Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
A B C. LUNES J 7 DE SEPTIEMBRE DE JQO 6. PAG. 8. EDICIÓN. do posible para establecer una comparación entre las excelencias de su educación social y nuestras viejas costumbres europeas. Por esto tal vez, las treinta bellezas americanas que vinieron á visitar Europa hace poco tiempo, tan pronto como atravesaron el Atlántico sé lanzaron á publicar sus impresiones de viaje, que hoy nos da á conocer un aficionado á esa literatura feminista. Las impresiones de esas misses yanquis tienen algo de instructivo y mucho de cruel para el amor propio europeo, aunque en ellas se manifieste con todo su esplendor el chauvinismo americano. Al salir de mí país, dice la bella miss Cockerel, creía que todas las americanas debíamos visitar Europa; pero ahora os aseguro que podemos enviar á paseo; de una vez para siempre, á Europay á los europeos, y en ello ganaremos mucho. La joven americana parece ser que todo lo ha encontrado chico y mezquino, moral y materialmente. Nuestras discusiones le han parecido propias de los mayordomos discutiendo los intereses de una parroquia. Se irrita por no haber encontrado más que una gran timidez cubierta bajo las formas de lo que nosotros entendemos por buena educación. Y exclama airada: Dicen que nosotros somos vulgares; pero yo creo que vale más ser vulgar del todo que vulgar á medias. Como veis, miss Cockerel es severa. La timidez la exaspera y las buenas formas sociales las cree una hipocresía indigna de los yanquis. Esto en cuanto á las ideas generales. Por lo que se refiere á París, el espíritu nacional francés no sale mejor librado de manos de la bella yanqui. París, dice, está creado- por una leyenda. Es el pueblo de todas las necedades. La vida no es más que un falso confort, peor mil veces que la ausencia de toda comodidad. La gente es pequeña, vulgar, colérica, y su recuerdo me hace aún extrémecer. Los famosos bulevares, con sus perpetuas muecas, sus comercios llenos de frivolidades y sus personajes semejantes á maniquíes, representan exactamente la monotonía del artículo de París, que se considera tan variado. Otra de las beldades, miss Chureh, es más lacónica en sus juicios, pero no menos expresiva que su atrabiliaria colega. ¡Ah, cómo me han festejado en París! Pero lo peor del caso es que me he visto obligada á demostrar que eso me agradaba... Claro, me hallaba cogida en una red de convenciones socíales... En Europa todo es convencional... Gracias á Dios que la verdad de nuestro mundo americano me consuela de la ausencia de las viejas catedrales y de los cuadros de los grandes maestros. A continuación una tercera miss, bella como un ramo de azucenas y graciosa como los lirios, sonríe ante el fetichismo europeo. Nosotras, al menos, dice, tenemos el sentimiento de la realidad, pero esas europeas viven en la más cruel de las ilusiones. El artículo de doublé es presentado como oro verdadero después de frotado con la gamuza de la buena educación. Yo creo que después de esto los europeos no debemos discutir con esas implacables misses, que indudablemente no han leído el viejo libro del conde de Bercholot, que trata del arte de viajar, y cuyos. sabios consejos están dictados por la experiencia y el buen sentido. En una de las páginas de ese libro el condebritánico recomienda á los viajeros que no pongan en ridículo los usos y costumbres de jos pueblos que visiten, si quieren obtener uní benévola reciprocidad Tiene mucha razón el conde de Bercholot. porque yo no sé lo que dirían esas amables yanquis si un europeo les dijera: En América no hay más monumentos públicos que las escupideras. Todo allí es grande vasto y feo. Las gentes sólo profesan adoración al dollar etcétera, etc. Yo, sí me figuro lo qué dirían, y es que ta les juicios son tan falsos... como ios emitidos por ellas al referirse á esta vieja y hermosa, Europa. F. MORA LA FERIA DE SALAMANCA ASPECTO DEL FERiAL DE GANADO EN EL ARRABAL rot. Gar a.