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C LUNES 27 DE AGOSTO DE 1906. PAG. 4 EDICIÓN 1 ción á Galicia. La Corte permanecerá aquí hasta! a última decena de Septiembre, y para erttonces. se trasladará á La Granja. Mañana, á las diez, visitará el Rey ei barco chileno. Su comandante tenía orden de ir á Bilbao, pero ha recibido nuevas instrucciones de su Gobierno para que permanezca aquí á las órdenes del Rey. La corrida de toros estuvo animadísima. El Rey la presenció desde el palco regio; en el de la Diputación estaban los ministros aquí residentes y el presidente del Consejo. En el tendido había más mujeres que nunca, ¡y qué mujeres! La corrida habría resultado buena, porque Bombita quería borrar la mala impresión que dejó en Pamplona y hacer lo que no ha podido hacer aquí ni en Bilbao, y porque Machaquito siempre quiere estar bien, pero Hernández envió uno ó dos toros. regulare y los demás unos sobresalientes bueyendos, por lo ual la cosa no resultó. Bombita hizo, en cuanto á banderillas, filigranas de las que hacen desvanecerse al sexo débil, y hasta con el estoque estuvo afortunado como pocas veces. JMachaquito, voluntarioso, deseando agradar, y con la muleta metido siempre en la cabeza del toro; pero la fortuna no le acompañó y, en cambio, el último toro le dio un susto. La cogida fue aparatosa, y los desmayos innumerables; pero, afortunada y providencialmente, no pasó la lesión de un fuerte varetazo, del que curará pronto. La herida sufrida por Bombita al matar el quinto toro es más importante, aunque no de gravedad: un puntazo poco profundo, pero extenso, en la axila derecha, que ha necesitado cinco puntos de sutura, y que, según los médicos, exigirá dos ó tres semanas de reposo. Esto le tiene desazonado, porque el domingo iba á matar seis Cámaras con Montes. Al salir de la corrida el Rey, fue á buscar á la Reina, que había ido de paseo por la carretera de Francia; en Pasajes se reunió á su esposa y á su madre, y juntos regresaron á Miramar. La Reina Vitoria no fue á los toros porque decididamente no le agrada el primer tercio de la lidia: la impresiona mucho la triste suerte de los caballos. Esta noche la fiesta es magna en ei Casino. El cotillón, brillante; la temperatura en la terraza, archideliciosa. ÁNGEL MARÍA CASTELL cumbe ejercitar, pues que usted tuvo respecto del mismo el carácter de agresor, y ni siquiera recibió usted en el encuentro el más mínimo golpe. Reconociendo su caballerosidad acerca del particular, se repiten de usted agradecidos á la distinción con que les favoreció, sus afectísimos amigos, q. b s. m. Julián González Parrado. -Augusto F Victorio. Madrid, á las once y media de la mañana del día 16 de Agosto de 1906. (Es copia. POLÍTICA ECREATIVA tiene de vez en cuando, dijo ayer don Bernabé: ¡Qué solo me estoy quedando! Con no fingida tristeza soltó esa frase sombría, y hasta movió la cabeza con cierta melancolía. Dio un suspiro fuerte y franco, y alzó los ojos al cielo... Los puso después en blanco; luego los clavó en el suelo. Y asi se pasó un segundo, completamente inactivo, pensibajo, cabizbundo y un tanto meditativo... Yo que su tristeza abordo, de ella quiero hacer un chiste... ¡No creo que un hombre gordo tenga derecho á estar triste... La tristeza es una cosa que nos deprime y consume, (que al hombre, como á la rosa, quita el color y el perfume... ¡Triste cosa es la tristeza, pues que nos pone á morir, y nos quita la cabeza -como se suele decir! -Pí r eso el artista ducho- -para mostrarnos que existe- -pinta á un señor muy flacucho, como diciendo, ¡Está triste! ¿Nadie supone que esté triste por su soledad el socio don Bernabé, con tan amplia humanidad... Y hay más; alguien asegura, y es fácii que dé en el quid, que se aumentó su gordura ¡porque está solo en Madrid! Los señores consejeros, ¡qué consejeros, se ñores! la dan de audaces viajaros huyendo de los calores... Y Dávila, en una pieza se absorbe á las otras siete, y hoy viene á ser la cabera visible del Gabinete... Si hal ¡á ¡s la frase risible, dada vuestra risa treguas... ¡Es la cabeza visible... desde cuatrocientas leguas... ¡Gran cabeza que ahora invoco, pues con un recuerdo lucho... ¡Ella podrá tener poco; pero en cambio abulta mucho... Yo estimo la buena fe con que, triste y suspirando, dijo ayer don Bernabé: ¡Qué solo rae estoy quedando! -Gil. L FIN SOLO! Con toda la buena fe que COMUNICADO Sr. Director ae A B C. Mi distinguido amigo y compañero: Ruego i usted la publicación en el diario de su digna dirección, de la adjunta carta, que me dirigen mis buenos amigos el señor general González Parrado y D Augusto Fernández Victorio. Dándole gracias anticipadas, me repito suyo tfectísimo amigo y compañero, q. b s. m. E Gómez de naquero. Sr. D Eduardo Gómez Baquero. Nuestro distinguido amigo: Honrados por usted en la noche de anteayer, y hora de las diez y media aproximadamente, al objeto de que le apadrinásemos en el lance que esperaba le provocase D. Manuel Jiménez y García de Pedro, á quien una hora antes, según usted nos indicó, hubo de agredir deliberadamente, dándole de bastonazos en la plaza de la Cibeles y apostrofándole ante el público por su conducta en cierto asunto grave, íntimo y delicado de suyo, en que no era dable á usted simultanear procedimientos, cumple á nuestro deber significar á usted, que habiendo transcurrido más de veinticuatro horas desde que el incidente tuvo lugar, sin haber recibido usted visita ni aviso alguno preliminar del planteamiento de la oportuna cuestión de honor, nuestros pod res se han extinguido, por prescripción ác Ja acción que únicamente á su comí ¿rio in- TERREMOTOS EN CHILE POR TELÉGRAFO inco mil muertos. Valparaíso, 26, 2 í. El número de muertos por los terremotos de estos días pasa de 5.OOO. La atmósfera de esta ciudad es de una fetidez insoportable. Se han sacado de entre los escombros a varias personas vivas. EL VtRAN O DE LOS AUTORES un hotelito déla tranquila y suave playa de Fuenterrabía, desde el que se contempla á todo foro los albos y nenies caseríos de la costa cantábrica, veranea el nuestro Chapí. Pero no es el suyo un veraneo indolente, de quietud, al contrario, vive en plena fiebre de tiabdjo desde las cinco de la mañana, que se levanta con el primer cañonazo de la luz del sol. h sta las diez de la noche que se retira á Muy de tarde en tarde va á San Sebastián á oir un concierto, y en cuanto concluye, sin detenerse en el bolsín del Bulevar, regresa á Fuenterrabía, reanuda el trabajo interrumpido y ya nadie ve al maestro en cinco ó seis días, como no sea apelando al abordaje. ¿Pero qué hace este hombre? preguntan los amigos. ¿Qué encerrona es esa? le inte- rrogan otros. Y el maestro sonríe. Lo menos se lleva usted á Madrid ocho o diez zarzuelitas aseguran los que creen dar en el clavo. Y el maestro sonríe. Chapí trabaja, sí; pero no ha escrito una sola nota para el género chico. Ya lo saben los libretistas. Chapí está instrumentando su ópera Marga rita la tornera, libro de Fernández Shaw, inspirado en la leyenda deZorrilla. Quiere el maestro, ya que es la obra de sus ilusiones, concluirla este verano en aquel ambiente de calma, apacible y silencioso, donde vive, poniendo en la orquestación supremas elegancias v delicadezas. Se trata de una ópera á la moderna, sin r o manzas de punta ni pirotécnicos concertantes. Claro está que Chapí no se forja ilusiones respecto de la fecha, que ve muy remota, de cuándo pueda estrenarse Margarita la Tontera, por falta de elementos y de empresas que, hoy por hoy, vuelven la espalda al genérico lírico español, por circunstancias que no son del momento discutir; pero así y todo, él trabaja con prodigiosa actividad, como si ya hiciesen falta los papeles en los atriles. Hago esta obra, me diio, porque el ocuparme en labor de este empeño me proporcio -na un íntimo y delicioso placer; es un festín que doy á mi espíritu. Quiero este verano, antes de regresar á la coi te, dejarle concluida, asi como un poema sin fónico para los conciertos de Arbós. Y el año que viene, en este retiro donde me he recluido muy á gusto, acometeré una obra en tres actos, eminentemente española, tomando el asunto de ía Celestina. Yo veo en esta joya clásica un rico filón musical y una pródiga musa inspiradora. Y los ojos de Chapí. al recordar pasajes y pasajes de La Celestina, se animaban con el brio de la inspiración. Lu go nuestras palabras vinieron a encontrarse en el viejo tema de la ópera española. Yo creo, me decía el autor de La Bruja, que ha perjudicado por mucho tiempo á la implantación de este género la persistencia de suponer que forzosamente había de imprimirse á la ópera española un caiacter nacional, cuando ninguno délos autores clasicos ni modernos se propusieron en este sentido escribir óperas francesas, italianas, alemanas, etc. sino sencillamente óperas, y por otra parte, la creencia de que una obra, si no traspasa las fronteras, no debe estimarse. Todos los años se estrenan en el mundo 5o ó 60 óperas, y, naturalmente, muy de tarde en tarde logran imponerse umversalmente una ó dos. ¿Por esta consideración van á renunciar los compositores á producir? No; y así, la ópera francesa tiene su repertorio, la alemana el suyo, la italiana igual, que no todos los días surge un Wagner. ¿Los españoles podemos ni intentarlo con la organización del Teatro Real? Triste es decirlo, pero somos la Cenicienta de esc arte, porque estamos huér- fanos de toda amplh iniciativa oficial, ni particular, en este sentido. Y, es claro, al género chico hemos de volver nuestros ojos si queremos vivir. Cambiamos un apretón de manos, y salí de aquel hotelito encantador, donde una suprema v- luntad labora constantemente por una soñadora empresa. FLOR 1 DOR