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¿Y cómo es eso? -Hay muchísimas opiniones de los sabios para explicarlo oero la más aceptable es que esos relámpagos estallan en nubes situadas debajo del horizonte. ¿Y cómo es el rayo, papá? -A eso voy. El rayo es la descarga ó chispa eléctrica entre una nube y el suelo. La nube y el suelo, hijos míos, tienen electricidades contrarias que tienden á unirse, y cuando el esfuerzo que hacen las dos electricidades es mayor que la resistencia del aire, estalla la chispa y el rayo cae. El rayo siempre es atraído por los objetos más cercanos á la nube y que sean mejores conductores de la electricidad; y se observa, por lo tanto, que los árboles, los edificios altos y los metales, son los que más destruye. Por eso no es prudente, sino temerario, colocarse durante una tormenta debajo de los árboles, sobre todo del roble y el olmo, que son buenos conductores, siendo menor el peligro en los resinosos, como los pinos, porque conducen mal la electricidad. Muchos son y muy variados los efectos del rayo, hijos míos. Mata á los animales y hasta al hombre, inflama las materias combustibles, destroza los cuerpos poco conductores y funde los metales. Cuando penetra en la tierra, forma en la misma dirección que la descarga eléctrica unos conductos ó tubos llamados fulguritas, fundiendo las substancias silíceas que encuentra á su paso. Otro especial efecto tiene el rayo cuando cae sobre los metales, y es que quedan imantados, cambiando también los polos de la brújula. -Papá, ¿es verdad que huele á azufre por donde pasas- -Sí, hijo mío; á ese olor se compara el especial que difunde por su tránsito, aunque también puede decirse que es un olor fosfórico. Continuara. jT entro del contorno de una cucurbitácea (ñg. i. a) coloqúense dos bastoncitos como en una panoplia (fig. 2. a) Dos sombreritos de guardia civil debajo de los bastones (fig. 3. dos círculos pequeños con un punto en su centro y debajo dos medias lunas (fig. 4. a) DIBUJAR ES COSA FÁCIL Fig. i. V Fig. 4. a Rg. í. Fig. 6. a Dos puntos forman la nariz; una raya horizontal, la boca; y otra raya con algunos puntos, el pelo (fig. 5. Con muy poquito más tendremos al egregio Fernando Díaz d Mendoza (fig. 6. a) MELITÓN G 0 NZALE 2 EL PARAGUAS MARAVILLOSO Felip n, con la mayor angustia, pedía al cielo ayuda en tan rudo trance. Aquel feroz testigo de vista le molestaba tanto, que abrió el paraguas y se tapó con él El salvaje se enamoró de aqueí aparato que en su vida había visto, y quitándoselo a! niño, ¿puso á bailar de gozo. Oprimió, sin pensar, el botón del cierre automático y quedó enfundado en el paraguas de Felipín. Este, ni corto ni perezoso, se apodera en seguida de la cimitarra del indio y... ¡ZasI, le parte por la mitad, y recogiendo su paraguas emprende veloz carrera. 4 3. Al cabo de un rato de marcha encontró un matorral donde guarecerse, y desde allí vio venir un avestruz. Se fue acercando con cautela al animal esperando un momento propicio. Dio un salto, montó en el avestruz y partió t escape. Continuará.