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C. CAPADO i5 DE SEPTIEMBRE DE 1006. PAG. 7. EDICIÓN 1 coa, que ha concedido importantes premios. En la fotografía que reproducimos se ve el aspecto que ofrecía la Plaza Mayor- de Cestona, donde se verificó el concurso, en el momento en que el Jurado examinaba los ejemplares presentados LA BRIGADA DE LANCEROS POR TELÉGRAFO lcalá de Henares, 14, 121 En relevo de la brigada de Húsares que, como ayer anuncié, ha marchado á la corte, acaba de llegar la brigada de Lanceros, al mando del general Palanca. Los Húsares, a cuyo frente marchaba el infante D Carlos, salieron de aquí ayer. -Mi- A randa. PÍO BAROJA Y SU ULTIMA NOVELA P ío Baroja acaba de publicar una novela titulada Los últimos románticos. El primer li- bro de este novelista fue un Volumen de cuentos: Vidas sombrías. Entonces nadie conocía á Baroja; eran los tiempos heroicos en que todos estos escritores que ahora llegan á la celebridad comenzaban á trabajar: Maeztu escribía unas paradojas detonantes en Germinal; Manuel Bueno estaba en El Globo; las pnmetas comedias de Benavente causaban cierta extrañeza; Ramón del Valle- lnclán era un hombre estrafalario que había escrito unas cuantas páginas sólo gustadas por los iniciados; á Rubén Darío, nuestro gran poeta, nadie le conocía... Pío Baroja comenzó á escribir en una revistita que se llamaba la J (evista Nueva; era una publicación muy simpática; la dirigía Luis Ruiz Contreras, que á tantos de estos jóvenes ha ayudado y alentado. Baroja escribió allí unas páginas; ya antes había escrito algunos cuentos en un periódico de San Sebastián y en Liberal, de Madrid. Pero no era nadie; era un señor desconocido; él mismo no tenía ninguna afición á las letras ni pensaba proseguir en el can i no emprendido. Y sin embargo, á excitación de unos amigos, publicó Vidas ¡ombrías; un mozo de cuerda fue llevándole librería c li- DON 10 EL GOBIERNO CONFIA EN SU CELO Y ESPERA MUCHO DE SU ACT 1 brería los volúmenes; nadie los quería; el púV 1 DAD EN LA EMBAJADA DEL VATICANO. blico no los compró; no dijeron nada los pe- OJEDA. ¿NO TIENE S. E. QUE DARME ALGUNAS INSTRUCCIONES? riódicos. Mas hubo un grupo de jóvenes, unos DON PÍO. -LAS INSTRUCCIONES DEL GOBIERNO SON ESTAS: iMUCHO OJO, SEÑOR OJEDAl pocos lectores, que devoraron con fruición estas páginas. Los cuentos eran bellísimos; se trataba de algo extraño, sin precedentes, raro. era uno de estos libros; las angustias, las per- escenario es un pueblo viejo castellano; circu Lo que, ante todo, encantaba en este libro era plejidades, los tanteos y las audacias de una lan por estas páginas algunos tipos de un reliela simplicidad del estilo, la claridad, la ausen- generación que viene después de una domina- ve extraordinario, trazados en sobrias líneas, cia de toda compostura y aliño, y un cierto ción positivista a de Zolay bpencer) y que an- y si en lo porvenir ha de hacerse una antología de prosistas españoles de estos tiempos, segudejo de misterio, algo como una preocupación sia algo desconocido, algo que sea libertad inhonda de lo trágico de la vida vulgar, desco- nominada, y que no sabe á punto fijo lo que ramente que irá á ella el prólogo que el autor será; todo esto que es desasosiego é inquietud; ha puesto á esta novela: no puede darse nada nocida y opaca, todo esto, sobre un fondo de paisajes castella- de una coherencia, de una sugestión y de una Pío Baroja quedó consagrado en un peque- nos, de tierras viejas, yermas, de cielos limpios tan perfecta armonía. Las novelas que Baroja no cenáculo como un escritor notable, origina- é infinitos, era el libro de Baroja. Su publica- ha publicado después ya son más conocidas. lísimo. Poco después el mismo autor publica- ción fue un gran éxito; entonces fue cuando En las que abarca el título genérico de La luba La casa de Arigorri, es decir, una novela todos estos jóvenes que le leían y que veían sus cha por la vida, que son La Busca, Mala hierba dialogada, de costumbres vascas, en que se propias sensaciones expresadas en estas pági- y Aurora Roja, el autor describe la vida azaafirmaban, se consolidaban las mismas cualida- nas, conmemoraron la aparición del libro con rosa, los tráfagos, peregrinaciones y aventuras des que quedan apuntadas; al poco tiempo las un extraño banquete; se trataba de un libro de una porción de gente entre maleante y candida; se siente que Baroja experimenta una Aventuras de Silvestre Paradox nos demostra- hondamente español, y la comida, á la antigua ban que estábamos en presencia de un gran usanza española, se celebró en un parador (el atracción irresistible por un mundo misterioso humorista; Paradox era una creación, como el de Barcelona ó el Dragoncillo) sobre mesa de y fatal de desdichados, viandantes, vagabunD. Pablos, de Quevedo, ó el Guzmán, de Ma- pino, con recios picheles para el vino, con cu- dos y criminales; con esta gente se mezcla otra teo Alemán; pero había en él algo que no hay charas de palo, servido por mozancones man- de buena fe, hombres buenos caídos en la mien la novela picaresca: había, un sentido del chegos que llevaban la colilla eterna tras la seria, mártires de la idea propagandistas ingenuos, humoristas que soportan alegremencontraste más intenso, más agudo, y un humo- oreja. Presidieron la comida los Sres. Galdós, rismo que no reposa- -como el antiguo- -en Ortega Munida, Cavia y Zeda, y en la puerta te su pobreza, y todos juntos, en una escena de casas de huéspedes, de chamizos, de chislas cosas, sino- -al igual que el de Carlyle- -en se agolpaba un tropel de trajineros, arrieros, las ideas. El novelista iba progresando; á Pa- viandantes, almocrebes y labriegos, ávidos de cones, de ventas, de caminos, dan materia á una serie de escenas irregulares, desiguales- -como radox sucedió un libro extraño, profundo, que contemplar el espectáculo. muchos consideran como el mejor de Baroja: Después de esta novela, si no recordamos es la vida misma- -y forman las novelas de Baroja. Y por encinta de todo ello está el espíritu aludo á Camino de peifección. Existen libros mal, la casa Henrich, de Barcelona, pidió al que resumen y compendian toda una época autor Tna novela y Baraja escribió Eí Mayo- del autor, frío, impasible, contradictorio, ni de (el Wetlher, de Goethe, ó Las confesiones de un razgo de Labraz. Se pinta en este libro la de- magogo, ni conservador, un espíritu que ansia algo que no se define y ue quiere marchar á bu o del siglo, de Musset) este libro de Baroia cadencia de una familia de hidalgos ricos; el INSTRUCCIONES PARA EL VIAJE