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CRUCE DE LOS TRANVÍAS EN LA CALLE PRINCIPAL LOS BARRIOS DE MADRID A a m o s en el tranvía de las Ventas, y cómo es domingo, creemos ocioso consignar que el coche que nos conduce va abarrotado de viajeros... Llegamos á las Ventas; descendemos del vehículo; nuestros compañeros de viaje, qtfe son en su mayoría, militares sin graduación, Menegildas y horteras, ávidos de solemnizar el descanso dominical, se diseminan por aquellos andurriales, buscando refugio en cualquier merendero con organillo, ó en alguno de los mil y pico templos de Baca instalados por allí, donde se expende ei tan acreditado matacán, llamado también el vino de pegar á los guardias. Nosotros esperamos pacientemente la llegada del tranvía de vapor, vulgarmente conocido por la maquinilla; pero la tnaqÜiniíta no llega y losotros soportamos con un valor y una resignación, que nos haría dignos de figurar entre ¡os héroes de Carlylef los rigores de un sol canicular que nos derrite, sin encontrar un árbol bajo el cual guarecernos... Por fin la máquina llega á su destino. El numeroso público que, impaciente, esperaba su arribo, como movido por un secreto resorte, se precipita sobre los coches con impetuosidad de torrente desbordado pata conquistar un asiento, ó cuando menos un huequecillo cuali- t -A -i a -í V i -í i i GRUPO DE EDIFICIOS DE LA SOCIEDAD DE ESPECTÁCULOS I! quiera i fin de no quedarse en tierra. La lucha es empeñada, terrible, épica, abundando los empujones, los. codazos, los pisotones, las palabras gruesas, las interjecciones más acreditada? del repertorio tabernario y ¡hasta las bofetadas! A! fin, ¡gracias al cielo! e! convoy se puse en marcha, aunque con Ja clásica lentitud de nuestros trenes de mercancías. -Ala media hora de viaje el férreo camino deriva hacia la izquierda, y á la aridez natural de la carretera y terrenos colindantes sucede una calle ancha, espaciosa y perfectamente explanada, á la que presta sombra y frescor dóblenla de bien cuidados y frondosos árboles. Estamos en la Ciudad Linea El tranvía se detiene. Nosotros descendemos de nuestra plata forma, y al fin podemos respirar á pleno pulmón bajo la frondosa copa de una corpulenta acacia. A! ¡está lo que pudiéramos Uamar el riñon de la Ciudad Lineal. Allí se encuentra todc cuanto pueda apetecer el más exigente para parar el día. Un lindo teatro en el que actúa un 5 excelente compañía dramática, capitaneada por el veterano Alfrarriba; un Music- hall para los aficionados ai género ínfimo; un frontón que nada tiene que envidiar á los de Madrid, v un reslauranl. perfectamente servido. MANUEL SORIANO UN RINCÓN P I N T O R E S C O DE LA C I U D A D LJNEAl Fots. Goíu.