Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
C. D O M I N G O 26 D E A G O S T O D E foo 6. P G 6. E D I C I Ó N Í. tión que originó 1 a huelga, del proceso de é ta, de los mítines que la precedieron, en uno de los cuales, según el Sr. Urquijo, se convino por los reunidos no acudir a) trabajo al dia siguiente, pero si congregarse armados de estacas para imponer la ley del palo. Y todas estas cosas se acordaron, siempre según el Sr. Urquijo, sin que el delegado de la autoridad interviniese para nada. En la reunión de autoridades, siguió diciendo el Sr. Urquijo, propuse que para evitar coacciones y trastornos se llevasen á Bilbao aquella misma noche tropas de Vitoria, de Orduña y de Santoña, con lo cual se evitaría que los obreros revoltosos impidiesen entrar á trabajar á los muchísimos que estaban dispuestos á hacerlo; pero el gobernador civil alegó que no era posible llevar las tropas en tan pocas horas, ignorando, sin duda, que había medios para ello, y después, que á aquella hora (dos y cuarto de la noche) el gobernador militar estaría durmiendo; hasta que se decidió á escribirle una carta, con lo cual se perdió tiempo y se hizo irrealizable el plan, y á la mañana siguiente estalló el conflicto. Habló después el Sr. Urquijo de la oportuna mediación del ministro de Marina, cuyos buenos deseos se propuso secundar la Diputación provincial, accediendo á cuanto él indicó, incluso á someter al Instituto de Reformas Sociales el expediente sobre el caso del capataz y el obrero de las minas de Triano, origen de todo el conflicto. Tuvo también frases de consideración para la autoridad militar y pasó á tratar del asunto de las declaraciones atribuidas al ministro de la Gobernación. En el curso de la peroración habló con energía condenando la actitud del gobernador y ensalzando la conducta de la Diputación y los patronos mineros de Vizcaya. En dos ocasiones le interrumpieron los comisionados con muestras de aprobación. La segunda vez que esto ocurrió, el general López Domínguez dijo con tono enérgico: Señores, estoy escuchando silenciosamente y con la mayor prudencia el discurso del señor Urquijo. Si hemos de seguir tratando, precisa que imiten ustedes mi conducta. En la última parte de su discurso, el presiaente de la Diputación de Vizcaya estuvo más enérgico, si cabe, que en la primera, haciendo cargos á los periódicos que habían recogido las manifestaciones atribuidas al ministro de la Gobernación. Estas frases constituyen un agravio para Vizcaya, para su Diputación y para todas las fuerzas industriales y directivas de aquella provincia. El ministro, si no eran suyas, debía haberse apresurado á rectificarlas y á dar una satisfacción á las corporaciones y á los centros productores agraviados con los comentarios y deducciones de dichas frases. Y á eso venía la comisión, á exponer sus quejas, á protestar contra los periódicos y á pedir al Gobierno una aclaración que fuese tan pública y solemne como lo había sido el agravio. Habló el Sr. Urquijo de que algunos periódicos le habían hecho culpable de todos los deplorables incidentes ocurridos; pero que él no rehuye la responsabilidad de los actos realizados como mandatario de la Diputación. El presidente del Consejo empezó diciendo que recogía las acres, las serísimas censuras dirigidas al gobernador civil de Vizcaya, en quien el Gobierno ha tenido depositada su confianza mientras ejerció sus funciones, y que tratará de depurar dichas censuras para proceder en justicia. En cuanto á la actitud de algunos periódicos, dijo que todo ello es consecuencia de la libertad de imprenta, de la cual un Gobierno democrático no puede renegar, y en cuanto á las manifestaciones atribuidas al Sr. Davila, jamás creyó él, el Presidente, que fueran salidas de sus labios, como así es, pues tiene dos telegramas del ministro, en los cuales afirma que no ha dicho lo que se le atribuía, y que no ha hecho declaraciones que pudieran mortificar á nadie. En uno de los telegramas afirma el ministro que en este sentido ha telegrafiado al presidente de la Diputación, al del Centro minero y á otras autoridades. Los comisionados interrumpen diciendo que no habían recibido tales telegramas, y el general insiste, y agrega para terminar, después de consagrar frases de admiración á Vizcaya honrada y laboriosa que las frases atribuidas al ministro de la Gobernación son en absoluto falsas. Finalmente, dice que el Gobierno esta resuelto á ser imparcial y justo y á hacer respetar el derecho de todos, cueste lo que cueste, y que las instrucciones que ha llevado el general Zappino son: oir á todo el mundo, evitar ó corregir toda agresión, é imponer á todo trance el principio de autoridad. El Sr. Urquijo agradece las frases del Presidente y dice que las entidades representadas en la reunión se dan por satisfechas con las declaraciones claras y terminantes del Gobierno, de que un ministro de la Corona no ha podido decir lo que se le ha atribuida, y que además estas supuestas manifestaciones son por completo falsas. Vuelve á hablar el general para decir al señor Urquijo que en cuanto á los cargos que algunos periódicos le hacen de ser él culpable de todo lo sucedido, puede tener la conciencia tranquila. Hablaron después el Sr. Ortiz, del Centro minero, y el diputado á Cortes Sr. Solaegui, para hacer manifestaciones respecto á la huelga; pero el general rogó al primero que aplazase sus manifestaciones para una entrevista que deben celebrar mañana, ya que la reunión se había prolongado mucho, y el ambiente de la sala se había puesto muy caluroso Los comisionados, previo un voto de gracias al presidente del Consejo, se retiraron muy satisfechos. He extractado, procurando ser imparcial, lo ocurrido en esta reunión, para conocimiento de los lectores de A B C. No tengo voz, ni voto, ni tiempo para hacer consideraciones; sólo sí puedo consignar, y hago aquí la afirmación de que los comisionados no han hecho la menor indicación sobre sus propósitos de ver al Rey, como se había dicho por aquí. Y tengo entendido que por si llegaba este caso habían tratado de él con S. M. adelantándose la Corona á manifestar que se vería precisarla á no recibir á los patronos ni á los obreros, y ni á unos ni á otros concedería audiencia, porque á unos y á otros habría de decirles que constitucionalmente no podía hacer otra cosa que trasladar á su Gobierno las reclamaciones de una y otra parte. Esta tarde conferenciaron con Canalejas, y en su casa, los ministros de Instrucción pública y Marina; después el ministro de Estado y el presidente del Consejo de ministros. Navarro Reverter llegará el lunes. Alvarado sale mañana, pero se detendrá en El Espinar á á pasar el día con su familia. El marqués de Tovar estuvo en Miramar; también visitó al ministro de Estado y al presidente del Congreso, Sr. Canalejas. Es de suponer que transmitió al Rey las frases que recogió de labios de Su Santidad y que al ministro de Estado le haya expuesto su impresión sobre la actitud del Vaticano en lo que se refiere á la cuestión religiosa de España. Natural es que el aludido personaje guarde reserva sobre lo tratado, pero puede suponerse entre otras cosas que en Roma hay los naturales temores de que en España y por contacto en Portugal pueda crearse un conflicto como el que acaba de estallar en Francia y situaciones como la de Italia. Esos temores existen, pero tampoco puede afirmarse que hava iwta sistemática oposición á tratar algunas de las cuestiones que ef partido liberal ha iniciado en sus programas de Gobierno. Loque sí existe en Roma, y ésta es opinión muy arraigada en personaje de tanto influjo como Merry del Val, es una confianza muy firme en la eficacia de la política de Maura, en la mentalidad de ese hombre público español, en sus iniciativas políticas y personales. Su personalidad, más que lo que puede tener como jefe de un partido conservador, puede hacer reaccionar á la opinión, aquietar los ánimos y predis ponerlos para que en otra etapa liberal puedan llevarse serenamente á la práctica renovaciones y reformas que el Vaticano no rechazará, siempre que no sean en detrimento de los d e rechos de la Iglesia. Estas son las impresiones que tiene el Gobierno y que debe haberle comunicado el últi J mo embajador. ÁNGEL MARÍA CASTEL QACET 1 LLA Rl (VIADA HOMBRE PREVENIDO... ¿Cómo? ¿Testar usted? -Sí, don Gonzalo. -Pues yo no me lo explico, francamente á menos que usted crea estar muy malo ó que tema morirse de repente. -No; no estoy malo; pero, por si vienen mal dadas, como es muy justo, q ¡ero dejar todas mis cosas arregladas, para evitar que queden, por un descuido mío ó por incuria, aquellos que me hereden á merced de los cuervos de la curia. -Entonces, cuando quiera, puede dictar su voluntad postrera, 4 V 4 -Dejo á Montero Ríos, mi paisano, que es como canonista único y trino, á fin de que se abrigue en el verano, dos mantas de Palencia... Ceferino. Dejo á López Domínguez un canario que, cuando se le invita, canta, si es necesario, debde el Himno de Riego á la Pitíia Dejo a Weyler un ruso, un sombrero y un terno de lanilla; estas prendas están en muy buen usor y siendo ambos iguales de estatura, todas le sentarán á maravilla cuando luzca por ahí don Valeriano su airoso porte y su gentil figura vestido de paisano. Lego á León y Castillo un terreno muy sano y muy fecundo, que en clase de colonia nos da brillo, y al señor Aguilera... un organillo, porque aunque haya uno más ¿que importa al mundo 7- -Ya dictó usted su voluntad postrera; ya puede usted morirse cuando quiera. ero, vamos á ver, ¿á qué obedece que trate usted así de prevenirse cuando, á lo que parece, no está usted, hoy por hoy, para morirse? ¿Quiere usted explicarme la razón de dar hoy tan grave paso? -Es que voy á tomarme un vasito de leche, y ipor si acasc. MANUEL SOR! ANO DE SOCIEDAD Celebran su santo el día a 8, la duquesa de Lécera, la condesa de Peracamps, las señora viuda de Gómez Acebo y Martin Montalvo y la señorita de García Retortillo. Los marqueses de Monroy, Ahumada, M ravalles, Conquista y Valdecañas. Los condes de Aguilar de Jnestrillas y de Malladas. El barón del Sacro Lirio. Y los Sres. Silvela, Lhardy, Loygorn, Ketortillo y Macpherson, Querol, Pérez de Vargas y Martín Montalvo. Se encuentra restablecido de su enfermedad el conde del Serrallo.