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f! AÑO CUATRO, NUM, 58 9 NICA CRÓUN 1 VER- lEMADRID, 24 DE AGOSTO DE 1906, NUMERO EXTRA. 10 CENT 1 MOSIÜ sido despedidos por un capataz, otro obrero como ellos; pero sería preciso cerrar los ojos á la luz para no advertir que detrás de hecho tan sencillo y tan frecuente en cualquier taller, y cuya justificación sería no menos fácil de inquirir rápidamente, late el anhelo de todas las Juntas directivas de las Sociedades de resistencia de España, de disponer y mandar con dejos de tiranía despótica en los patronos y en los obreros, sujetos á su obediencia ciega é irreflexiva. Las Sociedades obreras y de resistencia podrán tener, ¿quién lo duda? garantida su existencia legal por la ley de Asociaciones; pero nadie puede defender, con la razón serena y el ánimo libre de obsesión, que adquieran por ese derecho constitucional que acredita y legaliza su vida social para fines de protección, de economía y sucedáneos, el de crear un régimen de privilegio, odioso como todos ellos, para que los patronos hayan de someterse á las tales Juntas, contratar con ellas en bloque y aceptar la imposición tiránica ejercida en nombre de quien la mayor parte de las veces ignora hasta el acuerdo adoptado por sus dictadores. Con proceder tan absurdo, estas Sociedades han causado á los obreros españoles el mayor de los daños, retrayendo al capital de los negocios industriales, llegando en su demencia hasta paralizar la construcción urbana, provocando crisis tan agudas como la que atravesaron en Madrid los albañiles y similares en el pasado invierno, de tan probable repetición en el próximo. Sus Juntas directivas proceden como si fueran únicos depositarios de la voluntad y del destino de todos los trabajadores españoles, aconsejando á sus compañeros que ejerzan sobre los no afiliados coacciones, amenazas, no importa cuáles, para que les secunden, ¡como si la primera de las libertades no fuese la libertad del trabajo! Prescindiendo de si es financieramente posible en un momento dado y sin preparación disminuirlas horas de jornada, que aumentarían en el acto un diez ó más por ciento de los gastos de producción, no es posible admitir ni en teoría que el presidente de una Sociedad de resistencia, sin representar siquiera á la totalidad de los obreros de un oficio ó de un gremio, pretenda intervenir un negocio industrial, abrogándose el derecho de contratar, admitir y despedir al personal y de lanzar, si sus mandatos no son obedecidos, á la huelga á sus automáticos compañeros, á la huelga con el siniestro cortejo de miseria, de ataques á la vida y á los intereses sociales de todo género, tan sagrados y tan legítimos por lo menos como los suyos. En momentos como éste es preciso no dejarse arrastrar por la ola de amor y de cariño que á consolar al humilde, al triste y al desheredado de todas las fortunas, 1 nos conduce sin parar mientes en que el modo mejor y más inmediato de ayudarle y enaltecerle, como lo demandan los derechos de la dignidad humana, consisten acaso, no en halagar sus vanidosos errores, sino en advertirle del peligro de las iniciativas malsanas. Los periódicos madrileños recordarán cuál era la situación de la Prensa en la capital de España hace algunos meses, pues el caso es muy análogo, cuando una Sociedad de resistencia, titulada Asociación de impresores, abrogándosela representación de odos los tipógrafos, quiso imponerse á las empresas periodísticas. Seguramente no habrán olvidado los directores de importantes diarios que aquella junta directiva prohibió la publicación de periódicos el día 1. de Mayo, dando con ello nota excepcional en Europa, ni habrán olvidado tampoco la conferencia celebra- da en el Gobierno civil, ante el entonces gobernador, conde de San Luis, entre la citada Junta y los representantes de los periódicos, á quienes se les exigía que dejasen de publicar sus diarios en domingo, de no someterse á las exigencias de la Junta. También recordarán los denuestos y las amenazas, las injurias y los insultos de que fuimos objeto, en mítines y hojas sueltas, cuantos no quisimos someternos á tales exigencias. Sépalo el Instituto de Reformas Sociales, sépanlo cuantos en España trabajan como obreros ó como patronos, mientras las Sociedades de resistencia no modifiquen su criterio y sus procedimientos de amenaza, mientras se crean autorizados para coartar la libertad de contrato y consideren que es legítimo lanzar las masas obreras á la calle para exigir por la fuerza lo que el derecho les niega, apaleando al compañero que no quiere secundarlas, se retrasará indefinidamente el logro de toda mejora positiva. Soliciten esos obreros de Bilbao de los Poderes públicos la jornada legal sancionada no de nueve horas, sino de ocho; pidan la higienización y saneamiento de minas, fábricas y talleres; demanden la pensión vitalicia para el inválido y el impedido, la viudedad y el socorro á los huérfanos; la educación técnica de los aprendices... y A B C, el más modesta de los diarios españoles y con él toda la Prensa, estamos de ello seguros, y cuantos se interesan por el porvenir de España, se pondrán á su lado incondicionalmente, en vez de tener que reprobaí con toda energía el criterio y los procedimientos de los iniciadores de la lamentable huelga en Bilbao. SAL ILUSTRADA. LA HUELGA DE BILBAO o pueden ser más distintos y contradictorios los motivos que, según la prensa diarit, han originado las huelgas de Bilbao. Las más peregrinas teorías sirven para explicar lo acaecido. Desde la baja de los cambios, creadora de situación difícil para ciertas exportaciones, hasta d desarrollo de la política del Gabinete que preside el general López Domínguez en la cuestión mal llamada religiosa; desde la forma y el color de los uniformes palatinos usados por el presidente de la Diputación de Vizcaya, hasta los temperamentos de intransigencia de los patronos bilbaínos y su insaciable sed de oro y piedras preciosas, no queda ya hipótesis bizarra ni invención fantástica que no se haya puesto en juego. Por de contado, la mayor parte de los grandes órganos de información entiende que á los huelguistas les acompaña toda razón para pedir justicia, y quien más se aventura en la censura, es por haber atacado á la fuerza pública. De las cartas cruzadas entre la Federación de obreros mineros de Vizcaya y la Asociación de patronos, que á guisa de precedentes ineludibles para formar juicio publicábamos ayer, sueleprescindirse, olvidando que acaso en ellas vaya expresado el origen ó al menos las causas próximas de la huelga de Bilbao, y las de otras huelgas ocurridas en distintos puntos de la Península, que podrían condensarse en 2 a voluntad decidida de las Sociedades de resistencia de imponer su criterio y su organización á los patronos, sean éstos quienes fueren y llámense como se llamaren. ¿A qué fin buscar por extraviado sendero lo que resulta más fácil y más corto encontrar por el camino recto? f Nadie que haya estudiado con amore el problema obrero en España, puede ignorar la historia y las aspiraciones de tesas Sociedades, alentadasy dirigidas por alguno que, ávido de vivir y de medrar con el trabajo ajeno, ha ido sembrando odios y rencores entre el capital y el trabajo, halagando las malas pasiones, exacerbando los dolores y las tristezas de los humildes, como si para resolver en serio el problema social pudiera por nada ni por nadie olvidarse que es preciso llegar á una penetración, á un acuerdo perfecto entre el capital y el trabajo, sin cuya inteligencia todo equilibrio sería ilusorio y toda victoria del uno ó del otro momentánea é ineficaz... La causa inicia! el pretexto quizá, en tsta huelga, ha sido porque la Diputación provincial de Vizcaya se ha negado á recibir uno ó dos obreros que habían