¡Que es doloroso ver derrumbarse en un momento una vida eminente constelada por todas las virtudes del corazón y de la inteligencia... Empezaba precisamente entonces Navarro y Ledesma á disfrutar de un seguro bienestar, ganado por su propio esfuerzo, y del sincero respeto y de la franca admiración de sus contemporáneos, alcanzados también como justo premio á su labor fecunda y provechosa. Su libro timonio á la familia del muerto, también quisiéramos participar de sus consuelos, porque, participamos de su inmensa pena. LA REDACCIÓN EL MAESTRO e buscado entre mis papeles algunas car tas de Navarro y Ledesma, fragmentos de la activa correspondencia mantenida en nuestros últimos años escolares y en los primeros de nuestra vida pública con intención de reproducirlas. No es que sean documentos indispensables para trazar la figura del gran escritor, pero sí son interesantes páginas donde ya se acusan su lozano ingenio y su certero juicio crítico... No me he atrevido, sin embargo, á publicarlas, temeroso de que alguien viera en este recuerdo íntimo un deseo de ostentación personal, virtud que, á Dios gracias, no figura en la lista de mis vicios... Pero no sólo en aquellos renglones trazados con la sinceridad y la confianza naturales en quien se dirige á un amigo fraternal; en los diálogos que llenaron nuestras horas mozas, cuando nos comunicábamos nuestras impresiones sobre los libros y sus autores, aquel muchacho verdaderamente precoz demostraba una fina percepción y una seguridad de raciocinio que eran prendas seguras de un alto y sereno espíritu. Quantos gozaron de su amistad, desde aquellos sus años juveniles, han hecho, seguramente, la misma observación. Por eso no fue para nosotros una sorpresa verle ganar la cátedra de Literatura, en memorables oposicioEl ingenioso hidalgo Miguel de Cervantes nes. Ni nos sorprendió tampoco, aunque nos Saavedra, entraba á formar parte del caudal llenara de admiración, su libro definitivo E! literario de la Patria. Sus obras de texto ingenioso hidalgo Miguel de Cervantes Saavedra. se aceptaban por otros profesores, que Francisco Navarro y Ledesma era maestro enaltecían su sistema pedagógico. Su fir- desde que fue discípulo. Había nacido para ma era disputada en el mercado. Los serlo. Y al perfeccionarse con los años y con maestros le trataban como á un igual. Y el estudio constante sus condiciones naturales, buscara la animosa juventud solicitaba su apoyo y no era preciso que lasflor, todoempleo. Como cada árbol tiene su espíritu tiene su consejo... ¿Qué mejor galardón para también la suya. Navarro y Ledesma tenia la quien, como él, tenía puestos en el culti- necesidad de enseñar... ¡Alta misión, que es vo de las letras todas sus ilusiones y sus también un bello apostolado... amores todos... Nadie supondrá que aplico estas palabras, esto cuando aún conservaba el brío tan áridas entre nosotros, en su sentido estricy Ja frescura de los años juveniles, en la tamente pedagógico. No. No me refiero al mejor edad para la producción duradera maestro en su clase del Instituto, ni á su ensey eficaz; porque sin haberse agotado el ñanza profesional, aunque mereciera sinceras hay alto, tesoro de ¡as creencias, ha adquirido ya alabanzas; me refiero á cuantoen el de másque á de verdaderamente espiritual título el espíritu aquella madurez que necesita Navarro y Ledesma se otorgaba con justicia. para lanzar un juicio definitivo... En literatura se llama maestro á todo el qi e ¡Todo acabó en un minuto trágico... ha llegado á la cima de su arte, á quien posee Al saber la terrible noticia, decía el la perfección de su fórmula, al que domina la maestro Galdós que la muerte del escri- materia que trabaja. Pero este nombre es de tor insigne era una desgracia nacional. respeto y puede ser también de cariño. PodeTodos los periódicos comentaron del mos admirar á los maestros sin intentar siquiealgumismo modo el triste suceso. Y esa frase ra seguir sus pasos. Bellas encontramos de su nas obras, y, sin embargo, nos alejan era justa y era exacta. España perdía á imitación nuestros gustos y nuestras aptituun gran escritor que, por serlo, era tam- des. Así, pues, será más justo que busquebién un gran ciudadano. mos en el maestro literario al guía experiPero nosotros, sus amigos, sus cama- mentado, seguro y avisado, que nos enseñe radas, los que á su lado aprendíamos al todos los caminos, todas las veredas, todos los compartir las diarias tareas en este pe- senderos; que conozca todas las flores por hariódico, que considerará siempre como ber aspirado su perfume; que sepa dónde se dan frutos, ya por él; que nos una gloria el haber contado con aquella lleve, los fin, á todas gustados No le pedimos en partes. pluma insubstituible, perdíamos más: un más. Y fiados de su sinceridad, nosotros escocompañero leal y cariñoso, un alma buena geremos el camino que mejor nos parezca y en el más amplio sentido de la palabra... cortaremos la flor que más nos guste... No Nuestro dolor, no extinguido por el hay miedo de que nos equivoquemos, y si nos transcurso de) tiempo, se aviva pl recor- equi ocirnos e! mostró np tendrá or silo el DE LOS BARRIOS ALTOS To han de ser siempre los barrios bajos de Madrid tenidos como únicos depósitos de la gracia castiza y alfolíes de la sai pura. Desde los tiempos clásicos de D. Ramón de la Cruz y aun desde los más modernos de Bretén de los Herreros y de Mesonero Romanos, Madrid ha cambiado mucho en esto como t todo. Ya en los saínete 1! del insigne autor del Manolo se pinta y encarece con las más vivas palabras y se representa en las mas desgarradas acciones la iniciada lucha entre los barrios bitjos, Lavapiés, la Ribera de Curtidores, Gilimón, Toledo, Santiago el Verde, Embajadores, Peñuelas y demás, y los barrios altos, Maravillas, Fuencarral, Arco de Santa María, las Salesas y la plaza Vieja, Monteleón y el Príncipe Pío. En estos felices tiempos á que hemos tenido la oportunidad de llegar, los antiguos barrios bajos han perdido gran parte de su crédito, su nada gloriosa leyenda de matonen a, de ignorancia y brutalidad, principalmente por partí del sexo masculino. En cambio, el contrario, las mujeres no nan perdido ni un átomo de su gracia nativa, de sit orgulloso descaro, del despego y sareástica crueldad con que miraron al lechuguino que fue nuestro abuelo, al silbante que fue nuestro padre, al cabayero ó al señorito de) pan pangue que somos ¡ay! nosotros. Muchos de los caracteres y rasgos salientes en la fisonomía exterior de los barrios bajos, se han borri- Jo al modernizara? las- Í i U l I u l w u a u UU I v- -J