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fgAÑO CUATRO. NUM. 610. CRÓNICA- U N I V E R SAL ILUSTRADA. ¿Dónde encontrar los puntos de conjunción extraña que asimilan el suicidio de ese ¡oven La Exaltación de ta Sania Cruz. Santos Cornelio, A 1- médico á quien sonreía un porvenir rosáceo y fcerto, Cipriano, Cereal y Crescenciano, y santa Catalina el asesinato mutuo de los dos comensales de La de Genova. La Misa y oficio divino son de la Exaltación Central, unidos acaso por aberración inaudita? de la Santa Crur, con rito doble mayor y color rojo. Se Hondo problema de criminalogía es éste. gana el jubile de ¡as Cuarenta Horas en las religiosas Vallecas. Visita dz la Corte de María: Nuestra Señora del Dolorosa prueba de ha debilidad individual Destierro, en San Martín, ó de los Arquitectos, en San para cumplir el destino humano. ¿Falta de fe? Sebastián. ¿Decadencia orgánica? ¿Degeneración de la Tiempo probable: Despejado. Verano hasta el u de especie? Septiembre, que empieza el otoño. Temperatura de ayer: Quién sabe... Máxima, 3o grados. Mínima, 19. Duración del día: 12 horas y 34 minutos, disminuyendo durante la semana un minuto por la mañana y otro por la tarde. Entierros: El de D. Pedro Pascual Yarca, á las diez y media de la mañana, desde la estación del Norte á la Sacrawital de San Justo. SEMADR 1 D, 14 DE SPTBRE. DE 1906, NUMERÓ EXTRA. 10 CÉNTIMOS ¿no puede ocurrir aquí algo de lo que el príncipe de Monaco ha observado en los mares de Bretaña, donde llegó á creerse que la sardina había emigrado definitivamente, y era que se presentaba en profundidades mayores de las que habitualmente poblaba antes? S. M se dignó también hacerme preguntas sobre la marcha de A B C, sobre su tirada, sobre las máquinas que sirven para su impresión, revelando conocimientos en la materia y mostrando gran interés por el desarrollo de la Prensa. -Para la información gráfica- -me dijo- -no dejo de dar á ustedes asunto con mis continuos viajes. Me habló de las expediciones regias en que fui yo como humilde cronista, y al evocar el recuerdo de algunos incidentes, ios comentaba el Soberano con regpcijo. ¿Se acuerda usted- -me decía- -de la as censión, á San Miguel Excelsis? En Huarte Araquil detuvieron como anarquista al portador jie un cinematógrafo, y lo gracioso fue que el aparato era mío y el portador la persona encargada oor mí de hacer vistas cinematográficas. Al hablar de los viajes regios, aproveché la ocasión para recordar á S. M el. éxito de su breve estancia en Bilbao, puesto que su presencia puso término a! conflicto pendiente en aquella cuenca minera. -No he hecho más que lo que podía hacer Yo fui á fas regatas. Lo que allí sucedía no era más que una de las frecuentes manifestaciones de esa eterna lucha entre el capital y el trabajo. Quisieron los obreros verme y hablarme, y yo que por deber y por gusto recibo y escucho á todo el que se me acerca y con predilección á los que por su condición humilde se creen, equivocadamente, más distanciados de mí, los recibí con afecto y les escuché con agrado y con interés. Es muy buena gente... Lo triste es que acaso surjan nuevas difeiencías y nos apenen otros disturbios, porque esas luchas de clases y de intereses no se acatan. Siempre haré cuanto pueda por esos elementos trabajadores que me hablan de sus necesidades con tanto cariño y tanto respeto. -Guardo memoria muy agradable de viajes que me han ofrecido ocasión de verme rodeado del pueblo, y usted ha sido testigo más de una vez. ¿Se acuerda usted de los viajes por Astu rías, de aquellos paseos por La Felguera, por Mieres, por la cuenca del Jalón, entre masas de gentes obreras; de aquellas visitas á las rías bajas de Galicia, donde centenares de embarcaciones conduciendo á modestas, pero buenazas gentes, cortaban el paso al Giralda? ¿Tf Pamplona, donde los alcaldes de toda Navarra me daban escolta? ¿Y Soria, donde no habían visto un Rey desde los tiempos de Pedro 1, y donde aquel pueblo sencillo y noblote se volvía loco de alegría, y á mí también me volvía loco de satisfacción... Así, recordando sus viajes y fas expansiones del cariño popular hacia las que tanta estimación y tan sincera gratitud mostró S. M habría seguido el Rey hablando mucho tiempo, si el sudexpreso que conducía á los Infantes no hubiese entrado bajo la marquesina ahogando con sus estrépitos y cortando con su parada la conversación con que me honraba Su Majestad. ÁNGEL MARÍA CASTELL- EL DÍA DE HOY CRIMINOLOGÍA 1 a Memoria que acaba de redactar el fiscal del Tribunal Supremo, demuestra con la rotunda afirmación de la estadística, que la criminalidad enjuiciada aumenta de modo alarmante en todo el reino. Mañana el ministro de Gracia y Justicia leerá el discurso de rúbrica en la solemne apertura de los Tribunales, estudiando los medios de represión del anarquismo... La nota de actualidad aparece, pues, togada y revestida con todos los atributos de la investigación del delito y de la aplicación del criterio de Justicia que merecen las infracciones de lo que ¡a ley considera ilícito. Pero hay algo más imperativo aún que la Memoria de la fiscalía y el discurso inaugural del ministro, para declarar de actualidad periodística los extravíos fatales de la conciencia que convierten al hombre en delincuente, y ese algo, vaga siniestro alrededor de la noticia repetida hoy varias veces en las columnas del periódico dando cuenta de tres ó cuatro casos de suicidio. No es nuevo el registro de suicidios en serie, con la negrura de la racha y de la persistencia casi epidémica que hizo en un tiempo que algunos criminólogos eminentes buscaran afanosos su etiología en causas externas atribuidas al medio ambiente, mas las tentativas de fundar una teoría con base positiva para explicar esa especie de contagio del furor homicida fracasaron, y no es cosa de fantasear sobre las ruinas de una ilusión generosa. Pero el hecho subsiste, y á veces, como ha sucedido ayer, la coincidencia de varios suicidios en una ciudad que, como Madrid, no tiene gran densidad de población, produce impresión honda aun en el ánimo más sereno. No es cosa de pensar en remedios improvisados, tópicos, hueros de la retórica gacetillera, tan lejanos de la realidad como desprovistos de fundamento serio, ni es tarea de cró- nica periodística la de adoptar aires doctorales ante tan grave daño; pero es también imposible sustraerse á la sensación penosa que produce el espectáculo de esas deserciones de la Vida. ¿Cómo bucear hasta el fondo de esos ánimos vencidos en la pelea obscura de todos los días y de todas las horas? ¿Cómo trazar la línea divisoria entre la extravagancia morbosa y el aniquilamiento de todas las energías que por dis tinto sendero conducen á la común resolución de cortar bruscamente la jornada, lanzándose en caída vertical hasta la negación del tinto orgánico más categórico? HABLANDO CON EL REY 970 PALABRAS POR TELÉFONO oBBASTlÁN, 1 3 8 N. I i na feliz casualidad ha hecho que tenga el honor de hablar largo rato con Su Majestad el Rey, y no en ceremoniosa audiencia, que los apremios del tiempo hacen casi siempre breve, sino en gratísima conversación, iniciada por la bond d del Soberano. Ello ocurrió en la estación del Norte, momentos antes de llegar el tren que conducía á los infantes doña María Teresa y D. Fernando. Hallábame yo conversando con D José María Aristeguieta, naviero de esta capital y vicepresidente del Club Náutico, cuando salió al andén S. M Todos los que esperábamos nos descubrimos. El Rey se acercó al señor Aristeguieta y á mí, y tendiéndonos la mano, nos dijo afectuosamente: -Hagan ustedes el favor de cubrirse, porque la noche está algo fresca, á juzgar por lo que dice la gente, aunque yo confieso que no siento frío alguno. Con este motivo nos habló de sus recientes excursiones cinegéticas por Escocia, donde con la pelliza que suele llevar á sus cacerías en el Guadarrama, sintió en Agosto el frío de aquel clima húmedo. -Hacer algún trayecto, equivale allí á atravesar un río con el agua hasta la cintura. En una expedición, el 17 de Agosto, después de recorrer a 5 millas inglesas en automóvil, y 3o en ferrocarril, tuve que andar nueve á pie entre los brezales, tan abundantes en Escocia, y respirando humedad y frío. Pero, en cambio, la abundancia de la caza compensa los sinsabores de la larga expedición. En este momento, ponderando la frecuencia con que allí hay que echarse la escopeta á la cara, porque se tira á las grouses tanto como se tira á las perdices en Aranjuez, mosttábase S. M el cazador entusiasta que habla de sus cacerías con la vehemencia de todo fiel devoto de San Humberto. -Aquello es frío- -decía, -aunque ya cazando no se siente; pero no la temperatura de esta noche, que juzgan ustedes fresca porque hemos tenido unos días de mucho calor sin estallar aquellas galernas que tanto nos divertían años atrás. Frío, también lo he pasado yo aquí, allá por Diciembre v Enero, en mi excursión á Mouriscot. Preguntó después el Rey al Sr. Aristeguieta por asuntos del puerto, por sus vapores, por la pesca, y al escuchar, contra lo que Su Majestad creía, que los pescadores llevan mal año de coger sardinas, dijo: -Yo, en materia de pesca, soy lego; pero,