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gnifkstivo los pensadores? El siglo de las transparencias, h época de las grandes revelaciones, tiempo en el cual puede notarse el absurdo prurito de enseñar Jo que debe ocultarse, quizá porque existe precisión de ocultar lo que debe estar á la vista de todos. Años felices ó desgraciados, según el gusto particular de cada uno, en los cuales las señoras y señoritas se complacen en aligerarse de preocupaciones, y exageran la nota, dando como espectáculo á los indiferentes, encantos que deben estar ocultos; coquetería mal entendida, falta de picardía, de la inofensiva picardía femenil, que no debe olvidar que el misterio es el acicate mayor del deseo. Vamos, que no está bien llevar ciertos escotes y ciertas transparencias. Una de las cosas que producen mayor extrañeza á la vista son los trajes que llevan algunos caballeros: blancos, rayados, de color de rosa... Nodebediscutirse lanueva moda, porque quizá nos aclimatemos s verla y nos resulte bien. Pero ahora, los primeros rosados galanes que contempla la vista producen un movimiento de asombro La fuerza de la costumbre! Creo que ha de pasar bastante tiempo primero que esas toilettef masculinas se popularicen. Cuesta trabajillo mirar, sin sonreírse, á los caballeros con sus barbas ó sus engomados bigotes, los lentes, el que los lleva... y un trajecito rosa, como el más inocente bebé. das del presente verano son preciosas, frescas, vaporo sas, etc. etc. Dejemos, pues, tranquilas esas modas. En cambio, para el invierno aseguro á usted que hemos de hacer una campaña lucidísima. Puedo adelantar á usted la noticia de que las panas formando cuadrítos en vez de rayas, han de ser uno de los tejidos más en favor: quizá el que más. Que los trajes de tal tela se adornarán con entredoses de encaje grueso y amarillo y con estrechas cenefas de piel, y que las hechuras... No pude oír más; á la sob evocación de la pana y las píeles, el caior me agobió; oleadas de sangre me invadieron el cerebro, produciendo allí enorme ruido, equivalente á ensordecedores martillazos, y me fui corriendo en busca de tules, muselinas y gasas, que refrescasen la vista y ahuyentaran las sofocantes ideas de las toilettes invernales. VIZCONDESA B. DE NEULLY LA BELLEZA Y LA HIGIENE BOCA Y DIENTES mientos, que si los dientes bellos no bastan para que un hombre sea hermoso, unos dientes defectuosos echarían á perder la belleza de te misma Venus de Milo Las más nobles y agradables funciones de la vida se ejecutan por En mi deseo de tener cosas nuemedio déla boca. Ella nos conserva vas que referir á las lectoras resla salud llevando al estómago los pecto á modas, pedí y obtuve hace alimentos que han de nutrirnos y los días una entrevista con una de las medicamentos que han de curarnos; más renombradas modistas, que se por ella eníra el aire á nuesprepara para la campaña déla tros pulmor. es que se ensanestación venidera. chan y cobran nueva fuerza; ¿Novedades? ella traduce nuestros pensa- ¡Novedades á estas altuTOILETTE DE TOT MJl IMPERIO, en paño de da negro mientos, da forma á nuestras ras de estación! ¿Quien pienLa parte inferior ostenta varios volantes en forma. ideas, expresa nuestros desa en eso? Lo que se hace es seos y necesidades y nos perCuerpo de seda negra á rayúas de negro mate y brillo, con tiranprepararlas para otoño é inmite comunicarnos con nuesvierno. Ahora ya no podría tes sujetos por bolones planos de leda. Cuello de encaje de Venecia, tros semejantes. Son, pues, alterarse nada dz! o que rige, amarillento. muchas las causas que recoy bien tontas seríamos si tramiendan sa escrupulosa limtásemos de ello, pues lab mo- Pero no discutamos ni censuremos las modas masculinas, porque en el capítulo éste tenemos las señoras que ser muy transigentes si queremos que lo sean con nuestros, caprichos, á veces poco discul pable T ócame hoy, amabilísimas y bellas lectoras, ocuparme de un asunto extraordinariamente esencial: del tratamiento higiénico de dientes y boca. Rara vez se encuentra una cara fea si tiene una linda boca. Nuestro inmortal Cervantes dijo que no puede haber mujer fea si tiene dientes irreprochables. El fisiólogo y psicólogo Pablo Mantegazza dice en su obra La fisonomía y la expresión de los senti-