Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
El pequeñín contempló la escena con ojos espantados; una lágrima surcó por sus mejillas, en tanto que la brisa de Ja mañana agitaba sus rubios cabellos y los pálidos rayos del sol envolvían su cabecita de ángel en un nimbo de luz con des tellos de oro... El gorrión, con las pupilas apagadas é inyectadas de sangre, piaba de un modo desgarrador. De pronto hizo un esfuerzo, abrió el pico y lo lanzó sobre ía mano de Santi, de uno de cuyos dedos brotó la sangre... IV El gorrión ciego no canta. Sólo se escucha su piar triste y quejumbroso, al que parece responder desde las estribaciones de la montaña el eco de otros pajaritos que quizás estén solos en su nido, hambrientos y ateridos de frío, llamando á su madre. Santi y Josechu le contemplan, sentados en el suelo, con la jaula delante. -No canta- -dice el primero con cierto tono de decep ción y de coraje. -No canta, no- -contesta compungido el segundo. El animalito encrespa las plumas, agita sin cesar las alas y, foco de dolor, se precipita sobre los alambres de la jaula cual si fuera á estrellarse. Después, fatigoso y con el pico abierto, restrega sus ojos con las patitas, que quedan cubiertas de sangre. Pasaron los días. Santi, ocupado en preparar la siembra de k borona, no se acordaba ya del gorrión, que hubiera muerlo de hambre y de sed á no ser por Josechu, que diariamente se cuidaba de ponerle agua y darle de comer, introduciéndole migas de pan en el pico. VI Santi estaba desesperado. La picadura del gorrión se je había enconado hasta tal extremo, que tenía la mano izquierda completamente hinchada, y tan fuertes dolores, que llegó un día en que le fue imposible acudir al trabajo. Su madre, la buena Satur, una excelente aldeana, limpia y cuidadosa, que contribuía al sostén de la casa vendiendo leche, huevos y hortalizas en los pueblos del llano, le aplicó unturas y cataplasmas, sin conseguir que bajara la inflamación ni cesaran los dolores; que cada vez eran más agudos é insoportables. Vil Una tarde, y por consejo del médico (que al fin se decidieron á llamar) fue Santi al hospital más próximo, donde ingresó en la sala de cirugía. La falta de asistencia facultativa y los remedios caseros le habían infectado de tal modo la mano, que era preciso operarle á toda prisa para contener la gangrena, que ya comenzaba á invadir el brazo. El médico de la sala declaró que para salvarle la vida no había otro remedio que amputar la mano, y al día siguiente, después de cloroformizado y de una delicada operación practicada por el jefe déla clínica, un hábil y bondadoso cirujano, Santi quedó manco. VIII El gorrión murió aquel mismo día, mientras Josechu hacía Inauditos esfuerzos para que el pobre pájaro tragara una miga de pan mojada en agua. IX PRESTÍ DIGITACIÓN LOS HUEVOS ENCANTADOS I I n antiguo prestidigitaaor explicaba á sus discípulos el secreto para hacer que un huevo, cogido entre varios indistintamente al parecer, pueda hacer equilibrios maravillosos y mantenerse de punta sin que haya modo de que esté en otra posición; pero antes de entrar en materia, Jes enseñaba á conocer los huevos frescos ó. viejos por medio... del baile. En efecto, si tomamos un nuevo recién puesto, otro át quince días y otro cocido, y los hacemos bailar sobre una mesa dando vueltas sobre la parte plana, el huevo cocido bailará como un peón, el de quince días dará vueltas más lentamente y sólo por unos cinco segundos, y el fresco á duras penas dará tres ó cuatro vueltas. Esta distinta condición bailable de los huevos se exp ic perfectamente. El huevo cocido está cuajado y su masa sólida sigue al cascarón á que hemos dado impulso para que gire; el huevo de quince días no está solidificado, pero los líquidos del interior están bastante espesos y siguen con facilidad el movimiento de la envoltura; mas el huevo fresco no sigue este movimiento y la cascara no arrastra en su giro la masa. Después de esta lección de ovologia. pasaba á la de prestidigitación Se toma un huevo crudo, se le hacer dos agujeritos en sus extremos con un alfiler ó con una aguja, y por ellos se vacía completamente. Se deja á secar veinticuatro horas, y se toma arena fina que se tamiza por un papel agujereado con un alfiler. Una vez que ha pasado FlG. por este improvisado cedazo, la arena i estará lo suficientemente fina para pasar por uno de JOS agujeritos del cascarón. Tápese uno con cera blanca y por el otro échese una cantidad de arena que ocupe unaquinta parte (fig. i. a) Después se tapa el agujero que queda con cera blanca, que no se conoce. El huevo así preparado pueae colocarse en equilibrio sobre cualquier objeto, tal como sobre el borde de un vaso le representa la figura 2. a. El cascarón no pesa sada, y la arena le sirve de contrapeso para sostenerse. Tomemos otro huevo y después de vaciado por el mismo procedimiento, se Mena, en vez de arena, d? plomo en polvo fino en la cantidad de una ctrcharadita de café, y lacre FlG. 2. a también finamente pulverizado. Tapemos con un corcho uno de los agujeros, y volviendo el huevo, con el tapón en su parte inferior, meteremos en agua caliente solamente la parte que ocupan los polvos. El lacre entonces se disuelve, y el plomo queda formando on él una pasta adherida á la cascara (fig. 3. a) A los dos mi- Desde entonces, y cuando alguien le pregunta á Santi por la causa de la pérdida de la mano, las lágrimas empañan sus ojos y exclama mirando al cielo: ¡Dios, que protege á los buenos, castiga también á los malos! A. DE ALCARAr