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A B C JUEVES 3o DE AGOSTO DE 1006. PAG. 6. EDICIÓN u altozanos; olivos y iiga robos se confunden sobre una tierra seca, cuidadosamente labrada. Los olivos atraen mi atención. No es posible imaginarse nada mas extraño, mas fantástico, mas de pesadilla que estos troncos; son troncos violentamente retorcidos, atormentados; se parten en dos ó tres brazos, se retuercen, tornan á juntaise, forman enormes nudos, vuelven a hendiise, se juntan de nuevo. Son extraños estos olivos observo yo. Son oiivos muchas veces centenarios; dicen que Gustavo Doré se inspiró en ellos para hacer los dibujos de la Divtna Comedia. No sé si es esto cierto; lo indudable ahora- -y esto nos produce una sensación agradable- -es que la temperatura ha cambiado notablemente; corre un viento fresco y vivificante. Estamos en lo alto de una montaña y seguimos subiendo aún por esta carretera plana que va dando muchas vueltas, formando amplios y blancos zig- zags sobre las laderas grises; en lo hondo, á la izquierda, se descubren mil huertecillos, llenos de frutales, con estrechos y pintorescos ensamblajes de hortalizas. Es un paisaje éste que no llega á la seca austeridad del de la tierra levantina y que tiene mucho de la frondosidad de las regiones del Norte. No puede darse una combinación más clásica, más armónica... Llegamos á Val demosa; el pueblo, chiquito, situado entre brezos y peñascos, no pasa de 5oo habitantes. Cerca, á dos pasos de él, surge la vasta ediñcación de una vieja Cartuja. Recorremos más callejuelas y nos encontramos ante la puerla de un torreón. Esta es la casa- -dice Sureda; -esto es un antiguo castillo; al lado estaba la Cartuja. Entremos. Ascenderflos por unas escaleras de piedra y penetrarnos en un patio con ancha galena; hay aquí enredaderas y plantas de flores que crecen y se extienden entre Jas columnas. Sureda comienza á contarme la historia del castillo; no sé lo que me dice de un rey que se llamaba Sancho y de otro que se llamaba Martín; yo estoy un poco cansado y ademas, aunque me de un poco de vergüenza el confesarlo, no me interesa gran cosa lo que paso hace muchos años. Del claustro pasamos a una ancha sala llena de bargueños, consolas v vetustos sillones. Les voy a enseñar a ustedes ia casa dice Sureda. Y pasamos á otra vasta sala. Este tabique lo voy a tirar observa Sureda señalando una pared. Después torcemos á la derecha y pasamos por una sucesión inacabable de gabinetes y de alcobas. crVoy á arreglar estas alcobas dice Sureda. Entramos en otro vasto salón. Son ladrillos viejos- -dice Sureda golpeando el piso con el pie; -los voy á quitar. Salimos de esta sala, recorremos un pasillito y ascendemos por unas escalerillas de caracol. Esta escalera la han hecho mal- -dice nuestro amigo; -he de deshacerla. Y pasamos por salas, gabinetes, corredores, alcobas; es una sucesión inacabable de estancias grandes y chicas, desordenadas, asimétricas, colocadas en distinto nivel. Yo estoy verdaderamente asombrado. ¡Pero esta casa es enorme, querido Sureda! exclamo. Pues ahora verá usted- -replica Sureda- -la parte que no tengo arreglada y además la antigua hospedería de los frailes. Y de nuevo comenzamos á recorrer salas, pasillos, alcobas y gabinetes. Toda la casa está llena de grabados y litografías inglesas; aquí hay unos señores con monóculo jugando á lo bolos A gante at bozoh allá un niño tiene en la mano un pajaro al que enseña á cantar (The singmg Íesson) al lado se ve una vista de Plymouth; mas lejos Jesús dice que dejen que los niños se acerquen á el Suffer httle chitdien to ccine mío me) Cuando creo que ya hemos recorrido toda la casa, Sureda se para ante una puerta, la abre so emnemente y aparece un inmenso salón con un teatro. Me lleno de admiración; la casa de Sureda es maravillosa. Yo- -dice Sureda- -por las noches enciendo estas luces y en seguida vienen aquí á bailar todas las muchachas. Un momento estamos en el salón y luego salí mos; subimos otra vez al coche y nos dmgi mos á Miramat Miramar es la posesión del achiauque Sal vador. Figuraos una montaña llena de sendas, fuentes, paseos y jardines; una montaña poblada por un espeso boscaje y que da por altísimos precipicios sobre el mar. La extensión infinita de agua que se descubre desde estas enramadas tupidas, es uno de los espectáculos más bellos del mundo. Recorremos seisú ocho kilómetros á pie; yo, después desuna noche de viaje por mar y de toda una mañana de paseat por la ciudad, me siento abrumado Sureds me habla de Ruskín y de los idealistas ingle ses; yo confieso que no oigo nada de lo qui este querido amigo me dice. Regresamos a U inmensa casa, cenamos espléndidamente, como en el mejor hotel, y yo me retiro á una de las mil y pico de estancias y escribo lleno de fatiga v de sueño estas líneas. AZOR 1 N CONMEMORACIÓN DE LA BATALLA DE MARS- LA- TOUR i, H ht I u LAS DELEGACIONES PATRIÓTICAS CON SUS BANDERAS AL FRENTE, AL REGRESO DE LA CEREMON 1 A Fot. Hutm Trampus.