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g? AÑQ CUATRO. NUM. 614. CRÓNICA UN 1 VERSAL ILUSTRADA. SEMADRID, 8 DE SPTBRE. DE 1906 NUMERO EXTRA 10 CÉNTIMOS no se decida a dar pruebas patentes de vitalidad positiva, capaces de substituir con eficacia gubernamental al marasmo peligroso que le va caracterizando. Dijimos ai r. jimeno que naoia sido comentada la conferencia que en Toledo celebró con el cardenal Sancha y nos contestó que la entrevista no tuvo la importancia que se la había atribuido, El cardenal Sancha, añadió, es muy amigo mío desde que estuvo en el arzobispado de Valencia, y, naturalmente, al encontrarme en Toledo, era justo que le visitase. Hablamos de diferentes asuntos, y salí muy complacido, porque me convencí de que se trata de un prelado que, defendiendo los derechos de la Iglesia, no desconoce que también el Estado debe cuidar de los suyos. Y después de esto nos despedimos del señot Jimeno. EL DÍA DE HOY Santos Tomás de Villanueva, José de Cupertino, Eustorgio y Enmeno, y Santas Irene y Sofía, mártires. -La Misa y oficio divino son de Santo Tomás de Villanueva, con rito doble mayor y color blanco. -Se gana el jubileo de las Cuarenta Horas en las Religiosas del beato Orozco. Visita de la Corte de María: Nuestra Señora de la O, en San Luis, ó de la Expectación, en el oratorio del Espirita Santo, ó del Perpetuo Socorro, en la igleisia Pontificia, ó n su iglesia, calle de Garcilaso. Tiempo probable: Despejado. -Verano hasta el 21 de Septiembre, que empieza el otoño. -Temperatura de ayer: Máxima, 17 grados. Mínima, 12,3. -Duración del día: 12 horas y 23 minutos, disminuyendo durante la semana un minuto por la mañana y otro por la tarde. Entierros: El d? la niña Concepción Lalín y Pérez, á las once de la mañana, desde la calle del Prado, núm. 25, á la Sacramental de San Lorenzo, y el del general Bargés, desde la calle de Mendizábal, 73, á la Sacramental de San Justo, i. las once de la mañana. ARTE Y POLÍTICA HABLANDO CON DON Tuvimos AMALIO JIMENO n S K MARASMO orren estos días desde San Sebastián á Madrid, empujados por el viento otoñal, rumores de crisis, que unos, los liberales descartados de la última combinación, entienden que puede ser parcial, y otros, los conservadores, impacientes por el regreso de felices tiempos, la desean total y definitiva. Los ministeriales que de vuelta del veraneo revolotean ya alrededor de los ministros, subrayan enérgicos la rotunda negativa que el de la Gobernación ha opuesto á la hipótesis de toda crisis y, sin embargo, el aura sutil que desde el Norte sopla, sigue oreando las esperanzas de los unos y los deseos- de los otros... El fenómeno. que no es nuevo en la historia de nuestra política, tiene fácil explicación. Las prolongadas vacaciones estivales por na parte y la calma, la lentitud empleada por el Gobierno en someter á experiencias de cristalización el anunciado programa de su política, por otra, Kan enervado un tanto los entusiasmos que el actual Gabinete había despertado en un numeroso grupo de liberales. Politicamente no estaría justificada una crisis antes de que el Gobierno se presentara á las Cortes para recabar de ellas, el apoyo necesario y con el cual el general López Domínguez creyó contar al aceptar de la Corona el encargo ministerial; pero acaso lo que á simple vista escapa á la atención más perspicaz, bulla allá abajo en regiones más recónditas, agrietando los puntales de la situación en sus cimientos. Varias veces hemos manifestado nuestra opinión acerca de la urgente determinación del programa político del Gobierno. No somos, por lo tanto, ni podremos serlo jamás, sospechosos de sistemática parcialidad antagonista de un Gabinete liberal, bajo cuyo influjo podrían y deberían evolucionar tantos y tan fecundos elementos orgánicos de nuestra política; pero hoy, como hace cuatro días, como hace un mes, creíamos y seguimos creyendo que es nociva esta apatía ministerial, esta pasividad que puede enmohecer todos los resortes de gobierno, dejándolos incapaces para funcionar en el momento preciso. El gobierno de un pueblo supone acción, fuerza y movimiento y sólo en las fracasadas añejas fórmulas de la política de pasados tiempos, pudo substituirse con el cabeceo dormión de un apoplético. Es urgente, cada vez más, para el porvenir de! a política liberal en España, que el Gobier- C durante anos minutos, con el ministro de Instrucción pública; y conste, ante todo, que si nuestra conversación fue breve, no tuvo de ello la culpa el Sr. Jimeno, siempre amable y complaciente, sino que como le vimos tan ocupado en el estudio de infinidad de asuntos, nos pareció imperdonable robarle un tiempo que tan precioso le es. Si la conversación fue breve, resuito fructuosa, porque siempre da ese resultado el hecho de hablar con el ministro de Instrucción pública. El Sr. Jimeno es gran amante del arte en todas sus manifestaciones. Si bien su carrera le obliga á penetrar en las profundidades de la ciencia, sus aficiones, sus gustos, su educación, le impulsan á sentir y gozar las inspiraciones artísticas. Por eso, el Se. Jimeno tiene suficiencia plena para justificar el desempeño de la cartera que tiene á su cargo: la de Instrucción Pública y Bellas Artes. Actualmente se ocupa en llevar á la realización su proyecto de nacionalizar el Teatro Español, dándole una organización parecida á la que rige en la Comedia francesa. Este es un propósito antiguo en el actual ministro. Hace ya tiempo, cuando el conde de Romanones ocupó la cartera de Instrucción, intentó hacer algo en el sentido indicado, y con objeto de orientarse pidió al Sr. Jimeno el proyecto, que dicho ilustre profesor tenía ya redactado y detallado. Sabido es que en aquella época nada se hizo, y el Sr. Jimeno recogió su proyecto, y ahora quiere implantarlo, pero tropieza con algunas dificultades por parte del Ayuntamiento de Madrid. Y nos decía ayer ei ministro: Es lamentable que haya precisión de vencer tantos obstáculos para llevar á la práctica propósitos que han de favorecer á todos y que han de redundar en provecho y esplendor del arte. Ahora, añadía con entusiasmo, no trabajan en el Español más que dos figuras de gran altura: María Guerrero y Fernando Mendoza, ni estrenan obras más que tres ó cuatro autores: Echegaray, Benavente y los Quintero... ¡Figúrese usted lo que sería una compañía en la que al lado de esos dos ilustres artistas figurasen Rosario Pino, María Tubau, Borras, Thüülier y algunos otros! (Imagínese usted el aliento que recibirían los autores al saber que de hecho y de derecho las puertas del teatro Español estaban abiertas para todo aquel que tuviera talento y condiciones! Acaricio el propósito- agregó, de reunir pronto á unos cuantos periodistas para leerles mi proyecto, y si lo encuentran favorable, animarlos á que lo defiendan y apoyen ante la opinión, porque á la Prensa corresponde, en primer término, hablar en pro de la cultura nacional. Hubo una pausa un poco larga, y a! reanudar la conversación descendimos de la ooesía artística á la prosa de la política UNA INJUSTICIA T enemos que acusar á las autoridades co respondientes de una nueva injusticia cometida bajo el amparo de las leyes y para su más exacto cumplimiento. Y ya al añadir esti circunstancia, medianamente respetable, queda indicado que el acto de que las acusamos es por completo legal, si bien lo creemos perfectamente injusto. Parece ser que ftn celoso inspector, taLvez por denuncia de cualquier persona desesperanzada, púsose hace días sobre la pista, que ha descubierto al fin, para honra suya y de la clase á que pertenece... Los agentes, siguiendo sus instrucciones, han penetrado en un modesto piso bajo de la calle de San José, llevándose á la cárcel á su dueña, Eusebia Pérez, en unión de su marido y de otros trastos que la ayudaban á ganar la vida. ¿Era tal vez terrible y peligrosa esta mujer, que tiene un nombre y un apellido tan sencillos como ¡nocentes? ¿Acaso es autora de crímenes horrendos, ya que se la persigue y encarcela? No. Eusebia Pérez se dedicaba únicamente á descifrar el destino, á predecir el porvenir de las personas que la consultaban, mediante ua estipendio que no podemos revelar al público, porque lo ignoramos. Este es el único delito de que se le acusa. No queremos escribir a este proposito algunos párrafos rebosantes de indignación. Qué dése esta tarea, fantásticamente demoledora para los escritores sectarios. Ellos dirán, si les conviene, cuan extraño resulta que en un país alimentado de leyendas y de supersticiones, se considere como un servicio y se tenga por un triunfo encarcelar á quien vive humildemente de una superstición, de una leyenda. Y conste, que al definir de este modo la noble profesión de Eusebia Pérez, aceptamos por un momento el dictamen de la ley escrita, sin perjuicio de presentar el oportuno voto particular en nuestro propio nombre y en el de todas las almas crédulas, buenas y soñadoras... No, no queremos escribir algunos párrafos rebosantes de indignación... Pero séanos permitido expresar nuestra profunda pena, nuestro dolor inmenso ante esa injusticia cometida bajo el amparo de las leyes. Cierto que en estos tiempos orgullosos que pretenden sometsr á reglas todo lo humano y todo lo divino, sería imposible obtener para las sibilas y para los oráculos aquel santo respeto y aquella veneración suprema que enaltecieron las heroica edades del clasicismo... Mas ya que estas virtudes cívicas desaparezcan de las esferas oficiales, déjese al menos que broten, como flores silvestres, en los humildes campos sociales, aus